Fue en ese momento (1996) con la llegada de las sojas transgénicas (o OGM), resistentes al glifosato y con la consiguiente facilidad para la expansión de la "siembra directa", que su expansión se hizo explosiva. El manejo de las "malezas" se simplificó enormemente, la falta de competencia y el mejor manejo de las reservas de agua en el suelo como consecuencia de la siembra directa, lo convirtieron en el cultivo más "seguro". El más apto para resistir las contingencias climáticas adversas.
La suma de razones técnicas anteriores permitió su expansión a zonas antes, poco aptas, para la agricultura (Noroeste Argentino, Cuenca del Salado, etc.), lo que sumó terreno al cultivo hasta llegar a las casi 17 millones de hectáreas actuales. De esta forma, la Argentina no sólo se consolidó como el tercer productor mundial de soja, sino que también comenzó a liderar, junto con Brasil, la exportación mundial de grano, aceite y harina de soja. Además, ha sido con claridad el país líder en capturar el crecimiento en el comercio mundial de aceites y harinas oleaginosas en la última década. Casi tres cuartos de todo lo que se expandió en el comercio mundial fue capturado por la República Argentina.
En un marco de decisiones distribuido en miles de empresas, en numerosas regiones productoras y a lo largo de años de mercados y reglas de juego cambiantes, la soja ha sido elegida por los productores para continuar su crecimiento sostenido. Y ha sido capaz de acomodarse a un creciente nivel de retenciones para su exportación desde 2002 a la fecha. Tantas virtudes, tanta adaptación, tantas ventajas competitivas, tanta tecnología, tanta resistencia al cambio de reglas de juego, tanta adhesión por parte de los productores, tanto protagonismo en la expansión de la frontera agrícola, terminaron por convertirse en su principal enemigo.
OpiniónSoja: el protagonismo se convirtió en su enemigo
Por Osvaldo Bertossi
lanacion.com | Campo | S?do 26 de julio de 2008

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