Las ideas de Rand sobre la "utopía de la codicia" le permitieron seguir prestando servicios a las corporaciones, al instilarles un sentido misional fuerte y novedoso. Ganar dinero ya no era bueno sólo para él: también beneficiaba a la sociedad en general. Por supuesto, el reverso era la cruel indiferencia hacia los rezagados. "El camino recto y la racionalidad llevan a la alegría y la realización -escribió el ferviente neófito-. Los parásitos que se empeñan en eludir la finalidad o la razón perecen. Así debe ser." Cabe preguntarse si estas ideas rígidas le resultaron útiles cuando apoyó la aplicación de la terapia de choque en Rusia (72 millones de personas empobrecidas) y en Asia Oriental tras la crisis económica de 1997 (24 millones de desocupados).
Rand ha desempeñado este papel de facilitadora de la codicia para innumerables discípulos. En opinión de The New York Times , su novela La rebelión de Atlas -que termina con el protagonista trazando en el aire el signo del dólar, a modo de bendición- es "uno de los libros sobre negocios más influyentes que se hayan escrito jamás". Rand es un mero extracto de Adam Smith. Por consiguiente, su influencia sobre hombres como Greenspan indica una posibilidad interesante. Tal vez el verdadero propósito de toda la bibliografía sobre la teoría del goteo sea liberar a los empresarios privados para que busquen el provecho más egoísta, mientras dicen actuar motivados por un altruismo global. Más que una filosofía económica, es una argumentación compleja y retroactiva.
LANACION.com Opinión Martes 16 de octubre de 2007
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