Es importante saber qué cantidad de agua se necesita para lograr que cada aspecto de nuestra economía funcione. La producción de cada litro de petróleo requiere de hasta 2,5 litros de agua. En promedio, la agricultura con fines bioenergéticos requiere de por lo menos 1000 litros de agua para elaborar 1 litro de biocombustible. Se consumen unos 2700 litros de agua para fabricar una camiseta de algodón; hasta 4000 litros de agua para producir 1 kilo de trigo, y hasta 16.000 litros para producir 1 kilo de carne de res.
Las estadísticas son también sorprendentes en otros productos de consumo masivo y que todos damos por sentado, como leche, el fruta, detergentes, pinturas, cosméticos y más. En promedio, las personas con mayor poder adquisitivo “consumen” más de 3000 litros de agua por día. Aun para producir los elementos más básicos, tales como cemento, acero, químicos, la minería o la generación eléctrica, se consumen toneladas de agua.
Este año, observamos el impacto que una combinación entre el cambio por biocombustibles para una cosecha y una sequía pueden tener en los precios de los alimentos. El agua es el mayor problema que aparece detrás de este tema. Su impacto puede ser aun más profundo sobre los consumidores y los votantes. Nos encaminamos hacia sacrificios dolorosos o hasta conflictos. A lo largo del río Colorado, del Indo, de la cuenca Murray Darling, del Mekong, del Nilo o dentro de la región norte de las llanuras de China, por ejemplo, ¿utilizamos la escasa agua para alimentos, combustible, para personas y ciudades o para el crecimiento industrial? ¿Hasta dónde puede una represa contener un río verdaderamente? ¿Cómo delinear formas para que cada actor en la economía obtenga el agua que necesita para satisfacer sus aspiraciones humanas, económicas y culturales? ¿Y cómo se puede asegurar que no se destrozará el medio ambiente en el proceso?
Son preguntas de difícil respuesta. Y a diferencia de la reducción en la emanación de carbono, no existe una alternativa, no hay sustitutos para promover. Como tampoco existe una solución global para negociar. Cerrar una canilla en Vancouver o en Berlín no aliviará la sequía en Rajastan o en Australia. El agua es un recurso local. Las cuencas de agua se convertirán en puntos de conflicto. El 70% de la totalidad de la utilización de nuestra agua potable es en la agricultura y la producción textil. Los ahorros que puedan hacerse podrán ayudar en otro lugar en la cuenca acuífera.
Por Klaus Schwab y Peter Brabeck-Letmathe

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