Veamos algunos ejemplos. El discutido capítulo del programa de salvataje del presidente Barack Obama, denominado "compre estadounidense", ha sido mejorado en favor de las naciones signatarias del Acuerdo de Compras Gubernamentales de la Organización Mundial del Comercio (OMC), no así para aquellas naciones que no lo integran, como es el caso, lamentablemente, de nuestro país.
En los Estados Unidos se aplican, además, importantes subsidios para controlar la quiebra de la industria automotriz. También en Francia se anunció una batería de subsidios a su industria automotriz, que deberá afrontar la resistencia de la Comisión Europea en Bruselas y de la mayoría de las propias naciones comunitarias.
Brasil anunció la aplicación de licencias de importación, que afortunadamente recibió la desautorización del presidente Lula da Silva, que suma, así, un mérito más a su mandato. Nuestro país viene aplicando sucesivamente licencias de importación automáticas y no automáticas, y valores llamados "criterio" a sus importaciones, los cuales parecen compatibles con la OMC, aunque su aplicación, conforme al proteccionismo que caracteriza la política económica nacional, transforma la tramitación de las importaciones afectadas, en una desalentadora carrera de obstáculos. Entonces, sí, judiciables ante la OMC. A esto se refieren las quejas brasileñas, que están dando lugar a reuniones en las que se busca una difícil solución. Algunas otras naciones anunciaron medidas de protección, que se procura frenar. En este propósito, se inscribe una segunda reunión del G-20 que se realizará en Londres a principios de abril, constituido por un grupo de presidentes de 20 naciones, con participación argentina, en la que se reiterará al mundo el anterior llamado a evitar decisiones proteccionistas, no siempre atendidas por los mismos proponentes, a juzgar por lo indicado anteriormente.
La comparación de la actual crisis con la llamada Gran Depresión iniciada con el crack bursátil de Wall Street de 1929, merece algunas reflexiones. Ocurrió precisamente entonces una ola proteccionista generalizada, que en los Estados Unidos dio lugar a un gran aumento de los aranceles de importación por medio de la ley Smooth-Hawley, abonada con similares actitudes por parte las naciones europeas. A ello se sumaron devaluaciones competitivas, y otra grave y errónea decisión, consistente en restringir los flujos monetarios.
Hoy existen conocimientos más precisos sobre el manejo de las crisis. Por un lado, lejos de restringirse los medios de pago, se los expande sistemáticamente, buscando la estabilización de los mercados. Por otro lado, se conoce más sobre la conveniencia de controlar el proteccionismo. Claro que una cosa es participar de esa convicción y otra, disponer del poder político para resistir a las presiones sociales, de fuerza a veces inusitada.
Lo descripto precedentemente muestra, por un lado, los intentos proteccionistas y, por otro, una sana resistencia a su generalización. Las instituciones internacionales hoy existentes, entre ellas los acuerdos de la OMC, el FMI y el Banco Mundial, con sus méritos y falencias, constituyen un aporte a la contención de las aventuras aislacionistas. Resulta de difícil articulación, en cambio, la resistencia de los perdedores del proteccionismo, tanto de los consumidores como de organizaciones empresariales, cuyos integrantes suelen tener intereses contrapuestos.
Editorial IEl proteccionismo al acecho
La generalización de las actitudes proteccionistas frente a la crisis podría terminar expandiéndola aún más
lanacion.com | Opinión | Lunes 2 de marzo de 2009

No hay comentarios:
Publicar un comentario