sábado, 19 de abril de 2008

El GPS, una buena idea

La tragedia ocurrida cuando un micro cruzó una barrera cerrada y fue embestido por un tren puso sobre el tapete, una vez más, el terrible problema de nuestra sociedad para respetar y hacer cumplir las reglas de tránsito. Es impensable disponer de suficientes miembros del sistema de seguridad vial como para realizar un seguimiento exhaustivo de cada uno de los que circulamos por las calles y rutas de nuestro país. Sin embargo, la tecnología puede ayudar a lograr este control.

La mayoría de los autos, micros y camiones cuentan con un dispositivo conocido como GPS ( general positioning system , sistema general de posicionamiento), que posibilita, mediante el uso de satélites artificiales, el cálculo muy preciso de la ubicación geográfica en que se encuentra el vehículo. El GPS, que en general incorpora mapas de rutas y calles de ciudades, además calcula con gran precisión la velocidad de desplazamiento del auto. Incluso muchos de ellos permiten introducir un valor de velocidad máxima, con el objetivo de que, cuando se la sobrepasa, se active una alarma que indica al conductor tal hecho. Se podría agregar a esta información la velocidad máxima permitida en cada lugar, y generar una alarma automática que indique al conductor que ha sido violada dicha restricción. Esto ayudaría a un control permanente y confiable que advirtiera al conductor de la necesidad de respetar las velocidades máximas establecidas. Pero el control del GPS puede llegar más allá. ¿Por qué no medir los zigzags que muchos choferes irresponsables realizan para ganar unas pocas posiciones en las rutas o calles a costa de su seguridad y, lo que es peor, de la seguridad de otros?

Además, al servicio que en sí mismo puede brindar esta tecnología para tratar de paliar la endemia que acaba con la vida de miles de personas en las rutas de nuestro país se le puede agregar un control adicional. Así como se emplean tarjetas u obleas que se adhieren al vehículo y que son leídas al entrar en una autopista para abrir las barreras de acceso y automáticamente cargar a una tarjeta de crédito el monto del peaje, ¿por qué no hacer que los GPS de los vehículos almacenen las infracciones al límite de velocidad para que, por medio de un sistema inalámbrico similar al que ya se emplea en el caso de los peajes, sean leídas por estaciones estratégicamente ubicadas? Estas enviarían la información a una central, donde se adoptarían las acciones correctivas pertinentes (advertencia, multas, descuento de puntos, etc.). Si bien es cierto que este mecanismo traería aparejada cierta pérdida de privacidad para los ciudadanos, es importante evaluar la relación costo-beneficio: la implementación del control mediante GPS permitiría un control general de los hábitos de manejo y, además, serviría de freno para las infracciones que algunos conductores que se creen "muy piolas" realizan diariamente, por las que ponen en riesgo la vida de muchos.

El autor es decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Palermo

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