El desembolso cash de los US$ 6700 millones fue decidido entonces más por necesidad que por virtud. Es la manera más directa de demostrar que la Argentina tiene voluntad de pago. Pero no la más conveniente dentro del actual escenario político y económico-financiero, que se ve más complicado ahora que cuando Néstor Kirchner optó en 2005 por un pago similar (pero de casi US$ 10.000 millones) para cancelar la deuda con el Fondo Monetario Internacional y sacarse de encima la marca a presión del organismo.
Aunque en aquel momento se sacrificó un 33% de las reservas del BCRA y ahora un 14% del total, este pago al contado de obligaciones que podrían reestructurarse a largo plazo sin debilitar el respaldo en divisas de los pesos en circulación es el precio que paga el Gobierno por cerrar puertas que debía abrir.
Para el kirchnerismo, cualquier contacto con el FMI quedó fuera de toda consideración, lo mismo que una salida desventajosa para los hold outs (los bonistas que no entraron en el canje), cuyas tenencias desaparecieron de las estadísticas de deuda pública. De ahí que Hugo Chávez se haya convertido en el único prestamista, aun a tasas exorbitantes, por no decir intermediario de la compraventa de bonos argentinos.
Si bien la medida anunciada ayer permite reducir el riesgo país, aliviar parte de las exigentes necesidades financieras para 2009 y reabrir créditos puntuales para inversiones públicas y privadas en la Argentina difícilmente contribuya a restablecer a pleno la confianza de la comunidad financiera internacional en el Gobierno. Esta última presunción se basa en la falta de vocación kirchnerista por corregir errores que generan enormes distorsiones en la política económica.
El principal es la persistencia de una inflación de dos dígitos anuales, sin estadísticas presentables para medirla ni un plan articulado para reducirla gradualmente. En estas condiciones, cualquier monitoreo del FMI, inclusive en su versión más light , hubiera resultado impensable. Pero aun sin esa instancia, financiar inversiones en la Argentina con costos inciertos que suben permanentemente se torna complicado; tanto como calcular cuál será la evolución del tipo de cambio real o establecer una unidad de cuenta a largo plazo.
No es lo mismo, entonces, cancelar la deuda con el Club de París como medida aislada, como parte de un programa de mayores alcances para bajar la inflación, recomponer precios relativos, estimular la inversión interna y sostener el crecimiento.
Otro concepto que puede confundir es el de "desendeudamiento". Si bien el Estado argentino baja la deuda con los gobiernos de países industrializados, aumenta la del Tesoro con el BCRA. Esto ocurre en mal momento, después de que el gasto público acumula un alza de 70% desde principios de 2007, los ingresos fiscales y de divisas dependen mucho más que antes de los precios internacionales de las commodities y es el BCRA el que transfiere utilidades al Tesoro, en lugar de recibir parte del superávit para comprar dólares y elevar el tipo de cambio real sin riesgos inflacionarios.
El escenarioNecesidad y no virtud
Por Néstor O. Scibona
lanacion.com | Política | Mi?oles 3 de setiembre de 2008

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