martes, 5 de febrero de 2008

Cuidemos a la gallina de los huevos de oro.

Por muchas razones, el modelo español le viene como anillo al dedo a la Argentina, que despega con el turismo convertido en la tercera fuente de divisas, según dictan los números de la economía.

España hizo de la industria sin chimeneas la columna vertebral de un crecimiento asombroso y fijó algunas prioridades que no se le escapan con seguridad al ministro Lombardi, recién aterrizado desde Madrid, luego de visitar la Feria de Turismo, en el mismo predio donde la semana que viene abrirá sus puertas ARCO, que en su 27a edición tiene a Brasil como país invitado.

Entre las prioridades, la primera fue proteger, recuperar y crear patrimonio con créditos blandos procedentes de los fondos comunitarios y la convicción de que al hacerlo se fortalecía la identidad de un destino turístico asociado con arte, sol y gastronomía. El mejor ejemplo es la cadena de paradores nacionales y, en plan de alta gama, el hotel Santo Mauro, de la calle Zurbano, de Madrid, un edificio del 1800, restaurado en 2002, con 51 habitaciones y un restaurante que funciona en la biblioteca que fue del marqués.

Atento a las tendencias, Hernán Lombardi ya miraba a España cuando fue funcionario del gobierno de De la Rúa. Probó suerte con Thomas Krens, mandamás del Guggenheim, para abrir en Buenos Aires una sucursal del museo de la Quinta Avenida, tal y como habían hecho los vascos en Bilbao.

La posición actual del ministro, que concentra turismo y cultura, le permite una sinergia que está en la base del modelo español, algo que conoce también su compañero de tertulias sushi, Darío Lopérfido, ahora radicado en Madrid. Otras de las prioridades hispanas fue ampliar la oferta cultural hacia toda la geografía.

No bastaba con reverdecer los laureles de la capital al crear el Reina Sofía, el Thyssen y ampliar el Prado, ni con darle a Barcelona su cuota de avanzada del diseño, fue necesario inventar esa maquinaria de atracción turística que es la Ciudad de las Artes y las Ciencias en Valencia, y buenos museos en todas partes. Pensemos solamente en Cuenca y ese museo extraordinario colgado de la montaña que reúne las obras de los informalistas y abstractos de los sesenta (Millares, Tapies, Rueda, Sempere, Torner y Zóbel), a partir de la iniciativa de Fernando Zóbel.
LANACION.com | Cultura | Martes 5 de febrero de 2008

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