Desde los tiempos bíblicos, el recaudador de impuestos ha sido una figura temida y odiada y estos sentimientos no han sido casuales. La perfección y el detalle de las normas impositivas nunca son suficientes para impedir situaciones especiales e interpretaciones diversas. El recaudador se enfrenta diariamente a contribuyentes imposibilitados de pagar y a otros que lo intentan, pero que no lo hacen dentro de la letra estricta de normativas profusas y engorrosas. Además, casi todos los ciudadanos expuestos frente al fisco piensan que pagan impuestos excesivos en relación con las prestaciones insuficientes que reciben del Estado. En la Argentina, este sentimiento se potencia porque efectivamente el Estado es ineficiente y porque, además, hay una corrupción significativa en el sector público.
Habiendo evasores intencionales, la propensión de un recaudador, aun eficaz y honesto, es poner en esa misma categoría a todos aquellos que no muestran un cumplimiento perfecto. El maltrato a estos últimos es inevitable si no se dispone de una organización eficiente y cuidadosa. El recaudador debe administrar decisiones que favorecen o perjudican. De acuerdo con la visión popular ocurre más bien esta última de las alternativas, por eso no debe extrañar que, como en los tiempos bíblicos, la actitud de la gente frente a un organismo como la AFIP sea, como mínimo, de descontento y de temor.
Si se le pregunta a cualquier empresario importante de la Argentina acerca de su disposición a criticar al Gobierno, responderá casi sin dudas que no puede exponer a su empresa a una acción arbitraria y persecutoria de la AFIP. Se suelen relatar dolorosas experiencias históricas en este sentido.
En el marco de una muy compleja normativa impositiva siempre habrá un inciso del que un inspector pueda tomarse para encontrar un anterior incumplimiento que, sujeto a punitorios y ajustes, ponga a la empresa o al contribuyente cerca de la ruina.
La AFIP es pasible de ser utilizada como un arma eficaz y peligrosísima para alinear y someter voluntades o para castigar a quienes el poder le indique.
Editorial ILa AFIP, en manos inadecuadas
La designación de Ricardo Echegaray refleja un modo de acción del Gobierno que no ayuda a mejorar la calidad institucional
lanacion.com | Opinión | Domingo 4 de enero de 2009

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