lunes, 28 de julio de 2008

En breve, la Argentina tiene una magnífica oportunidad de aportar a la concreción del Consejo Sudamericano de Defensa.

Hace unas semanas, Brasil lanzó una iniciativa audaz: crear un Consejo Sudamericano de Defensa (CSAD) en el marco de la aún etérea Unión de Naciones Sudamericana. A pesar de ser todavía imprecisa, la propuesta es coherente con la tradición de los poderes emergentes en la política mundial, con la visión estratégica de Brasil, con su estilo diplomático y con las características particulares de América del Sur.

Todo poder ascendente en la política internacional ha seguido y sigue una política mixta frente a la principal potencia existente. Usualmente, combina desacuerdo y acuerdo, aproximación y distanciamiento, reconocimiento y resistencia. En esencia, percibe a dicha potencia como un poder dual, esto es: como una oportunidad para incrementar su propio poderío relativo y como una amenaza para la realización del objetivo de mayor influencia.

Brasil no está innovando; está siguiendo el sendero que han transitado Estados Unidos respecto de Gran Bretaña hace un siglo, o la India u otros poderes regionales que ambicionan un despliegue mundial en la actualidad. La idea del CSAD es consecuente con la autopercepción de Brasil como un país atravesado por múltiples formas de vulnerabilidad y variadas necesidades de largo plazo. En ese sentido, su clave de aproximación tiene que ver con lo que aspira a ser (en el área y allende), con la forma en que concibe la región (como ámbito de incidencia y legitimación y/o como plataforma de proyección extrarregional) y con su aspiración mundial (ser reconocido como una nueva potencia con prestigio y/o reformar prudentemente las reglas de juego global).

A su vez, confirmando un modo de aproximación diplomático, Brasilia introduce una idea con escasos visos de institucionalidad para mostrar visibilidad, exponer capacidad y no restringirse con esquemas muy reglados y regulados. Lo anterior se produce en un momento complejo para la región en el que se combinan fuerzas endógenas que son fuente de más fragmentación y fenómenos exógenos que son generadores de mayor incertidumbre.

Para un país como la Argentina, la iniciativa brasileña es de enorme trascendencia. Nuestra claridad estratégica al respecto es fundamental. La particularidad argentina es que somos un país que ha venido declinando y que procura recuperar y reconstruir eventualmente poder. En ese sentido, y como enseña la historia de la política internacional, resulta imperativo buscar amigos y socios; profundizar el multilateralismo simultáneamente como medio y como fin; y ser muy competente y flexible. En síntesis, la Argentina no es Brasil, es casi su opuesto; lo cual no implica ser oponente, pues lo que más necesitamos son aliados y mercados.

Defensa: otra política para el subcontinente

Por Juan Gabriel Tokatlian

lanacion.com | Opinión | Lunes 28 de julio de 2008

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