miércoles, 15 de abril de 2009

La construcción de un nuevo camino requerirá de visión, audacia, decisión y, por sobre todas las cosas, tiempo.

El mundo asiste con sorpresa a un verdadero proceso de prueba y error en los países desarrollados. Con poca coordinación entre sí y muchos anuncios -mayormente, desarticulados- se han lanzado paquetes fiscales y financieros que se modificaron día tras día. Sólo en las últimas semanas, a partir de la reunión de líderes del G-20, ha comenzado a emerger una hoja de ruta que muestra mayor claridad para enfrentar la crisis global. Surge la prioridad de recrear el crédito local e internacional como una precondición para lograr que el estímulo fiscal motorice la demanda agregada. El Tesoro norteamericano comienza a transitar el camino correcto, al plantear un esquema basado en dos pilares: la recapitalización del sistema bancario mediante la compra de acciones preferidas por parte del Estado federal y la limpieza de los activos sin valor del balance de las entidades.

Sin embargo, aún están ausentes tres elementos esenciales que se deben incluir en un enfoque sustentable para salir de una crisis. Primero: es necesario reaccionar en forma contundente, más allá de lo esperado. Las medidas deben ser convincentes para "pasar por encima" de las expectativas del mercado y recrear la confianza: deben reflejar que las autoridades están dispuestas a poner todos los instrumentos necesarios para sortear las dificultades. Segundo: la sencillez. Los instrumentos utilizados deben ser simples para resultar efectivos. Una medida puede ser técnicamente impecable, pero si a los actores les cuesta interpretarla genera incertidumbre y pierde eficacia. Tercero: la capacidad de ejecución. Superar las complejidades asociadas a la puesta en práctica de cualquier medida permite no sólo observar rápidamente sus efectos, sino también ganar credibilidad.

Lamentablemente, no vimos aún ni sobrerreacción ni sencillez ni capacidad de ejecución en los países donde la crisis se originó. Estados Unidos parece más decidido a realizar una operación de pinzas, al utilizar su artillería en dos frentes simultáneos: el financiero y el fiscal, mientras que Europa se muestra más moderada y confía en sus estabilizadores automáticos. De todos modos, la tibieza de la política económica en el nivel mundial no es condición suficiente para detener la caída y mucho menos para avizorar una rápida recuperación.

Si bien es cierto que se ha detenido el pánico en los ahorristas y acreedores de las entidades financieras, debe enfrentarse la necesidad de repensar el sistema con un nuevo paradigma. En efecto: se ha hecho trizas el modelo de originar y distribuir créditos que marcó la evolución bancaria de las últimas décadas. Este modelo hacía innecesaria la evaluación de riesgo por parte de los bancos originarios de los préstamos, ya que inmediatamente éstos se "empaquetaban" y distribuían entre muchos inversores institucionales. Es preciso repensar la banca sobre criterios más simples para generar un sistema con más capital propio y menos endeudamiento. Es decir, con los pies sobre la tierra. Todo esto llevará tiempo, hasta sepultar el viejo sistema y permitir el surgimiento de uno nuevo. En buen romance: el año 2009 quedará sumergido en la crisis.

En la Argentina, para enfrentar el nuevo contexto ha sido fundamental la flexibilidad de nuestro esquema monetario de administración de riesgos, construido de forma paciente y persistente en los años de bonanza. Este enfoque tiene cuatro ejes: asegurar la plena convergencia entre oferta y demanda de dinero; la flotación administrada del tipo de cambio, que evita la excesiva volatilidad; las políticas anticíclicas, que incluyen el manejo prudencial de las reservas internacionales, y una adecuada regulación y supervisión financiera. Tenemos un sistema sólido que está en condiciones de amortiguar las turbulencias, en lugar de propagarlas como en el pasado, y contamos con un Banco Central con "espaldas" suficientes para enfrentar cualquier factor que ponga en riesgo la estabilidad monetaria o la estabilidad financiera.

En particular, una estrategia de construcción de colchones de liquidez hoy nos permite reaccionar categóricamente. Así, actuamos con decisión para procurar la normalización de la demanda de dinero y estabilizar el mercado cambiario. Además, a través de herramientas sencillas y flexibles, podemos asegurar la provisión de liquidez sistémica cada vez que sea necesario.

Todo esto no sólo nos prepara para una crisis prolongada y de magnitudes insospechadas, sino que también nos posiciona para el nuevo mundo poscrisis: un mundo menos apalancado y con crecimiento económico más moderado.

Más aún: la estabilidad financiera comienza a jugar un papel todavía más importante dentro de la pirámide de objetivos de las autoridades monetarias. Esto lo vemos en la acción de prácticamente todos los bancos centrales del mundo (tanto del arco emergente como del desarrollado), que hoy utilizan el conjunto de los instrumentos disponibles y procuran coordinar sus medidas para defender la estabilidad del sistema.

Dadas las características de esta crisis, que desencadenó una combinación de huidas hacia activos de bajo riesgo junto con un congelamiento del crédito y la actividad en el nivel internacional, los mecanismos de provisión de liquidez global para países en desarrollo deben ponerse a las alturas de las circunstancias. Se requieren acciones rápidas e innovadoras para generar fuentes adicionales de financiamiento en divisas a través de las instituciones financieras internacionales. La evaluación crediticia debe priorizar la verdadera capacidad de repago a través de criterios cuantitativos preestablecidos (como mantener una determinada relación de la deuda sobre el PBI o de superávit fiscal durante un período de tiempo).

Asimismo, la incorporación de la Argentina como miembro del Foro de Estabilidad Financiera en el marco de nuestro trabajo en el G-20 constituye un logro de magnitud. Esta institución será clave para definir las regulaciones, así como la supervisión financiera internacional del futuro. Aquí, a partir de nuestra experiencia regulatoria en el manejo de crisis bancarias, el Banco Central ya ha venido haciendo aportes significativos en áreas como la administración prudencial de la liquidez y la minimización de los descalces de moneda.
La Argentina, frente a la crisisBuscando un nuevo horizonte

Martín Redrado

lanacion.com | Opinión | Mi?oles 15 de abril de 2009

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