El exceso emocional de ella, sus depresiones, sus lacrimosas frustraciones, incluso la tensión premenstrual, y finalmente las condiciones que conducen a una histerectomía y otros problemas uterinos se deben al fracaso sexual del hombre en liberar y recoger sus energías femeninas más fundamentales y más finas al hacer el amor.
La infelicidad básica del hombre, su inquietud perenne, se debe al olvido de cómo hacer el amor correctamente a la mujer, él ha perdido su autoridad divina y con ello el control sexual de él mismo. Su degeneración psíquica o emocional se manifiesta racialmente como una obsesión sexual. La obsesión sexual origina en el hombre una fantasía sexual compulsiva, masturbación crónica, aún cuando el pueda vivir con una pareja, la represión sexual lo conduce a la cólera, la violencia, y al síntoma universal de perderse a sí mismo en el trabajo y la persecución de la riqueza para compensarse por su ineptitud como un verdadero amante.
A través del descuido del hombre de amar como mujer, el hombre sufre de eyaculación precoz, culpa, ansiedad, duda de sí mismo, impotencia, atrofia sexual, disfrazándose como desinterés sexual, abstinencia sexual debido al miedo reprimido al fracaso, bravata sexual y falta de verdadera sabiduría. Todo ello él se lo inflige de nuevo a la mujer, agravando de esta manera el descontento básico de ella y su propia inquietud.
Ser un ser humano masculino completamente integrado requiere que el hombre asimile a través de su cuerpo las energías femeninas divinas que la mujer sólo puede liberar para él cuando hace el amor físico correctamente. Pero el hombre tiene que ser suficiente hombre, esto es, tiene que ser capaz de amarla lo suficiente, amarla lo suficientemente de forma divina o desinteresada durante el acto, para extraer estas energías del más profundo centro de la mujer. Esto no depende de la técnica. Ello requiere amor, puro amor.
Como muy pocos hombres sobre la Tierra son hoy día ellos mismos, es decir, poseen la autoridad para expresar y absorber el suficiente amor a través de sus cuerpos para alcanzar la parte más alta de la mujer, la brecha de infelicidad entre hombre y mujer continúa creciendo.
El hombre que ha desarrollado destreza sexual todavía no sabe cómo hacer este amor divino. Las sensaciones elevadas y los orgasmos son gratificantes y le dan a él una forma de autoridad, pero ellos no son el amor que la mujer anhela. El amor que él hace a la o las mujeres la satisfacen como una buena comida, pero pronto ella siente hambre de nuevo y finalmente ella desprecia su apetito y a ella misma ya que sabe que no está siendo amada.
El principal problema en hacer el amor es la eyaculación precoz del hombre. Y la mujer, como explicaré más tarde contribuye a esto insospechadamente. La eyaculación precoz se debe a la emoción causada por la excitación y anticipación por parte de ambos. Esta emoción particularmente en el hombre está ahí tiempo antes de que comience el juego amoroso o el acto físico.En el hombre hay una continua excitación presexual, o un nivel de agresión incrementada de emoción, debido a su fantaseamiento sexual normal u obsesión sexual.
Si te imaginas a un hombre como un termómetro sexual normalmente estará registrando unos 25 grados de emoción sexual a causa de su obsesión sexual, mientras que la mujer está alrededor de los 5 grados. La mujer es básicamente menos agresiva que el hombre porque ella no está básicamente obsesionada con el sexo. Como consecuencia, fuera de sus numerosas fijaciones e inhibiciones, el hombre está preparado para el sexo a cualquier hora, mientras que la mujer no. Para que ella quiera hacer el amor necesita que se aumente su temperatura sexual básica. En el juego amoroso antes de unirse, el flirteo, manoseo, los besos y las caricias de los pechos y genitales elevan la temperatura sexual o la emoción por ambas partes. Esto, añadido al nivel normal elevado de estimulación del hombre debido a su obsesión sexual, lo hace fantasear mucho más intensamente que ella. Por tanto, de nuevo su temperatura sexual se eleva a mucha mayor velocidad.
La mujer es amor, gracias a Dios. El amor es su verdadera naturaleza por debajo de toda emoción, nociones y fijaciones. Si ella lo ama, o si ella sola ama, puede soportar la decepción sexual. La mujer en todos los niveles representa a la madre, el verdadero arquetipo femenino, la Madre Tierra, en la que todos nosotros nos deleitamos y encontramos nuestro placer.
Para la mujer, la satisfacción de su amor es tomar de él dentro de ella, todo lo que él pueda dar, mientras en recompensa le ofrece cada pedazo de ella misma en una entrega completa y dulce de amor. Pero cuando el hombre se va prematuramente no la ama lo suficiente para darse a ella por completo. Él no tuvo tiempo. Por tanto ella no pudo darle todo el amor que ella tenía que dar. Al llegar él se fue, la dejó. A causa de ello él es un poco menos hombre, ella es un poco menos ella misma, y en contra de la escalada de la lucha racial entre hombre y mujer para unirse están un poco más apartados.
La razón por la cual la mujer no fantasea sobre el sexo casi tanto como el hombre es porque el sexo no es tanto una gratificación para ella. Para la mujer el sexo es más amor, y el amor no puede fantasearse a diferencia del sexo. Para el hombre, el sexo también puede ser amor. Pero debido a que él lo usa invariablemente para eyacular como un medio de liberar su agresión psíquica reprimida, su emoción sexual, contiene mucha gratificación y egoísmo, él usa a la mujer. Si pudiera unirse a ella sin llegar, comenzaría a amarla correctamente o por ella misma
La mujer era puro amor, el polo pasivo sereno del amor espiritual humano sobre la Tierra. El hombre el polo positivo activo, también era amor, pero no puro amor en el mismo sentido. Él era el amor de la autoridad pura, el principio masculino, que era el guardián del amor, o de la mujer, o de la Tierra. El amor de él o de ella era responsable de mantener la cualidad divina, dorada del amor entre ellos. El brillo de sus aureolas reflejaban en todo momento la intensidad y la pureza de ese amor. Su acto de amor físico era extático. La energía divina generada era tan poderosa que después de hacer el amor sus cuerpos o halos se encendían con un esplendor increíble. Esta irradiación auto luminosa del espíritu o amor creado en cada uno por la unión física era la manifestación de su divinidad sobre la Tierra .
La comunicación entre ellos era tan completa que no había necesidad de hablar. El hablar se desarrolló con el tiempo; en los hombres y las mujeres, que al perderse ellos mismos en el tiempo dado a otras cosas, a construir el mundo, comenzaron a olvidar amar, esto es que olvidaron como ser ellos mismos todo el tiempo. El resultado fue que fallaron en hacer el amor físico, divino. Sus halos o conciencia perdieron la conexión dorada y tuvieron que empezar a hablar a través de la brecha desarrollada entre ellos. Entonces, a través del habla, aparecieron los malos entendidos y la emoción. Mientras el tiempo o la falta de amor invadían más el cuerpo del hombre y de la mujer, el habla reemplazó la inmediatez y la plenitud del amor y el vocabulario creció y creció.
La mujer, que una vez fue amor puro, ahora estaba confundida y descontenta perennemente. El hombre, habiendo perdido su autoridad, ahora era impaciente con ella y, tratando de encontrar un sustituto de su autoridad, se volvió ocupado e inquieto perennemente. Más aún, careciendo de la autoridad para controlarla, utilizó su fuerza física y económica superior para forzarla a una posición social inferior, particularmente explotando el amor de su juventud. Toda la motivación sexual de la mujer es hacer la conexión divina a través del hombre. Su deseo de tener niños es secundario y un sustituto de lo otro. Debido a que muy raramente se hace la conexión divina, ninguna mujer hoy es ella misma. Ella permanece mayormente en la romántica mitad superior de su cuerpo, anhelando lo inalcanzable y ocupando de forma periódica o promiscuamente la mitad inferior en el sexo, en un empeño fútil de hacer la conexión.
La frigidez en la mujer se debe a una falta de unión del amor en su propio cuerpo. Ello también ayuda a causar impotencia en el hombre, o a su incapacidad para conseguir la erección. Mientras procedemos se aclarará más como superar estos problemas. Para que el hombre y la mujer de hoy hagan el amor hermosa y divinamente se requiere que cada uno induzca un cambio fundamental en el pene o la vagina. Tanto el pene como la vagina, o, más específicamente, aquella parte del cerebro que los controla, tienen que ser liberados conscientemente de la emoción o de la inconsciencia del pasado, esto es, de todos los hábitos, malas concepciones e ignorancias ganados, acerca de hacer el amor a través de la experiencia pasada.La experiencia es el pasado. Podemos aprender de la experiencia cualquier cosa excepto de ¿cómo hacer el amor? El amor no viene de la práctica o la experiencia. El amor es. El cuerpo no tiene que aprender de ¿cómo hacer el amor?; él hace el amor de forma naturalLa experiencia, el pasado, nos ha enseñado a ser cautos, a no dar todo de nosotros mismos o podríamos perder algo, podríamos hacernos daño, por lo que todos jugamos seguro. El miedo es abundante. Y en cualquier caso, ya no sabríamos como dar todo al hacer el amor; también hemos olvidado eso.
Este sentimiento drogal de la satisfacción que pone a todo el mundo a dormir después de hacer el amor está personificado en el mundo, por el Dios, hecho por el hombre, del amor: el orgasmo. El hombre es un loco del orgasmo. Y la mujer, la diosa del amor misma, infectada e inflamada por la locura masculina, ha empezado a adorar el falso Dios.
El llegar al orgasmo del hombre, antes de que haya dado el suficiente amor para recoger las divinas energías de la mujer, es una glotonería sin amor. El llegar en la mujer es fácil y natural, dulce y conveniente, si sólo el hombre y la experiencia de autoprotección de ella le dieran a ella la oportunidad de ser natural y llegar de forma natural. Pero el hombre, a través de su egoísmo a lo largo de los años y de la inocencia de la mujer, le ha enseñado a ella, engañándola para perseguir el orgasmo desviando su atención del amor que el no puede darle. Si estás persiguiendo un orgasmo, no puedes ser consciente del sentimiento de amor. Si eres un hombre que estás tratando de esperar un orgasmo, tampoco puedes ser consciente del amor. Si eres una mujer y crees que el orgasmo es importante al hacer el amor y parece que tú no tienes ninguno, te sentirás depravada, culpable, y no puedes conocer el sentimiento de amor. O, como mujer, tú podrías renunciar de tratar de encontrar el amor volviendo la espalda al acto del amor, como hacen muchas mujeres, y de nuevo perderás la maravilla y la gloria del amor y de ti misma. Cuando la mujer ya ha aprendido a no tratar de hacer el amor, cuando ya no se siente atraída o engañada por el orgasmo, y rehúsa copular con un pene emocional, cuando es lo suficiente pura para estar presente como ella misma en el acto del amor, sin ningún pensamiento en la cabeza, tendrá un orgasmo natural y sin esfuerzo. Ella no tendrá entonces que tratar. El orgasmo sucederá bella y deliciosamente a través del poder del amor, el poder del pene amoroso profundamente dentro de ella.
Él ha concentrado la conciencia de ella alrededor del clítoris que está cerca de la salida.Él ha hecho esto de dos formas: eyaculando persistente y precozmente inmediatamente después de entrar y estimulando persistentemente el clítoris con sus dedos para compensar el orgasmo que ella no tiene. Él ha hecho gradualmente del compromiso y la satisfacción del clítoris, el premio de hacer el amor. Ella sabe que eso no es amor pero, ¿qué otra cosa puede hacer?... ¿qué otra cosa hay? Además, debido al fracaso del hombre para amarla apropiadamente ella a veces se masturba con el clítoris como el le enseñó. Ella no haría esto si fuera amada. Ella no tiene la misma compulsión de masturbarse como él la tiene para aliviar su agresión sexual. Ella se habituó a través de él. Sólo el pene y no los dedos o cualquier otro recurso puede amar a la mujer. Sólo el pene viviente en el cuerpo del hombre fue diseñado para servirla. Sólo el pene, un pene desinteresado, apasionado, paciente y amoroso puede devolver a su lugar al orgasmo donde el debe de estar, donde sucede de forma natural, o no sucede, sin ninguna emoción perturbadora, ya que la mujer sabe por el sentimiento y la conciencia en su vagina, que ella está siendo amada.
El orgasmo es un final, un final emocional. El acto de amor no tiene fin. Los verdaderos amantes continúan haciendo el amor hasta que finalmente, tal vez horas después, el cuerpo del hombre eyacula natural y conscientemente, o la pareja se aparta y hace el amor horas después, o al día siguiente, o el siguiente, o el siguiente... sin que el hombre tenga que llegar necesariamente. El orgasmo es parte del acto del amor. Pero aquel esta verdaderamente debajo de la belleza y del propósito de éste, le sucederá debidamente a los dos, si los dos están lo suficientemente presentes y ocupados en solo hacer el amor.La mayoría de las experiencias de las mujeres al hacer el amor está llena de frustraciones. La mayoría de la experiencia de los hombres consiste en la excitación con la perspectiva de la eyaculación. El cambio fundamental en el pene y en la vagina que es necesario hoy para hacer el amor hermosa y divinamente, tiene que ser efectuado por el hombre o la mujer aprendiendo a volverse consciente, esto es, permanecer psicológica y después espiritualmente presente durante el acto de amor y los preliminares.
Hoy, debido a la acumulación masiva de pasado e inconsciencia en sus cuerpos, el hombre y la mujer hacen el amor sobre todo en un estado de sueño, inconsciente. Lo que sucede es que las emociones que surgen de su amor sexual excitan las emociones. Estas emociones, la experiencia pasada acumulada de la persona del deseo o anhelo sexual, atraen su atención o su conciencia atrás hacia el pasado como imágenes o formas de fantasía. Entonces, estando inmersos en ese pasado, ellos se recortan como seres conscientes del amor que sus cuerpos están haciendo en el presente. Psicológicamente están ausentes del evento, ya no están presentes, no realmente con su pareja. Ellos se han ido a la deriva, a su propio mundo.En vez de dos estando juntos en una unión física consciente, que es el propósito de hacer el amor, estás ahora apartado en mundos de ensueño. El acto de amor es auto orientado, auto indulgente y auto gratificante. Los dos habrán prestado la vagina o el pene del otro para hacer el amor con vuestras propias emociones, vuestro propio pasado.
En tal encuentro aislado aunque normal, no hay una unión consciente, sin tiempo, del principio masculino y femenino, no hay realización de la conciencia o el amor mismo, no hay unión de los dos únicos polos de la divinidad sobre la tierra en la presencia única, inefable, divina, realizado como tu propia realidad, el espíritu sublime y desinteresado de amor y vida. Debido a que se hace más emoción o ego que amor, y debido a que la emoción o el ego aíslan, tal acto de amor empuja gradualmente a alejarse a la pareja. Ellos se cansan sexualmente el uno del otro y la magia se desvanece. El acto de amor se vuelve habitual, una obligación o una liberación emocional, no es improbable una explosión de ira, y la desavenencia, el descontento y la inquietud aumenta. La interacción del pene y la vagina genera amor. Este amor es la sensación más intensamente gozosa en el cuerpo humano. Sin embargo, la intensidad del placer en el amor es severamente reducida por la existencia de emoción o pasado en los genitales. Cuanto más emoción o pasado haya allí, mayor adormecido y distante es el sentimiento o amor de la persona y su percepción del significado del amor.
Un pene y una vagina que se liberan de la emoción o del pasado comienzan a hacer juntos un amor extásico. La sensación y la percepción son tan elevadas, que al principio uno puede sentir la posibilidad de perder la conciencia, debido a que el placer parece casi insoportable. A medida que el proceso continua, uno se vuelve consciente de estar completamente presente como la conciencia del amor divino que se hace. No hay límites a la amplitud de la alegría y del ser y a la inmediatez del espíritu que se sabe que es la unión de ambos y de uno mismo en la presencia divina.Una vagina que ha sido usada por numerosos penes emocionales empieza a reaccionar como penes mismos, volviéndose dura, ambiciosa, y predadora. Ella se concentra en el orgasmo, no en el amor. A medida que se va siendo liberada de la emoción por un pene que se desarrolla en amor y conciencia, la vagina se vuelve complaciente, tierna, simple, fácil, no demandante y tranquila.El orgasmo femenino de amor es esencialmente pasivo e inocente. Aprende sus malos hábitos del masculino. El pene es el gurú o profesor de la vagina para lo bueno o lo malo. Durante la penetración, una vagina que se ha hecho hambrienta por un pene erróneo, genera muy poca conciencia de amor para la mujer misma, porque la conciencia o placer engendrado está basado en una satisfacción temporal, emocional. Esto le ocasiona a ella una profunda infelicidad interior. El que ella sea o no promiscua, lo cual es solo una búsqueda desesperada de amor, es irrelevante. La vagina responde de acuerdo a la energía de lo que previamente le ha entrado o informado. El contacto con un pene purificado de la emoción, o que ha empezado a purificarse, comienza a purificar el proceso en la vagina.
Sin la comprensión del amor, las vírgenes empiezan a imaginar lo que es el amor físico y eso genera emoción vaginal, tensión o histeria. Hoy, con tanto pasado racial o tiempo en el cuerpo humano, la vagina de la niña ya es potencialmente emocional en el nacimiento. Después de la pubertad, cuando la vagina virgen es penetrada, informada o energetizada por un pene emocional, el potencial emocional de la niña se actualiza, y entonces se sigue de los problemas predecibles y usuales entre ella y el hombre. En el amor sin emoción no hay problemas de amor entre hombre y mujer.El hombre tiene que aprender a ser su pene durante el acto; para hacer el amor adecuadamente, tiene que entregarse a su inteligencia más grande. En el presente el hombre fuerza su inteligencia inferior emocional, obsesionada con el sexo, sobre él, con el resultado de que el pene no puede hacer el trabajo que se supone. Sin embargo, ocasionalmente, en un acoplamiento normal la conciencia del pene puede tomar posesión y el acto de amor es sorprendentemente bueno y verdadero, pero eso es la excepción. La mayoría de las veces el acto de amor varía de satisfactorio a mediocre a través de un no evento o desastre, debido a que el pene es utilizado como un instrumento de gratificación por la obsesión sexual o la agresión emocional del hombre y el olvido de sí misma de la mujer.
La cavidad vaginal representa el vacío en la mujer, su anhelo racial, eterno de ser llenado con amor. El pene permanece como el único amor que puede llenarlo, y hasta que el pene no esté allí el hombre y la mujer no pueden estar contentosEl pene sólo es feliz cuando está erecto dentro del vacío vaginal de la mujer. Cuando está erecto en el vacío del espacio fuera de la vagina, el pene está impaciente, excitable y emocional.. Esto es porque el pene erecto fuera de su natural hogar vaginal es una proyección de la emoción agresiva o de la imaginación, y para cualquier hombre tal erección es demandante e incómoda. Frecuentemente tendrá que masturbarse para liberarlo de su existencia solitaria y fuera de lugar.
Si la naturaleza básica de la mujer es amor... ¿Qué ha sucedido a ella?.. ¿Por qué frecuentemente está tan confundida y poco amorosa?... ¿Cómo contribuye ella exactamente a la eyaculación precoz de su amante? ... ¿Y a su impotencia, a su incapacidad de llegar a la erección? Porque ella también hace eso. Durante milenios, el hombre con su pene ha hecho gradualmente a la mujer como él sexualmente. Él ha inducido en ella una emocionalidad sexual como la masculina, una personalidad sexual forastera, que ya ella no puede distinguirla de la suya. En vez de permanecer el principio de amor femenino, negativo, pasivo, sereno y puro, ha asumido, bajo la tutela sexual de él, una instancia parcial masculina, activa, positiva, completamente opuesta a su verdadera naturaleza. Por debajo ella permanece mujer pura, amor puro si puede alcanzar allá abajo a su verdadero ser, pero en sus proyecciones sexuales superficiales es ahora parte masculina. Un resultado de esto es que en su liderazgo para hacer el amor su emocionalidad masculina se excita como la de él. El efecto inmediato sobre ella es despreciable, pero sobre él es eléctrico. Tan pronto como el pene hace contacto con su cuerpo, estas vibraciones masculinas altamente cargadas se precipitan desde ella hasta él como una onda de excitación y él eyacula precozmente.El otro problema masculino, la impotencia no ser capaz de tener una erección está causado por la falta de amor o conciencia por parte tanto de la mujer como del hombre. Ambos tienen la culpa. Detrás de esto hay un hecho crucial a recordar: el pene se erecta o por emoción o por amor. Sin emoción o amor no se pondrá erecto Si no hay impulso emocional así como amor, conciencia, entre ellos en ese momento, el hombre no podrá tener una erección. Pero si tiene impulso emocional aunque no tenga amor, no tendrá problemas para tener erección.El pene se pone erecto emocionalmente para gratificarse a sí mismo, para liberar el deseo sexual, enjaulado o la agresión que surge de la obsesión imaginativa del hombre con el sexo. Si la mujer se puede poner en la misma condición mental, y ella puede debido a su lado artificial masculino, serán capaces de gratificarse mutuamente. Pero ello no será amor.
La impotencia está causada sólo por la falta de emoción o de amor.
La impotencia, o no erección, es el estado natural del pene fuera de la vagina. Es la agresión sexual, emocional la que fuerza una erección fuera de la vagina. Un pene que sólo responde al amor únicamente tiene una erección completa dentro de la vagina o justo antes de entrar en ella.Esto es por lo que un pene amoroso consigue una erección pura para realizar el trabajo para el que fue creado para hacer el amor. Y aquél se hace dentro de la vagina, no fuera en alguna mujer imaginada, o excitación o condición inducida mentalmente. Una vagina amorosa no tiene dificultad en admitir un pene flojo, completo, amoroso, que se volverá inmediatamente firme y autoritariamente erecto para el propósito de amar. Sin embargo, y esto puede ser importante para el hombre que está intentando purificarse a sí mismo un pene puro y amoroso no es capaz de conseguir una erección si no hay amor, o el amor es insuficiente, en la vagina de la mujer en ese momento; es decir, si ella está soñando, emocionalmente distraída o demandante sexualmente. Tal hombre no usa la imaginación como la hacen otros hombres. El hombre amoroso encuentra estímulo suficiente en el momento, en el presente, con la mujer con la que está.La mujer ha aprendido a hacer el amor de hombres que no saben cómo hacer el amor. El resultado es caos y confusión. Desde el comienzo del tiempo se la ha manipulado y animado para sentir que la expresión más fina de su amor es complacerlo a él sexualmente. La verdad es al revés: la expresión más fina del amor es para el hombre deleitarla a ella sexualmente....
La mujer como ser verdadero no desea al hombre. Ella no lo necesita. Ella es el principio pasivo, de atracción. Ella como verdadero ser, es como un imán viviente, irresistible, que sin elección ni error atraerá hacía sí el hombre verdadero que la amará verdadera y divinamente. A diferencia del hombre, la mujer en su verdadero ser puede existir sin penetración sexual o masturbación. Ella espera el amor, no el sexo. Los bebés han sido mucho tiempo su sustituto parcial para el amor en el sexo.La ninfomanía es una proyección y una invención totalmente masculina, como las sex-shops, la pornografía y la prostitución.
Para comenzar de nuevo a hacer el amor divino, primero debes aprender a deshacerte de tu propio pasado. Debes desaprender o descartar todo lo que has ya acumulado emocionalmente. Si eres un hombre y estudias revistas pornográficas o imágenes sexualmente sugestivas, esa emoción está ahí ahora en ti, esperando erupcionar y tomar posesión de ti como excitación y eyaculación precoz a la primera oportunidad sexual. Todos estamos sexualmente cargados, preparados para salirnos emocionalmente tan pronto como haya una posibilidad de penetración.
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