sábado, 25 de julio de 2009

Las demoras del gobierno nacional en tomar decisiones para revertir la crisis del campo no hacen otra cosa que agravar los problemas.

La administración Kirchner ni siquiera se ve preocupada por emitir al menos un gesto de que está dispuesta a comenzar una etapa de diálogo con el sector. A veces los símbolos sirven. Tenía una excelente oportunidad de abrir un tiempo distinto con la Exposición Rural y no lo hizo. No sólo que no asistió al tradicional corte de cintas el secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, sino que ni siquiera hay stands oficiales en la muestra.

Tampoco las entidades que representan a los productores rurales fueron invitadas a la mesa de diálogo que promueve el Gobierno.

"Necesitamos que se restablezcan las condiciones para producir e invertir, no es mucho pedir", advirtió el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Luis Biolcati en la apertura de Palermo.

Si al gobierno nacional por alguna razón no le cae simpático Biolcati podría, al menos, escuchar a alguien insospechado, para su criterio, de estar inspirado por un ánimo "destituyente". Esta semana fue el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, que acompañó a Néstor Kirchner como candidato a diputado por el justicialismo en las elecciones del 28 de junio pasado, el que pidió una rebaja de las retenciones y el fin de las restricciones a las exportaciones de las carnes. Si bien Scioli nunca rompió el diálogo con las entidades del campo, era llamativo su silencio respecto de los problemas que atraviesa el sector. De la provincia de Buenos Aires sale el 60% del trigo que produce la Argentina y en su territorio está asentado cerca del 40% del stock bovino. Ahora, el gobernador bonaerense parece ubicarse en un espacio más cercano al que ocupan el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, y el de Córdoba, Juan Schiaretti, que no dudaron en defender la importancia de la agroindustria para la economía de sus provincias.

Si las voces de los mandatarios provinciales no fueran suficientes, en el gobierno nacional deberían pensar en el efecto positivo que podría tener para el interior del país la posibilidad concreta que tiene el campo para reactivar la economía. Aunque muchos de los funcionarios lo desconocen, es un sector que rápidamente responde con un aumento de la inversión a las señales positivas de dos de sus principales variables: los mercados y el clima.

El tiempo está haciendo su parte con las buenas lluvias caídas en los últimos días. Sólo la inusual nevada perjudicó a los campos ganaderos del Oeste y Sudoeste de la provincia de Buenos Aires y de La Pampa, entre otras provincias.

Los fundamentos de la demanda y la oferta mundial de granos siguen siendo firmes, con lo cual la campaña gruesa se podría encarar con un ánimo diferente al que imperaba meses atrás.

Aunque todavía no hay definiciones sobre la eventual rebaja de las retenciones hay quienes advierten sobre las oportunidades que se pueden aprovechar para ampliar la oferta de cultivos que tiene el país y no profundizar un esquema en el que sólo la soja es rentable.

La Asociación Argentina de Girasol (Asagir) solicitó esta semana una rebaja de 13 puntos porcentuales en los derechos de exportación que tributa el cultivo para revertir la caída del 48% en la producción de las dos últimas campañas. Según las estimaciones de la entidad, la medida tendría un impacto de apenas el 1,4% en la recaudación por retenciones. Esa eventual caída sería reemplazada por el pago de otros tributos (Ganancias, Ingresos Brutos, impuesto al cheque) que se generaría por la mayor actividad.

Ese concepto es el que no acepta discutir el Gobierno. Ocurre que las retenciones son un impuesto fácil de cobrar, pero es injusto desde el punto de vista tributario porque equipara al productor de menor escala con el de mayor escala. Si el Gobierno se propusiera seriamente reducir la evasión impositiva en el comercio de granos, no tendría que preocuparse por la eventual merma en los ingresos fiscales que traería la reducción de las retenciones.

Lo más llamativo es que la administración Kirchner sigue considerando al campo un bloque único y un enemigo político, en vez de entender que se trata del sector más dinámico de la economía nacional y que le podría aportar las divisas que necesita para llegar sin sobresaltos a 2011. Le queda una campaña agrícola para entenderlo y evitar caer en los errores que viene cometiendo desde hace varios años.
La semana del campoTiempos políticos alejados de los tiempos productivos

Por Cristian Mira

lanacion.com | Campo | S?do 25 de julio de 2009

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