Aquella falsedad se fue ampliando y trasmitiendo como en un sistema de vasos comunicantes, por ejemplo, al índice de la Canasta Básica Alimentaria y a los índices de Pobreza e Indigencia, que miden el número de pobres e indigentes. Al respecto, y entre las varias refutaciones de la calidad de estos índices, la Universidad Católica Argentina acaba de consignar que el número de pobres existentes en el país es del 30 por ciento en lugar del 15 informado por el Indec.
En otro escenario, el mencionado IPC se traslada al rendimiento de bonos públicos, reduciéndolo, para constituir así una estafa a sus tenedores, tanto de aquí como del exterior, minando la confianza y credibilidad en todos los sentidos.
Siguiendo el itinerario de profundización de la desinformación estadística, la cartera de Agricultura acaba de saltear la publicación de la estimación de la producción de granos, sus siembras, el avance de las cosechas y sus correlatos, datos centrales para propios y extraños. Son devotos de su consulta mensual los industriales que procesan esas producciones, los exportadores e importadores, y gobiernos del mundo entero; también nuestros productores y los propios gobiernos nacional y provinciales, para sus propias decisiones. No menos relevantes resultan esos datos para quienes, aquí y en el mundo, estiman el desarrollo de los acontecimientos económicos.
Meses atrás, esta columna editorial denunció la suspensión de informaciones relativas a compras de granos para la exportación y para su elaboración en el país, así como otros datos sobre la molienda de cereales y oleaginosas, información toda que venía suministrándose desde 1980. En materia de carnes vacunas, se discontinuaron informaciones sobre la faena de ganado y se dejó de informar a qué empresas se habían otorgado las licencias de exportación de granos, carnes y lácteos.
Los motivos de semejantes falencias nunca se conocen, aunque siempre brotan de algún rincón de la administración voces anónimas que revelan que se trata de deliberados propósitos surgidos de lo más alto del poder y destinados a ocultar realidades ingratas para el oficialismo.
El caso del Indec, fundado en 1968 y respetado hasta no hace mucho por su seriedad aquí y en el mundo, aún no ha podido ser resuelto, no obstante la actuación de la Justicia.
En lo referido a los temas agrarios referidos a la cartera de Agricultura, la explicación de las razones de tan graves falencias y su indispensable solución deberá ser suministrada por su responsable, Carlos Cheppi. Mientras tanto, el creciente desconocimiento de la evolución de la economía perturba la toma de decisiones en cada vez más amplias esferas de la actividad minando la credibilidad necesaria no ya para sustentar el crecimiento que ya se desvanece, sino para afrontar los nuevos y grandes desafíos de la situación mundial. Adicionalmente, las aspiraciones oficiales de lograr flexibilidad en los programas de ayuda del Fondo Monetario Internacional se tornan, en un escenario plagado de falsedades, no mucho más que una mera ilusión.
Editorial IIMás ocultamientos estadísticos
A causa de la usual alteración de los datos en las cifras del Indec, hasta las mediciones más veraces pierden credibilidad
lanacion.com | Opinión | Lunes 13 de abril de 2009

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