La globalización permitió a las personas, las empresas y las naciones influir sobre acciones y acontecimientos de modo más rápido, profundo y barato que nunca antes. La apertura comercial y la desaparición de muchas barreras tienen potencial para expandir la libertad, la democracia, la innovación y los intercambios sociales y culturales, además de ofrecer excepcionales oportunidades para el diálogo y el entendimiento. Este es el lado bueno de la globalización.
Pero la naturaleza global de un número cada vez mayor de fenómenos inquietantes, la escasez de recursos energéticos, el deterioro del ambiente, los movimientos migratorios provocados por la inseguridad, la pobreza y la inestabilidad política o, incluso, la volatilidad de los mercados financieros –como se ha visto en recientes semanas– son también subproductos de la globalización.
LANACION.com | Opinión | Viernes 5 de octubre de 2007
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