Competitividad. Por su letra inicial, este término aparece dentro de las primeras páginas de cualquier diccionario. Pero el empresario pyme no necesita recurrir al mismo para memorizar su significado. El incesante aumento en los costos de los insumos en la producción de bienes, el enfriamiento del consumo y un tipo de cambio real que se aproxima cada vez más a períodos de convertibilidad (una vez descontada la inflación), con significativa presencia de productos importados, convirtieron a aquella palabra en una de las más mencionadas por los ejecutivos en cualquier charla de café. Y la mueca que acompaña su mención no es la mejor, ya que la mayoría de los sectores industriales la observó caer en los últimos meses, en mayor medida (por las variables mencionadas anteriormente) los vinculados a los rubros textil, calzado, marroquinería y juguetes.
A pesar de que el empresario transmite mayor entrenamiento y menos quejas ante la situación, a diario realiza malabares para sobrevivir, repasando la extensa lección y fuerte golpe que recibió durante los ‘90, década que lo mantuvo en terapia intensiva (con muchas defunciones), entre otros factores por la avalancha del made in China. Sin embargo, el aumento de precios a nivel local, sumado al crecimiento de 46% en los despachos totales llegados desde el exterior durante los primeros cincos meses de este año frente a 2007 (según cifras del Indec), siguen golpeando con fuerza a diversos sectores productivos.
Las exportaciones recibieron el mayor mazazo. Como ejemplo, pueden citarse los ejemplos del calzado y textiles, donde los ejecutivos de estos rubros comentan que, en los últimos 12 meses, sus precios en dólares escalaron un 25% aproximadamente, casi equiparando al valor con el que exporta Brasil, país que se caracteriza por la fortaleza de su moneda. Los empresarios del calzado sufren en mayor medida la problemática, y han perdido mercados históricamente compradores, como Chile, Australia y Puerto Rico. Por su parte, las importaciones textiles crecieron más de 65% en el último año, superando los u$s 250 millones. Aunque en este caso, la pérdida de competitividad es menor (nadie se anima a arriesgar un número, pero se ubica en los dos dígitos) ya que el aumento del consumo por el diseño local, cada vez más parecido al europeo, aminoró la caída.
Un diagnóstico que forzó cambios
¿Cómo se detecta el entrenamiento del pyme en momentos de turbulencia económica, como la actual? Se observa que el lamento es acompañado por la acción. El directivo tiene demasiado claro que competir por precio dejó de ser negocio. Entonces, busca sostener lo que puede de competitividad con decisiones que apuntan a una mayor profesionalización en la gestión, capacitación, analizando de manera más detallada la estructura de costos para eficientizar los mismos, sin descuidar inversiones, sumando personal con mayores conocimientos (hasta exigiendo título), tercerizando servicios de transporte, creando y reforzando departamentos especializados en diseño e innovación y agregando exposiciones donde poder mostrar la calidad y diversidad de lo nacional, buscando que el cliente focalice su atención en lo autóctono, por citar un detalle no menor. Y este momento de incertidumbre hasta alienta un mayor acercamiento del empresario al siempre discutido y demonizado sistema bancario, por ejemplo para la prefinanciación de exportaciones o inversión en bienes de capital. Aunque de todas las herramientas para sortear la crisis, sigue siendo la menos buscada.
Ignacio Bruera, economista de la Fundación Observatorio Pyme, adelanta ciertas tendencias detectadas, que la entidad comunicará en los próximos días, en base a encuestas que realizan trimestralmente a empresas de todos el país. “Advertimos en los últimos meses que la empresa tiene más actitud a profesionalizar sus líneas gerenciales y mandos medios, capacita en mayor medida a su personal, cambian de distribuidor o suman otros para potenciar las vías de comercialización. También se observa mayor búsqueda de profesionales universitarios, sector donde la pyme nunca buscó, para puestos de ingenieros de planta o administración”, indica Bruera.
Cuando se lo difunda, el estudio de la Fundación indicará que, respecto a 2005, se duplicó la cantidad de empresas que invierten en capacitación. Otro indicador que acompaña este proceso de mayor profesionalización radica en que el 75% de pymes contrataron servicios de logística este año, cuando en 2007 el número no superaba el 25%.
El relevamiento también subrayará que, durante el año pasado, el 75% de la inversión se ejecutaba con recursos propios. Y en el transcurso de 2008, la modalidad descendió al 60%, situación que el economista vincula al lento aumento de solicitudes de cuenta corriente. “A pesar de la coyuntura, las empresas necesitan cada vez más de los bancos, y no sólo por los créditos, sino para poder a acceder mayores servicios en general”, destaca el economista, agregando otra modificación en la actitud del empresario: salir con más fuerza a la búsqueda del cliente, integrándose con otras empresas para diversificar la oferta y sumar bocas de comercialización. “La tendencia es que el cambio real cada vez más bajo empuja a que los mercados externos sean sólo mantenidos como se puede, transformándose el local en prioritario para el pyme”, concluye Bruera.
Roberto Maceri, vicepresidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), destaca que todos los sectores comenzaron a mirar con lupa las orientación de sus inversiones, orientándolas a los departamentos más rentables. Además, agrega el alto directivo, los empresarios analizan más que nunca su nivel de gastos, incorporando una estructura contable más organizada.
Maximizar volumen y reordenar costos
Pedro Bergaglio, presidente de Pro Tejer, enfatiza que el sector textil no empezó a perder competitividad en 2008. Sus rentabilidad ya viene bastante limada en los últimos dos o tres años. “Por ello hemos maximizado el volumen manteniendo una rentabilidad global decorosa, forzando producción, porque si el volumen se resiente, se cae en un rojo difícil de salir”, apunta el empresario.
¿Pero cómo alentar a las máquinas en este contexto? Según Bergaglio, la primera decisión que adoptó el sector radica en trabajar sobre la estructura de costos; análisis que se suele abandonar en momentos de bonanza. “Se observa la aplicación de un criterio profesional, solicitando los servicios de un profesional para eficientizar ciertas erogaciones de logística, como para recibir el consejo respecto a bienes de capital que pueden llegar a producir más consumiendo menos energía”, puntualiza el directivo.
El siguiente paso de diferenciación lo capitaliza el diseño. Aquí la inversión en tecnología resulta fundamental, ya que el textil no deja de ser un sector de capital intensivo. Bergaglio asegura que en los últimos cuatro años, las inversiones totales en el rubro totalizaron los u$s 5.000 millones, proyectando una erogación de u$s 2.000 millones más en los próximos 24 meses. “El sector no debe reaccionar con el bolsillo de los últimos 90 días. La decisión de la inversión debe mantenerse”, aconseja Bergaglio.
El restante factor determinante para mantener competitividad lo vienen aportando la cantidad de marcas que internacionalizaron diseños con alto valor agregado, creando un reconocimiento y distinción que trasciende lo latinoamericano, de la mano de productos de estirpe autóctona, como los hilados de camélidos.
Alberto Sellaro, titular de la Cámara de la Industria del Calzado, destaca que el sector reforzará el marketing, por ejemplo, sumando Exposiciones (el último martes se realizó una de gran tamaño en Costa Salguero) con la intención de ofrecerle al comerciante una amplitud de posibilidades con nuevos diseños. “Nos queda ese camino, ya que las importaciones de China crecieron 40% en el primer semestre del año respecto a igual período de 2007”, enfatiza Sellaro.
De todas formas, el excesivo ingreso asiático dejó sus secuelas en el sector, como la caída de mano de obra especializada que se volcó a otras tareas y reorientación de inversiones, que se inclinaron con fuerza a la producción que demuestra mayor sustentabilidad. Los números en rojo podrían ser mayores si estas acciones, a la que se le puede adosar la masiva reducción en publicidad, viajes a Ferias y el aliento de nuevas líneas con la misma cantidad de empleados, buscando más horas hombre de trabajo. De esta manera, los costos en el sector del calzado y textil lograron reducirse hasta un 15%.
De familiares con pasión a gerentes con expertise
Para sobrevivir y hasta competir con lo importado, el sector del juguete debió cambiar el taller por la fábrica. “Se aprendió de la lección de los ‘90 y se está enfrentando la difícil coyuntura sumando personal de mayor capacidad y hasta exigiendo título”, indica Norberto García, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete. El empresario destaca otro volantazo que se vió obligado a pegar el sector: en busca de profesionalización, se cambiaron los directorios de muchas compañías, que pasaron de ser lideradas por familiares a gerentes expertos en logística, marketing, comercialización, mejorando de esta manera los estándares de producción. “Con fuertes inversiones en matricería y packaging, ítems que te hacen perder o ganar un negocio, la demanda local creció 25% en el último año. Y no sólo se innovó en sacar productos nuevos. Se reeditó por ejemplo el Rasti, con una fuerte difusión en los medios donde se mostró un nombre antiguo con una matricería remozada”, agrega García.
Entre otras estrategias, el sector potenció la comunicación de la seguridad del juguete, que ayudó a concientizar al consumidor respecto al juguete que debía comprar según la edad del niño, situación que ayudó a impulsar la industria nacional, que representa actualmente el 45% de la demanda total, frente al pobre 10% que reunía en el final de la convertibilidad.
A pesar de ello, las importaciones siguen dominando el mercado. Según datos de la Cámara, alcanzaron los u$s 90 millones en 2007, contra los u$s 79 millones de 2006. Sólo por ciertas trabas que implementó el Gobierno a principios de año (como determinados cupos para los despachos asiáticos) en los últimos meses, el crecimiento de los bienes que ingresan de China verificaron una desaceleración, pero su ingreso sigue creciendo a un ritmo de 8% mensual.
Aquí el aluvión importador no alcanzó un efecto tan nocivo, ya que el consumo local creció un 18% en el último año, duplicando la tasa de expansión de la economía. “Los precios de exportación aumentaron 10% en promedio, pero la demanda no se resintió, ya que el juguete apunta a nichos, como ciudades de Estados Unidos donde viven muchos argentinos, que siguen demandando”, concluye el representante de la Cámara sectorial.
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