Como ocurre en las principales urbes del mundo, el tránsito vehicular en la ciudad de Buenos Aires se ha transformado en un caos. Eso se debe a múltiples y variadas razones, algunas de ellas complejas y de difícil resolución. Otras, en cambio, podrían ser solucionadas fácilmente si primaran la decisión y el sentido común.
Según ha señalado el jefe de gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, cada día ingresan en Buenos Aires entre un millón y 1.200.000 vehículos. Más de dos millones circulan por la ciudad en general y 800.000, por la zona que se denomina macrocentro.
Como bien lo destacó el funcionario, las horas pico ya casi no existen: el caos es incesante desde la mañana hasta después de las ocho de la noche. Los viernes no hay límite horario. Cabe señalar, además, que desde enero hasta julio de este año, el Registro del Automotor de la ciudad patentó 288.000 nuevos vehículos, a los que hay que sumar los que se patentaron en otras jurisdicciones y circulan diariamente por la ciudad. Este crecimiento vehicular también se ha verificado en el transporte público, con un mayor número de taxis y ómnibus de mediana y corta distancia, estos últimos de dimensiones cada vez más grandes, para circular en calles cada vez más atestadas de autos, motos, camiones y colectivos.
Además de estas circunstancias, que son permanentes, existen otras que son transitorias, pero no por ello menos perjudiciales. Unas y otras contribuyen a que el tránsito en la ciudad adquiera la condición de caótico. Nos estamos refiriendo, por ejemplo, a las innumerables marchas, manifestaciones y piquetes que periódicamente cortan calles y avenidas de la ciudad, sin que ninguna autoridad judicial o policial intervenga para hacer cumplir la ley.
A ello debe agregarse la falta de cumplimiento de las disposiciones que restringen la circulación de camiones en determinadas zonas de la ciudad, el estacionamiento en doble fila, la carga y descarga de mercaderías y otras violaciones a las normas de tránsito que obstaculizan la circulación vehicular. Otro factor que últimamente ha perjudicado de manera notoria la fluidez del tránsito ha sido el ambicioso plan de bacheo que se está realizando, obras que, si bien son bienvenidas, debieran ser comunicadas con la difusión necesaria para alertar y prevenir a quienes circulan por calles y avenidas para evitar embotellamientos y demoras.
A pesar de los reiterados reclamos y quejas de los vecinos, el gobierno porteño sigue sin poder solucionar algunos aspectos que presenta el tránsito y tienen a mal traer a los choferes de autos particulares, taxis, remises y colectivos. Al respecto, el personal policial poco o nada hace en el ordenamiento del tránsito. En cambio, se lo ve siempre con el talonario de faltas en la mano, dispuesto a labrar actas. Tampoco recibe colaboración de la denominada Guardia Urbana, que comenzó ordenando el cruce de los peatones en las principales calles y avenidas porteñas y terminó "haciendo boletas", en evidente actitud recaudatoria.
Sobre el particular, las autoridades debieran darles a sus integrantes la responsabilidad primaria de ordenar y dirigir el tránsito, y apostarse en los puntos más críticos de la ciudad para evitar embotellamientos y demoras en la circulación. Así, y por sólo mencionar dos casos, sucede esto en las inmediaciones de la estación Retiro, en el horario pico de la mañana, y en la intersección de la avenida Paseo Colón y la avenida Corrientes, especialmente a partir del horario de cierre de oficinas.
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