Las universidades privadas son en la Argentina un mundo heterogéneo en calidad, en tamaño, en las cuotas que cobran, en los sueldos que pagan a sus docentes, en la importancia que dan a la investigación y en la orientación que ofrecen en la enseñanza.
Hoy reúnen a 233.821 alumnos, y en los últimos diez años crecieron un 47%, aunque están concentradas en el área metropolitana, y en ellas casi 6 de cada 10 estudiantes eligen carreras del área de ciencias sociales.
La diversidad salta a la vista en el primer mapa completo realizado en el país de este sector de la educación superior, en general reacio a dar a conocer y compartir números y datos.
A pedido del Consejo de Rectores de Universidades Privadas (CRUP), los investigadores Juan Carlos del Bello, Osvaldo Barsky y Graciela Giménez recolectaron y combinaron información que pidieron a las propias instituciones, estadísticas del Ministerio de Educación, del Indec y de la Inspección General de Justicia. El resultado es La universidad privada en la Argentina, un voluminoso libro de 478 páginas editado por Libros del Zorzal, que recorre la evolución de las instituciones, precisa datos, analiza tendencias y pronostica escenarios.
Muestra, por ejemplo, formas de organización flexibles y adaptables, mejores tasas de rendimiento académico y mejor proporción de docentes por alumno en las universidades privadas. Pero también, baja inversión en investigación, alta concentración en carreras de bajo costo –las ciencias sociales y humanas– y un esquema de ingresos que dificulta hacer inversiones en el largo plazo.
El trabajo contradice algunas ideas de sentido común sobre las universidades privadas. Demuestra, por ejemplo, que el 54% de las universidades tiene ingreso no selectivo; que la mayoría surgió y se desarrolló en un contexto de hiperregulación y control estatal, y que las motivaciones para la apertura de muchas fueron confesionales, epistemológicas y hasta políticas, y pocas veces meramente económicas.
Además, a partir de datos tomados de la Encuesta Permanente de Hogares de 1998, el informe señala que el 43,5% de los estudiantes de las universidades privadas trabaja –más de la mitad lo hace más de 40 horas por semana–, mientras que en las estatales lo hace el 38,7 por ciento
De 100 alumnos egresan 33, casi el doble que en las estatales

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