En la normativa argentina, el diseño, la impresión y la distribución de las boletas se encuentran hoy en manos de los partidos. Pero para distribuir las boletas los partidos deben contar con un importante contingente de fiscales. Y no todos los partidos están en condiciones de que las boletas lleguen a todas las mesas.
Puede suceder que electores que quisieran votar por determinado partido no pudieran hacerlo. Tampoco podrían hacerlo si no hubiera quién pudiera reponerlas en caso de sustracción. Las normas vigentes terminan consagrando la distribución desigual del derecho a elegir y ser elegido. Con la adopción de la boleta única el Estado pasa a ser el responsable de su diseño, impresión y distribución. De este modo, todas las opciones estarán al alcance del elector. Los partidos, más allá de los recursos con los que cuenten, tendrán sus listas en todos los lugares de votación. La boleta única garantiza el igual derecho a elegir y ser elegido.
Además, limita la posibilidad de comportamientos perversos y contribuye al fortalecimiento de los liderazgos partidarios frente a la actividad electoral impredecible de hoy. La introducción de la boleta única podría llegar a estabilizar la política de partidos.
Es positivo que se haya abierto el debate de una reforma. La boleta única puede convertirse en un elemento para aumentar el consenso: su implementación moderaría los riesgos de cooptación de las internas por parte de estructuras partidarias. La oposición podría encontrar en la boleta única una prenda de negociación.
OpiniónHay que adoptar la boleta única
Fernando Straface y Ana María Mustapic
lanacion.com | Política | Jueves 29 de octubre de 2009

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