Por GASTON O’DONNELL
La Argentina tiene problemas económicos que son claramente identificados por nuestra comunidad empresaria. El primer problema es la inflación. La Asociación Dirigentes de Empresa hace un monitoreo regular de los precios. El promedio no ponderado de la llamada canasta food nos arroja un aumento desde noviembre de 2007 hasta este momento superior al 26%.
Esto arroja una proyección de inflación superior al 30% anual para el presente año. Esto refleja en sí mismo un problema que merece atención. Si se buscan las causas de la inflación y sin enrolarse en ninguna escuela económica en particular, no puede desconocerse que la expansión monetaria, el crecimiento del gasto público y no tener una política que estimule las inversiones es lo que produce la inflación.
Es que al haber más cantidad de moneda circulando y un gasto público que crece, lo cual la hace circular a mayor velocidad, hacen que la moneda pierda valor frente a los bienes. Es decir, los bienes valen más y la moneda vale menos. Por otra parte, si no se equilibra la demanda de bienes, produciéndose más productos y servicios, estos tienden a subir su valor en virtud, precisamente, de la escasez. Y encarar un programa de inversiones exige conductas muy serias de parte de los gobiernos.
En la ADE, también elaboramos un índice periódico que mide la confianza empresaria. En el segundo trimestre de este año, arrojo el guarismo más bajo desde que se efectúa la medición (2006). El índice de confianza de los empresarios es del 28,4%. Significa una situación inestable, con riesgo empresario importante.
Las normas laborales son hoy un ejemplo de imposibilidad de previsionar los costos de cualquier emprendimiento. El manejo discrecional de la política tributaria, es otro. Hoy las empresas están clamando por mayor seguridad jurídica. El otro punto, también de singular importancia, lo constituye las oportunidades que nos ofrece el mundo para colocar los productos que la Argentina produce de un modo muy competitivo.
El ya conocido acceso al consumo que experimentaron países como la China e India y nuestra alta capacidad de producir alimentos para esos mercados debe verse como una gran oportunidad. La Argentina puede aprovechar este nuevo escenario mundial, tal como lo están haciendo otros países, entre ellos Brasil y Uruguay. Se da la paradoja de que por primera vez en mucho tiempo, el interior del país es el que tira del carro arrastrando a la burocracia nacional. La Argentina hoy crece a pesar de su dirigencia política.
Sin embargo, ninguno de estos puntos parecen estar a consideración de nuestro Gobierno. Las visiones que emanan de él sobre la realidad, son por lo menos antiguas. No se discuten los dilemas de nuestro tiempo, si no que se pretende hacer pasar la realidad por el prisma de la visión que se tenía en plena guerra fría. Cambió la realidad, cambió la dinámica de los acontecimientos. En fin, el escenario es definitivamente otro. Es tiempo de entenderlo y aprovechar las oportunidades que el mundo nos brinda abordando la agenda económica del futuro.
Fortuna
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