No hay una clara política de fomento de exportaciones, y la yuxtaposición de las oficinas públicas que dicen promoverlas sólo agravan la situación.
El Gobierno tampoco parece querer promover las exportaciones cuando las cierra, limita y desalienta, convencido de que el todopoderoso mercado interno, con 40 millones de consumidores, es motor suficiente de crecimiento.
Aun así, pretende que los embajadores "ganen mercados": les pide que salgan a actuar sin darles antes un guión. Y lo que el mundo percibe es mejores o peores improvisaciones. Les pide resultados sin haberles dado antes las instrucciones de cómo lograrlos.
Este gobierno, que se caracteriza por un desapego a la diplomacia que manifiesta en las formas más pueriles, puede tal vez echar mano a su secretario de Comercio Interior para desempeñar su rol en Comercio Exterior, ya que demostró ser un efectivo ejecutor de los deseos oficiales fronteras adentro.
No le faltan al país recursos naturales, tecnológicos, creativos o humanos para competir en el mundo. La Argentina se luce tanto por sus reactores nucleares como por "los mejores yuyos del mundo".
Pero no será un competidor serio mientras la exportación sea el espacio que deja el Gobierno luego de colmar "la mesa de los argentinos". ¿Para qué entonces conjurar a los embajadores para que ganen mercados si todavía hay argentinos que no tienen satisfecha su dieta en carnes, cereales y lácteos?
Puerto francoLas exportaciones, frente a la conjura de los necios
Por Emiliano Galli
lanacion.com | Comercio exterior | Martes 17 de marzo de 2009

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