Cuántas veces, en la escucha atenta y cercana que vamos haciendo desde la misión que llevamos adelante en Cáritas junto a los hermanos más pobres, constatamos que no tener oportunidades de trabajo desgarra la vida de las personas, de las familias y de la sociedad toda. Quienes no cuentan con un ingreso estable, conviven con la incertidumbre de manera permanente y están imposibilitados de encarar con serenidad la vida cotidiana y desarrollar sus propias potencialidades y capacidades, en orden a sentirse protagonistas, de su crecimiento personal y familiar, y aportar en la construcción de una sociedad que los reconozca como tal, los valore, los proteja y los contenga.
Reconociendo los esfuerzos realizados para paliar el escándalo de la pobreza y la exclusión, pero frente a una realidad que persiste y aumenta, cabe preguntarnos qué necesitamos para volver a proponernos como país, para encontrar soluciones que favorezcan la inclusión de todos.
Es indispensable acercarnos más a la realidad de quienes padecen la exclusión, sentir como propio el dolor y la impotencia del hermano que, por sus medios, difícilmente podrá revertir su situación. Acortar distancias y aprender a escucharnos nos permitirá superar prejuicios y desconfianzas mutuas que sólo sirven para dilatar y profundizar más la dolorosa realidad de los pobres.
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Fernando María Bargallo
lanacion.com | Política | Viernes 7 de agosto de 2009

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