sábado, 19 de septiembre de 2009

Para 2050 se duplicará la demanda de alimentos y para abastecerla habrá que aumentar la productividad sin perjudicar el medio ambiente.

Norman Ernest Borlaug, conocido como "el padre de la revolución verde", murió el último sábado, a los 95 años. Sin embargo, su legado se mantiene vivo en el mundo y en particular en la Argentina, país que visitó durante diez años seguidos. Gracias a Borlaug se introdujo un nuevo paradigma en la producción agrícola, caracterizado por el trabajo constante en investigación para aumentar los rendimientos y estar, así, a la altura del desafío contemporáneo, acabar con el hambre mundial.

Este ingeniero forestal, nacido en Estados Unidos en 1914, y radicado en México, en 1944, llegó a ser premio Nobel de la Paz, en 1970. Su mérito no fue menor. Se considera que salvó más de 1000 millones de vidas gracias a que sus contribuciones aumentaron enormemente la productividad de alimentos y se consiguió evitar una hambruna mundial durante la segunda mitad del siglo XX.

A partir de sus investigaciones y especialmente por su incansable tarea de observación, Borlaug descubrió una variedad de trigo enano que se cultivaba en un jardín del Japón. Al ser una planta más petisa y de tallo más fuerte, no se volcaba como lo hacían los grandes trigos que se cultivaban por entonces. Al cruzar e incorporar el gen del enanismo (Norin 10), los trigos pudieron tolerar una mayor cantidad de fertilizante sin riesgo de volcarse y por lo tanto aumentaron sus rendimientos. Además, Bourlag ya trabajaba con trigos de resistencia multilínea a enfermedades y plagas.

A estos ensayos, Bourlag los sembró por primera vez en México, en 1962 y con ellos se inició la larga familia de trigos con germoplasma mexicano. Su labor no terminó allí. Se tomó la responsabilidad de convencer a las autoridades de la India y Paquistán, países azotados periódicamente por hambrunas, para que sembraran estas variedades de trigos conjuntamente con la aplicación de fertilizante. Gracias a este trabajo infatigable, esos dos países que no eran autosuficientes en la provisión de alimentos, duplicaron la producción de trigo entre 1965 y 1970, y pasaron a ser exportadores del cereal. La misma técnica aplicada al trigo se utilizó en el arroz y otros cultivos.

Durante la década del 70, y gracias al trabajo de Borlaug, la Argentina incorporó el germoplasma mexicano a sus variedades de trigo que produjo resultados espectaculares: la productividad aumentó entre un 20 y un 30%.

De alguna forma podría decirse que esto significó un hito en nuestro país que fue seguido por otros muchos hasta hoy. Por ejemplo: la fertilización. "Ocurrió que al mismo tiempo que se producía más grano, se estaba extrayendo más nitrógeno del suelo. La respuesta fue que había que aumentar el uso de fertilizantes", explicó Antonio Hall, profesor emérito de la facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (Fauba).

También se incrementó en los años setenta el uso de herbicidas, ya que por esa época se produjo una disminución en su precio. Aunque su utilización fue mayor durante la década del 80, cuando comenzó a utilizarse masivamente los nuevos herbicidas (pre y posemergencia) y aparecieron mejores herramientas de aplicación contra las malezas perennes, particularmente utilizados en el cultivo de la soja.

Y también para esta época, según Jorge González Montaner, consultor del movimiento CREA, "se le presta una mayor atención al manejo del suelo y su conservación". Progresivamente, se fue percibiendo su importancia.

En este contexto de preservación de suelo, aparece la "labranza mínima", que produce menor agresión al suelo. El punto culminante fue la siembra directa, cuya adopción comenzó muy paulatinamente durante la década del 80 (en el 77/8, fue la primera prueba en lotes comerciales). Su uso masivo recién se alcanzó a mediados de los años noventa, con la legalización de semillas transgénicas, con mayor resistencia a herbicidas y a enfermedades.
Revolución verde / Su huella en la ArgentinaBorlaug: un legado que se mantiene vigente

Norman Borlaug, premio Nobel de la Paz, salvó del flagelo del hambre a más de mil millones de personas por sus descubrimientos agronómicos

lanacion.com | Campo | S?do 19 de setiembre de 2009

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