domingo, 15 de marzo de 2009

Hasta que se gasten toda la plata robada a las AFJP la economía va a aguantar; después se viene el derrumbe.

En el cuarto trimestre de 2008 la economía argentina ingresó en una etapa recesiva. Según cálculos propios, el PBI mostró una importante contracción con respecto al tercer trimestre en términos desestacionalizados (2,2/2,4%) y una fuerte desaceleración en términos interanuales (pasó de crecer al 7,9% a/a en el primer semestre y 6.0% en el IIIT08 a expandirse en torno a 2,2% en el IVT08). Para el primer trimestre de 2009 se espera una nueva caída del PBI (de entre 0,1 y 0,6% con respecto al trimestre previo). En este contexto, la gran pregunta que surge es qué puede hacer el Gobierno para morigerar la caída de la demanda agregada y del nivel de actividad. En nuestra opinión, muy poco. A diferencia de otros países, la Argentina tiene acotados márgenes de maniobra para aplicar políticas expansivas de estímulo al gasto agregado.

En materia monetaria, todos los países del mundo en el actual contexto recesivo están aumentando la oferta de dinero y bajando agresivamente las tasas de interés para abaratar el financiamiento y alentar los gastos en consumo e inversión. El mundo desarrollado inunda de liquidez al sistema financiero y converge a tasas de interés cercanas a cero. Mientras que en el mundo emergente también se adoptan políticas monetarias muy expansivas: por ejemplo, el Banco Central de Chile redujo su tasa de referencia nada menos que 600 bps en los últimos tres meses. En la Argentina, en cambio, el BCRA no puede acelerar la emisión de dinero y tampoco puede bajar la tasa de interés. ¿Por qué no puede hacerlo? Porque, como el Central mantuvo el tipo de cambio nominal relativamente constante por varios años, hoy hay atraso cambiario y fuerte expectativa de depreciación del peso, con lo cual si el ente rector decidiera emitir más pesos, terminaría gatillando una mayor dolarización de portafolios en un contexto de debilidad de la demanda de dinero. Por otra parte, como el BCRA mantuvo la tasa de interés baja pero por encima de la tasa de devaluación esperada por un prolongado período, hubo en el país un fortísimo incremento de la demanda de dinero.

Pero hoy esta situación se ha revertido: la gente no quiere más pesos porque espera que la moneda local se desvalorice y porque no confía en la política económica del Gobierno. En este contexto, una disminución de la tasa de interés para apuntalar el gasto agregado haría aún menos atractiva la tenencia de pesos y agudizaría la ya elevada salida de capitales (recuérdese que en 2008 la fuga de capitales alcanzó US$ 23.098 millones -o sea 7,1% del PBI-, con un mes de octubre récord en el que se fugaron US$ 4355 millones). Por último, el crédito al sector privado se está desacelerando significativamente (pasó de crecer a razón de $ 3000 millones por mes en los primeros diez meses de 2008, a sólo $ 350 millones mensuales desde noviembre), lo que deprime aún más el nivel de actividad.

En materia cambiaria, muchos países emergentes han permitido fuertes depreciaciones de sus monedas. Por ejemplo, el real brasileño y el peso mexicano se desvalorizaron 48% frente al dólar desde julio pasado, mientras que el peso argentino se depreció bastante menos: 20,3 por ciento. El problema es que el BCRA no puede ir por una depreciación m´zas fuerte del peso y más rápida que ayudaría a apuntalar la competitividad cambiaria en un contexto de fuerte caída del comercio global, porque corre el riesgo de incrementar aún más la fuga de capitales. En resumen, no se puede hacer una política monetaria/cambiaria expansiva estimulante de la demanda agregada porque la desconfianza en la política K ha debilitado la demanda de pesos y, por lo tanto, una baja en la tasa de interés o una depreciación real del peso puede llevar a una caída libre de la demanda de moneda local y a una aceleración de la dolarización de portafolios, ambos con efectos claramente recesivos.

En materia fiscal, hoy todos los países se han inclinado por lanzar ambiciosos paquetes de estímulo para apuntalar el nivel de actividad, financiándolos con mayor endeudamiento público (como Estados Unidos) o con la utilización de los ahorros de ejercicios previos acumulados en fondos "anticíclicos" (como China, Chile o Perú). Pero la Argentina tiene también en este frente márgenes muy acotados. No cuenta con fondos anticíclicos. Tiene los mercados de crédito cerrados. Se le está desplomando la recaudación y el superávit primario. El "rojo" en las cuentas fiscales de las provincias le pone gran presión a la Nación. Y si bien el "botín" obtenido a través de la estatización de las AFJP ayuda, no se puede aplicar una política fiscal muy expansiva porque hay abultados vencimientos de deuda que atender. El hecho de que el Gobierno haya decidido adelantar las elecciones a junio es el mejor indicio de que el kirchnerismo no cuenta con "caja" para seguir expandiendo el gasto por mucho tiempo.

Transcurrido el primer bimestre del año, la recaudación y el superávit primario nacional muestran un marcado deterioro. En enero y febrero la recaudación creció sólo 13,4% interanual vs. 38% en 2008. Lo que realmente está salvando la recaudación en lo que va del año son los ingresos de la seguridad social: nótese que sin incluir estos impuestos el resto de la recaudación apenas subió 1,3% interanual en el primer bimestre.

Deterioro fiscal preocupante
Además, pese a la desaceleración del gasto, lo cierto es que el crecimiento del gasto primario (26% a/a) duplicó el de los ingresos, con lo cual el superávit primario terminó cayendo nada menos que 40% interanual en los primeros dos meses del año. El cambio de escenario a nivel nacional coincide con un deterioro fiscal preocupante a nivel provincial: en efecto, el conjunto de las jurisdicciones, que mostró un superávit primario de unos $ 800 millones en 2008, registraría un déficit de nada menos que $ 15.000 millones en 2009, cuya única fuente de financiamiento sería el gobierno nacional.

Si bien en los últimos seis meses el nivel de actividad en la Argentina se ha deteriorado menos que en otros países, lo cierto es que la falta de previsión de las autoridades ha dejado al país prácticamente sin instrumentos para estimular la demanda agregada. Podría decirse que la Argentina se asemeja a un enfermo que hoy necesita ser operado, pero no cuenta con quirófano ni bisturí y, además, hay dudas sobre el cirujano.
OpiniónPara seguir a Keynes se necesita resto

Miguel Angel y Adrea Broda

lanacion.com | Economía | Domingo 15 de marzo de 2009

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