En medio de una campaña apática, ausente de debates y "manejada" por la liga de consumidores del tomate, al electorado parecería no llamarle demasiado la atención el auge de la "borocotización" en la política.
Esta falta de reacción ciudadana no implica automáticamente que se trate de un escenario normal y aceptable para una democracia incipiente como la de la Argentina. Más bien, el cuadro revela con mayor claridad el deterioro en aumento de los partidos políticos, la ausencia de ideas fundacionales y la imposición de candidatos presidenciales cargados de personalismo.
"Es una consecuencia de la crisis de los partidos políticos." Así, con esa frase, coincidieron en explicar el fenómeno de la "borocotización" todos los analistas y politicólogos consultados por LA NACION.
"La política se ha territorializado. Hoy, los gobernadores e intendentes han pasado a ser el eje de la política, no los partidos, como lo eran tradicionalmente", dijo el analista Rosendo Fraga para explicar el auge del "transfuguismo" político.
"La gente se identifica hoy con las personas y no con las instituciones, entonces los candidatos hacen su propia marca política", analizó el politicólogo Gustavo Martínez Pandiani.
Ambos analistas coincidieron en que la actual crisis que viven los partidos surge a partir del "que se vayan todos" de fines de 2001.
En cambio, para Daniel Sinópoli, doctor en Ciencias de la Comunicación de UADE, el fenómeno más bien responde al marketing político personal que se ha generalizado en los últimos años. "El candidato encarna un rol que no está basado en grandes ideas; basta que sea creíble. Por eso no hay indagación de su pasado político", consideró.
Para otro analista, Sergio Berensztein, los cambios de colores políticos no son nuevos, sino que se han dado en toda la historia política del país.
"El fenómeno de la borocotización no es nuevo en la Argentina. En tal caso, hoy se ve con mayor exageración y los medios lo ponen más en evidencia. Pero, a decir verdad, juzgar sólo a Borocotó por este caso sería injusto, cuando vemos en la historia argentina que ya hubo transfuguismo político desde la época de Perón, Menem y Alfonsín", dijo el politicólogo de la encuestadora Poliarquía.
Al igual que Sinópoli, Martínez Pandiani analizó que, para explicar la masificación del fenómeno de "borocotización", es importante considerar los cambios que ha tenido el electorado argentino. "Hoy se elige por criterios de imagen; no se vota con parámetros ideológicos o partidarios. Por eso no hay sanción electoral para aquellos que se van de un partido", dijo.
"El ciudadano promedio se maneja electoralmente más desde lo emotivo que intelectualmente", opinó Sinópoli.
Fuente: La Nación
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