En el año, hasta abril, el Gobierno gastó miles de millones de pesos comprando dólares para mantener el tipo de cambio cerca de tres pesos por cada peso, un nivel más bajo que el que hubiera sugerido la realidad económica. Según varios cálculos, en los primeros meses de 2007, el tipo de cambio con un peso flotando libremente en los mercados internacionales hubiera sido alrededor de 2,30 o 2,40 por cada unidad de moneda estadounidense.
Había una razón sencilla: con un dólar, se podía comprar mucho más en la Argentina que en otros países vecinos, como Chile, Uruguay o Brasil. En muchos casos, los precios argentinos no correspondían a los precios mundiales. Como la Argentina era y sigue siendo una economía básicamente abierta, eso tenía que cambiar. Si el tipo de cambio no podía subir para equilibrar los precios locales con los precios mundiales, los precios locales sí podían. Y así la política monetaria empeoró el tema de la inflación.
De hecho, mientras duró esta política, el tipo de cambio que mantenía el BCRA se acercaba cada vez más al tipo de cambio verdadero que hubieran justificado los precios relativos. El tres a uno, y tal vez un tipo de cambio aún más bajo, empezaba a parecer razonable. En los primeros meses de 2008, las expectativas inflacionarias llegaron a superar el 30 por ciento.
La desconfianza en el peso crecía, y en un día la misión del BCRA cambió. Antes, trataba de mantener un tipo de cambio más bajo que el tipo de cambio verdadero, supuestamente para apoyar exportaciones y atraer inversiones de afuera.
Después, trató de defender el peso contra ataques especulativos que tenían sus raíces en la alta inflación (que había aparecido en parte por la culpa del propio BCRA) y el conflicto político de las retenciones.
El 20 de abril, el peso bajó a 3,24 desde un nivel de 3,17 el día anterior. Para defender su valor, el BCRA empezó a vender sus reservas. Después de cinco meses en que las reservas habían subido por 7500 millones de dólares, en los tres meses siguientes bajaron por casi 3000 millones de dólares. El cambio tuvo efectos inmediatos en las expectativas inflacionarias. Si el BCRA no iba a mantener un tipo de cambio más bajo que el verdadero, una causa de la inflación desaparecería.
OpiniónEl BCRA debería buscar la flotación del peso
La política monetaria de largo plazo podría ser perjudicial
lanacion.com | Economía | Domingo 27 de julio de 2008

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