jueves, 19 de marzo de 2009

La situación de nuestro país está ciertamente lejos de ser el ideal de la democracia.

Los empujones del Poder Ejecutivo Nacional a los legisladores oficialistas para que éstos aprueben con una incomprensible urgencia ese traje a medida de las necesidades electorales del kirchnerismo que es el proyecto de adelantamiento de las elecciones nacionales son una muestra más de la escasa importancia que para el gobierno nacional tiene el mantenimiento de los equilibrios y contrapesos propios de la democracia.

Al igual que el avance del sector gobernante sobre el Consejo de la Magistratura y sobre órganos de control como la Auditoría General de la Nación, o que la destrucción del Indec, es otra demostración de que el poder se concentra fuertemente en manos de unos pocos que lo utilizan descaradamente para satisfacer mezquinas ambiciones.

De cara a las elecciones legislativas que se aproximan no es imposible pensar que el kirchnerismo pueda dejar de tener la hegemonía que hoy ejerce sobre el Poder Legislativo. La situación de nuestro país está ciertamente lejos de ser el ideal de la democracia, que supone distribuir adecuada e integradamente las facultades de gobierno entre los tres poderes del Estado, de manera que éstos se equilibren entre sí.

Haber extraviado esos equilibrios y contrapesos ha significado, por ejemplo, dejar al Poder Ejecutivo con las manos libres para que elimine sistemáticamente todo vestigio de independencia e imparcialidad en aquellos organismos que tienen como misión esencial nada menos que ejercer el control sobre su gestión, garantizando la transparencia y asegurando que quienes ejercen el poder asuman las responsabilidades que les corresponden.

También ha permitido que se mantenga en el tiempo una tan inédita como vergonzosa delegación amplísima de facultades legislativas, de modo de conferir al Poder Ejecutivo los llamados "superpoderes", basados en la existencia de una presunta "situación de emergencia" que lleva ya nada menos que ocho años, de la que supuestamente, pese al éxito declamado del "modelo", no hemos podido todavía salir.

Ha permitido asimismo que el Poder Ejecutivo destruya el federalismo, asignando buena parte de los fondos de la recaudación a su solo antojo a las autoridades provinciales y municipales, de manera de premiar sus "lealtades" y castigar la disidencia.

Todo esto naturalmente ha prostituido a buena parte de la política argentina como pocas veces en nuestra historia, provocando toda suerte de deslealtades, "borocotazos" y otros fenómenos similares que son manifestación de una horrorosa actitud de obsecuente condescendencia que parece haberse apoderado del oficialismo y ofrece un triste espectáculo.

Por todo esto, volver a los equilibrios y contrapesos sería, cuando menos, comenzar a regresar a una normalidad republicana que el oficialismo ha lastimado y distorsionado en extremo.
Editorial IUn sistema sin contrapesos

La presión al Congreso para aprobar con urgencia el adelantamiento electoral es otra muestra de la concentración del poder

lanacion.com | Opinión | Jueves 19 de marzo de 2009

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