viernes 10 de julio de 2009

"Achicar el número de partidos es la única forma de garantizar que funcione bien el sistema político"

El llamado presidencial "a un amplio diálogo" y a "una reforma política integral" ayer sorprendió hasta a los ministros encargados de instrumentar las propuestas. Hasta anoche, el Gobierno no tenía definida una agenda concreta de trabajo ni eventuales fechas para presentar un proyecto o convocar a organizaciones políticas, económicas o sociales.

"Por ahora tenemos sólo los titulares", admitió ayer una fuente de la Casa Rosada. Por eso, en reserva, un grupo de funcionarios -liderado por el vicejefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, y el ministro del Interior, Florencio Randazzo- ayer dio instrucciones especiales de acelerar el trabajo en los principales ejes de lo que imaginan como un "amplio proyecto de ley" de reforma política.

La iniciativa incluirá las internas abiertas, simultáneas y obligatorias que propuso la Presidenta, pero también podría proponer la unificación de padrones, un plan para limitar la proliferación de partidos y hasta la posibilidad del uso de la boleta única, uno de los principales reclamos electorales de la oposición.

"Queremos debatir un proyecto serio", insistió un ministro. "Pero tiene que ser algo viable. No podemos, por ejemplo, hablar de boleta única con listas sábana", se quejaba. Según fuentes oficiales, el Gobierno propondrá avanzar con una lista que incluya esos ítems, aunque hasta ahora ningún funcionario sabe dar precisiones del plan.

El único proyecto en firme y que no tiene dudas es el de las internas. "Deberían hacerse 180 días antes de las elecciones", propuso ayer Randazzo. "El gran cambio es que serán obligatorias", agregó el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.

El Gobierno pretende que el carácter obligatorio y simultáneo de las internas acote las fugas partidarias. Y esconde un objetivo político para el kirchnerismo, que intentará encauzar el debate interno del PJ con el propósito de limitar un temor que lo acecha: la dilución del poder.

Unificar los padrones
En la Casa Rosada piensan en padrones nuevos para las internas. "Necesitamos unificarlos", insistía ayer un funcionario con acceso a Olivos. Imaginaba dos posibilidades: usar en las internas el padrón de las elecciones generales o armar uno especial, que especifique quiénes son afiliados y quiénes, independientes. Eso evitaría otra complicación: que un afiliado de un partido vote en los comicios internos de otro.

La otra idea que madura en reserva en despachos oficiales es reducir la cantidad de partidos políticos.

Ya hay proyectos de ese tipo presentados en el Congreso, entre ellos uno del apoderado del PJ, Jorge Landau. "Achicar el número de partidos es la única forma de garantizar que funcione bien el sistema político", suele decir Landau. Su iniciativa exige que cada fuerza mantenga una proporción mínima de cuatro afiliados cada 1000 electores y que esos listados sean de acceso público.
El Gobierno impulsa un plan ambicioso

Además de internas, la propuesta oficial buscaría reducir la cantidad de partidos y unificar padrones

lanacion.com | Política | Viernes 10 de julio de 2009

El llamado al diálogo de ayer podría devolvernos alguna pizca de esperanza.

La convocatoria al "más amplio diálogo" formulada ayer por la presidenta Cristina Kirchner transmitió algo de alivio después del pesimismo que, tanto en la opinión pública como en los mercados, habían provocado los cambios en el gabinete, de los cuales se desprendía que la receta del Gobierno era, simplemente, más kirchnerismo.

Puede entenderse que la Presidenta haya esperado a la celebración del 9 de Julio para hacer un anuncio tan relevante. Pero cuesta entender que ni en la conferencia de prensa posterior a las elecciones ni en oportunidad de producirse el recambio ministerial haya dado una mínima pista sobre la apertura al diálogo que la sociedad reclamaba.

Dos factores terminaron de convencer a la primera mandataria de la necesidad de la salida dialoguista. El primero fue la muy negativa reacción de los mercados, con la consecuente suba del riesgo país, luego de conocidos los cambios en el gabinete. El segundo, el principio de acuerdo entre los bloques parlamentarios de la oposición y del peronismo disidente en torno de una agenda legislativa común, en la que se incluirá una iniciativa para que el Congreso recupere su facultad de fijar las retenciones a las exportaciones del campo.

Sorprendió la invitación presidencial a discutir una reforma política, basada en una ley de elecciones primarias abiertas en todos los partidos políticos como la que, curiosamente, fue derogada en 2006.

Hay una razón poderosa para el kirchnerismo: amenazar y condicionar al más firme postulante presidencial del PJ, Carlos Reutemann. No fue casual que la Presidenta mencionara a la provincia de Santa Fe como pionera en materia de elecciones primarias. Néstor Kirchner cree que con sus votos del Gran Buenos Aires -aun cuando no pocos intendentes estén abandonando las filas kirchneristas- podrá imponerle límites al senador santafecino y sentarse a la mesa peronista que debatirá la sucesión presidencial.

Si la cita para debatir la reforma política es sincera, debería incluirse el tema de la boleta única.

Ante el llamado al diálogo, los más optimistas podrán señalar que más vale tarde que nunca. Por el contrario, los descreídos recordarán que años atrás el entonces presidente Néstor Kirchner le confió a un auditorio de empresarios: "Miren lo que hago, no lo que digo".

No es ésta la primera convocatoria a un amplio diálogo que formula la Presidenta. La última fue el año pasado, en medio del conflicto con el campo; fue el llamado Diálogo del Bicentenario, que no se tradujo en nada concreto. También hubo varios amagos con la posible creación del Consejo Económico y Social, anunciada por Cristina Kirchner cuando era candidata, durante la campaña proselitista de 2007. Esta propuesta tampoco se llevó a la práctica.

Claro que hoy las circunstancias son distintas. El diálogo social y político es el mejor salvavidas para un grupo gobernante que, tras los numerosos pasos en falso después de los comicios, incluida su quimérica interpretación del resultado electoral, ha seguido perdiendo puntos en la percepción de la sociedad.
El pulso políticoLa única salida posible para un gobierno débil

Por Fernando Laborda

lanacion.com | Política | Viernes 10 de julio de 2009

Los Kirchner son solo un síntoma del problema.

La merma en la acumulación de recursos del país es muy considerable, especialmente si se computan la destrucción del mercado de capitales debida a la confiscación de los fondos de pensión, la depredación del caladero de pesca y el agotamiento de los recursos no renovables: se perdió más de la mitad de las reservas de hidrocarburos. Esto explica que estemos en presencia de un fenómeno de degradación de la capacidad productiva de la Argentina que llevará muchos años revertir.

La enorme crisis vivida en el último trimestre del año pasado y el primero del presente -vinculada, sin duda, con las malas expectativas por las dificultades internacionales y con los conflictos internos- generó un enorme pesimismo sobre el funcionamiento de la economía y de la sociedad argentina, que llevó, en las instancias críticas, a medidas y declaraciones que fueron de gran costo institucional.

Entre esas declaraciones cabe señalar la famosa expresión de la presidenta de la República, cuando dijo que las elecciones eran un escollo que había que superar. En consecuencia, decidió impulsar una ley para adelantarlas.

Ahora, la evolución de las circunstancias internacionales permite a varios observadores avizorar que el fin de las dificultades podría estar más cerca de lo que se pensó originalmente. Muchos miran con gran optimismo, sobre todo, el desempeño del este de Asia, Chile, Perú, Brasil y Uruguay, convencidos de que la disciplina que han tenido, la previsibilidad que ofrecen y la recuperación de la confianza van a contribuir a que se revalúen fuertemente sus monedas.

También fundamentan su optimismo en la posibilidad de que se registre un mayor precio de las commodities , como producto de la recuperación económica internacional y de la escasez de los últimos tiempos, resultado de las bajas cosechas y de los reducidos stocks.

Hay, sin embargo, un concepto al que se le prestó poca atención, que es el colapso de la inversión en general y, en particular, en sectores muy dinámicos para la economía argentina. En esa categoría se encuentran toda la cadena agroindustrial, el sector energético y gran parte de los sectores regulados de las áreas de salud y educación.

En muchos casos, no se previó -hay que tener presente que las equivocaciones ya llevan muchos años- el efecto de las políticas distorsionantes que se siguieron, y sobre todo, la desconfianza que se iba a generar en los mercados en que estas actividades se expresaban.

Por otro lado, en este momento hay una percepción de derrumbe en la venta de las maquinarias agrícolas y de las actividades relacionadas. Se trata, prácticamente, de una pesadilla. Por ejemplo, caídas del 70% en tractores y del 90% en cosechadoras. Esa descapitalización de la economía argentina se ve agravada por la dificultad para estimar de dónde va a provenir el capital de trabajo. Sólo para afrontar la siembra de la próxima cosecha, si se quieren alcanzar los cien millones de toneladas se necesitarán 14.000 millones de dólares, que no van a ser fáciles de conseguir en las circunstancias en las que nos encontramos.

No es sólo un problema de esta cadena productiva, sino de toda la economía. A ello se agrega una creciente burocracia, que produce enormes sobrecostos. Ellos generan daños en todas las actividades, pero en el caso de las pequeñas y medianas empresas industriales del interior el efecto es, casi, de aniquilación.

Así, hay compañías que tienen aproximadamente tres meses de ventas congeladas en devoluciones no realizadas, reembolsos por inversión en bienes de capital, por devolución del IVA y por reintegro de exportaciones. Esa descapitalización no está registrada en ningún lado, pero desempeña el mismo papel que cumplen en el sector agropecuario y en el energético, las actitudes que se han tenido sobre la producción.

Otro aspecto que también obliga a desinvertir es la manifiesta arbitrariedad con la que se pueden tomar medidas en la Argentina. Por ejemplo, cualquier funcionario menor puede establecer la prohibición de ventas al exterior. Esto es como un derecho de exportación del cien por ciento, lo que causa un enorme desaliento y el agravamiento de todos los desencuentros señalados en los sectores implicados. Estas medidas pueden tomarse prácticamente sin ningún fundamento, y dejan en estado de quebranto a toda la cadena de valor productivo del sector afectado.

A eso se suma una presión impositiva que alcanza valores extravagantes cuando computa los impuestos a las exportaciones, los impuestos a las transacciones financieras, los impuestos a la mano de obra, los impuestos a las amortizaciones, los sobreimpuestos laborales y la brutal suba de impuestos locales y provinciales.

Ese deterioro es tremendamente más complejo cuanto más utilizadora de mano de obra es la estructura productiva o cuanto más valor agregado se genera. Esto es muy notorio en las actividades de la cadena agroindustrial y en las provenientes del comercio y de actividades de alta regulación.

Es cierto que algunos sectores logran sobrevivir a través de la evasión impositiva o través de no reportar el nivel de empleados privados que tienen. Por eso, prácticamente la mitad del empleo privado es informal. Lo que hace esa respuesta es bajar la productividad global, porque así cada vez el desarrollo de la activad económica contiene más informalidad. La informalidad requiere menor inversión, y con menos inversión per cápita lo único que tenemos asegurado es un retroceso en los niveles de tecnología que usamos. Si hiciéramos las cosas como Hugo Chávez, que prohibió la pesca comercial para ir a la pesca artesanal, probablemente hasta generáramos empleo, aunque de una clase que nos provocaría una involución y nos llevaría a formas de vida muy atrasadas.

Sarmiento decía en uno de sus textos: "¡Cercad, no seáis bárbaros!". Nosotros hoy deberíamos decir: respeten el Estado de Derecho, vuelvan a gobernar con la ley y creen el horizonte de trabajo necesario. Si no volvemos al sentido común y a las leyes que organizan a las sociedades avanzadas, el proceso de descapitalización producirá una degradación productiva que nos llevará a un derrumbe difícil de explicar, con el correr del tiempo, incluso para nosotros mismos.

En realidad, en el fondo, una sociedad que padece este tipo de cosas no puede sintetizar el problema exclusivamente en la pareja gobernante.
La economía se descapitaliza

Ricardo López Murphy

lanacion.com | Opinión | Viernes 10 de julio de 2009

¿Qué nos pasa a los argentinos?

La cercanía del Bicentenario exige un examen crítico de nuestros éxitos y fracasos. En ese tren, las comparaciones entre nuestro país y su vecino lusohablante pueden parecer odiosas, pero son necesarias. En verdad, quizás uno de los mejores indicios de cómo le fue a la Argentina a lo largo de las diferentes etapas de su historia resida en cómo se comparaba con Brasil en cada una de ellas.

Nuestro vecino nació con ventaja. El Imperio que, como resultado de un pacto de familia, se desgajó pacíficamente de su mãe pátria , no atravesó una crisis de independencia y era mucho más fuerte que las nacientes Provincias Unidas.

No obstante, los éxitos cosechados por nuestra Generación del 80, ya visibles en los tiempos del Centenario, revirtieron esa ventaja. Durante varias décadas tuvimos la primacía. Una comparación realizada por el industrial Torcuato Di Tella, en 1941, publicada en la emblemática Revista de Economía Argentina , indicaba que por esos tiempos un trabajador argentino podía comprar un overol con diez horas de trabajo, mientras un belga o un alemán requerían el doble de tiempo y un italiano tanto como treinta y dos horas.

Brasil ni figuraba en la lista. Y las cifras de aquel patriarca de nuestra industria coinciden con las del conocido economista británico Alfred Maizels, quien en una obra de 1963 mostró que, hacia 1937, el producto per cápita argentino era superior a los de Austria y Finlandia, y llegaba al doble del italiano y casi al triple del japonés. Otra vez, Brasil ni figuraba. Económicamente, la Argentina y Brasil estaban más allá de toda comparación.

Increíblemente, la misma ventaja se registraba en el plano militar. Según las cuidadosas investigaciones de archivo de Stanley Hilton, un estudio del estado mayor brasileño de la década de 1920, estimaba que la Argentina podía movilizar 379.000 hombres casi inmediatamente, mientras que Brasil demoraría mucho más para movilizar 136.000. También se explayaba con lujo de detalle sobre cuánto más abundante y avanzado era el armamento argentino.

Las evaluaciones de la Misión Militar Francesa al Brasil coincidían. En un informe confidencial, el general Maurice Gamelin observaba que, en Rio Grande do Sul, el Brasil se encontraba " en infériorité flagrante ". Los británicos comentaban que convertir los soldados brasileños en algo parecido a un ejército era " a lost cause ". Y las conclusiones del agregado militar norteamericano, en 1925, eran similares. Hilton, Frank McCann y Gary Frank, los principales estudiosos de la dimensión militar de esta materia, coinciden en que esta situación se mantuvo durante toda la década de 1930.

El punto de inflexión fue la Segunda Guerra Mundial. A partir de esa instancia crucial, Estados Unidos, la gran potencia en ascenso, se desempeñó como un árbitro que proporcionaba al país que le resultaba más confiable todo lo que le quitaba al que le parecía sospechoso.

Este arbitraje tendencioso, favorable a Brasil, comenzó antes del ingreso de Washington en la contienda, pero después de la caída de Francia, cuando ya estaba claro que habría que defenderse de Alemania. El favoritismo fue el fruto de una vieja relación especial entre Estados Unidos y Brasil, cultivada con inteligencia por Itamaraty desde los tiempos del barón de Rio Branco.

La hora de la verdad llegó en septiembre de 1940, cuando ambos países firmaron un acuerdo por el establecimiento de un polo siderúrgico en Volta Redonda, con financiación norteamericana. A su vez, el oportuno pacto terminó con el juego pendular de Brasil frente a Washington y a Berlín. Según documentos desenterrados por McCann, Estados Unidos adjudicó a la naciente industria del acero brasileña la misma prioridad que a proyectos similares en Estados Unidos. Como consecuencia, un agradecido presidente Getulio Vargas escribió al subsecretario Sumner Welles: "No olvidaré cuánto les debemos a usted y al Departamento de Estado por este feliz resultado".

En cuanto Estados Unidos ingresó en la guerra, el apoyo a Brasil fue acompañado por una comprensible animadversión militante contra la Argentina, que el historiador Joseph Tulchin llamó "persecución". En las medidas palabras de mi respetado colega Mario Rapoport, nuestra neutralidad descerrajó una política de sanciones por parte de esa potencia.

Este auténtico boicot, que se documentó por vez primera en mi libro de 1983, Gran Bretaña, Estados Unidos y la declinación argentina, 1942-49 , significó privar a la Argentina de todos los insumos necesarios para su desarrollo industrial. Se nos cercó para que no pudiéramos importar combustibles, a la vez que, según documentó Hilton, se otorgó a Brasil la misma prioridad que a Gran Bretaña en materia de importaciones de petróleo.

A partir de ese momento la actitud favorable a nuestro vecino, que se había jugado con las democracias en la guerra, se acentuó de manera radical. Los documentos norteamericanos exhumados por Hilton permiten aseverar que, en abril de 1945, se decidió en Washington que Brasil debía potenciarse para que "tuviera la misma relación con el continente sudamericano que Estados Unidos tiene con el norteamericano, y reducir a la Argentina al poder relativo de México o Canadá".

La contracara de esta decisión, que puede consultarse en los documentos publicados por el Departamento de Estado (FRUS 1945, vol. 9), fue la Export Policy I de Estados Unidos hacia nuestro país, del 3 de febrero de 1945, que disponía: "La exportación de bienes de capital debe mantenerse en los mínimos actuales. Es esencial no permitir la expansión de la industria pesada en la Argentina".

En el ámbito militar, el árbitro obró con la misma decisión. La liberalidad de la legislación norteamericana en materia de apertura de secretos nos permite saber que, hacia principios de 1944, el objetivo de alterar el equilibrio militar entre la Argentina y Brasil se convirtió en una política oficial de Estados Unidos, por razones que no estaban relacionadas con el esfuerzo bélico.

Por cierto, un memorial del presidente Franklin D. Roosevelt del 12 de enero de ese año es elocuente. Dice: "Estoy totalmente de acuerdo [?] en que deberíamos proceder duramente con la Argentina. Al mismo tiempo, creo que es esencial que nos movamos inmediatamente para fortalecer al Brasil. Esto debe incluir armas y municiones norteamericanas [?] como para darle una fuerza de combate efectiva cerca de la frontera argentina, del orden de dos o tres regimientos motorizados".

A esas alturas, la suerte estaba echada. Brasil emergería de la Segunda Guerra Mundial como la potencia regional en ciernes de la América del Sur. Y la Argentina surgiría con un conjunto de problemas políticos crónicos que aún no ha conseguido resolver.

Eventualmente, Brasil se convertiría en una potencia por completo fuera de nuestro alcance. Hechos y procesos posteriores, tanto o más importantes que los que transcurrieron durante el período descripto, acentuarían nuestra declinación. Pero de todos los factores que influyeron en nuestro deterioro relativo, el que he presentado aquí es el que mejor puede documentarse. No es el producto de teorías ni el resultado de conjeturas opinables.

No obstante, no hemos perdido en todos los planos. Por el contrario, y a diferencia de aquellos tiempos que no deben añorarse, desde hace un cuarto de siglo nuestras relaciones con Brasil se caracterizan más por la cooperación que por la competencia. Hemos superado las hipótesis de conflicto de antaño. Nuestras desavenencias ya no son geopolíticas, sino comerciales, como las que caracterizan a Estados Unidos y Canadá.
El valor estratégico de las alianzasLa Argentina y Brasil, cara a cara

Carlos Escudé

lanacion.com | Opinión | Viernes 10 de julio de 2009

jueves 9 de julio de 2009

Cada vez que la Argentina acumuló desequilibrios fiscales y terminó en crisis fue porque apeló a maxidevaluaciones para licuar gastos.

No fue ninguna sorpresa el voto de los mercados en contra de la designación de Amado Boudou como nuevo ministro de Economía. Y más si empieza a hablarse de gravar la renta financiera. El derrumbe de los bonos y de las acciones, junto con la mayor presión sobre el dólar, potenció como tantas otras veces una jornada negativa en los mercados externos y tradujo en números la sensación generalizada de que el cambio en la conducción del Palacio de Hacienda se hizo para que poco cambie en el manejo de la política económica.

Esta reacción, concretada incluso antes de que Boudou jurara, resultó tan previsible como el recambio ministerial. Hace semanas que en los despachos oficiales se daba por descontado que la silenciosa gestión de Carlos Fernández no iba a extenderse mucho más allá de las elecciones y que el candidato con más chances de reemplazarlo era el entonces jefe de la Anses.

La novedad fue que en el camino se produjo la amplia derrota electoral del 28 de junio, que se extendió ?inesperadamente para el oficialismo? al territorio bonaerense. Sin embargo, este "detalle" no alteró los planes del matrimonio Kirchner, que actuó como si las urnas hubieran avalado todo lo que los condujo a la pérdida de la mayoría en el Congreso y a su actual debilitamiento político.

Para los mercados, y también para la gran mayoría de empresarios y analistas, el ascenso de Amado Boudou significa en los hechos que Néstor Kirchner seguirá monopolizando discrecionalmente las decisiones en el área económica, como lo hizo en los últimos cuatro años desde que Roberto Lavagna se hizo sacar tarjeta roja.

Como dirían los lingüistas, cualquier señal de cambio en serio debía contener por lo menos dos preposiciones inseparables: la normalización del Indec y el apartamiento de Guillermo Moreno como ejecutor de aquellas medidas que no suelen escribirse en resoluciones ni decretos ni llevan la firma de ningún funcionario.

Nada de eso ocurrió. El kirchnerismo se replegó sobre sí mismo y buscó dentro de su propio banco de suplentes a funcionarios capaces de defender lo indefendible, como las estadísticas oficiales de precios, pobreza, desempleo y actividad económica o los métodos del mentor de esta adulteración cuando el Gobierno se entromete en la vida de las empresas.

Si este punto de partida no ayuda a mejorar la confianza, otro tanto ocurre con la credibilidad del nuevo ministro de Economía. Por su formación académica, Boudou no pudo ignorar que eran falsos ?o al menos, medias verdades? muchos de los argumentos que utilizó el año pasado, cuando se convirtió en el adalid de la estatización de la jubilación privada. Ni esa confiscación de ahorros tenía por objeto mejorar la situación de los actuales o futuros jubilados ni las AFJP ?reguladas por el Estado? se dedicaban exclusivamente a la "timba" financiera con pésimos resultados, como intentó hacer creer. De hecho, la mitad de los activos de las AFJP estaba colocada compulsivamente en devaluados títulos de deuda pública, que el Gobierno se dedicó luego a autocancelar o refinanciar para evitar un default.

Con las carteras de inversión más líquidas y los aportes extra que recibió, la Anses financió parte del mayor gasto público electoral y también obligaciones externas del Gobierno, ante el cierre de otras fuentes de financiamiento que no fueran del propio Estado.

También la Anses se convirtió en un banco, sin serlo, para apoyar incluso a compañías multinacionales y hasta designó directores en empresas privadas con las acciones heredadas, sin que éste fuera el propósito declarado de la estatización. Si bien se evitó el default estatal, el costo en términos de desconfianza fue enorme, como lo demostró la fenomenal fuga de capitales que siguió a la ley aprobada por el Congreso, con escaso debate y apoyo opositor.

Cómo revertir la desconfianza con los mismos protagonistas es un interrogante que no tiene respuesta. Pero no es el único. En los últimos meses el gobierno kirchnerista ingresó por primera vez en seis años en zona de déficit fiscal y no cuenta con otras fuentes de financiamiento que no sean los propios organismos públicos. No son cifras alarmantes, pero Boudou tiene por delante un enorme desafío si busca reabrir la colocación de deuda con el Indec falsificando índices.

La alternativa de una corrección fiscal también se complica por la resistencia del kirchnerismo a asumir costos y también frente al nuevo escenario político. Si el nuevo Congreso aprueba una reducción de las retenciones agrícolas, el recorte de los superpoderes, un reparto diferente de la caja fiscal y no hubiera acuerdos, dentro y fuera del PJ, para estas medidas o para un presupuesto 2010 más racional, el escenario de incertidumbre se potencia.
El escenario económicoNadie espera que Boudou cambie algo

Néstor Scibona

lanacion.com | Política | Jueves 9 de julio de 2009

Uno enciende el televisor y el alarmismo es prácticamente permanente, el alerta cunde.

A los problemas de la inseguridad local, se han sumado pues, otros, nacionales e internacionales. Vimos caer aviones misteriosamente, gente joven muriéndose de manera sorpresiva, y ya casi todos nosotros estamos viviendo actualmente entre barbijos y alcohol en gel. Las últimas elecciones nos mostraron estas nuevas formas de protección incorporadas ya a nuestro estilo de vida. Es que los riesgos están por doquier: desde el delincuente y el asaltante hasta el estornudo o la tos de alguien a nuestro lado. Da miedo salir a la calle, entrar en un bar o en un cine, ir a escuchar una conferencia, enviar a los chicos al colegio. Pareciera que el miedo está instalado en nuestras vidas. En su texto, Una epidemia sin cabeza , Antonio E. Brailovsky afirma: "Tenemos al país en estado de pánico por la epidemia, la que pareció descuidarse para no alarmar a la población, hasta que se disparó mucho peor que en otros países que tomaron medidas sin interferencias políticas".

En los últimos tiempos, varios autores publicaron libros sobre la temática del miedo. Entre nosotros, los psicoanalistas José E. Abadi y Pacho O´Donnell. En el exterior, encontramos obras dedicadas al tema desde Krishnamurti y Osho hasta Arciniegas o José Antonio Marina. La historiadora Joanna Bourke, catedrática en Londres, sacó un libro sobre la historia del miedo, donde hace una diferenciación entre el miedo y la inquietud.

Según ella, el miedo sería externo a uno, habría allí un enemigo que está identificado y del cual se huye o contra el cual se lucha. La inquietud, en cambio, estaría dentro de uno, fluyendo en nuestro interior y, en ese caso, sería difícil saber cuál es el enemigo.

Muchas veces el miedo se convierte en inquietud y la inquietud en miedo.

"En los estados de miedo -manifiesta Bourke- la gente tiende a acurrucarse, a juntarse entre sí. Durante los estados de inquietud, por el contrario, los individuos tienden a buscar amparo en lugares privados, tienden a refugiarse en sus casas, donde miran películas violentas y dramas que los asusten aún más que el mundo exterior".

Hace dos años, esta historiadora, de origen neocelandés, en un reportaje publicado en el diario español El País , decía lo siguiente: "Vivimos en un mundo sobrecargado de peligros: la alimentación, el cáncer, el cambio climático, estamos sobreexpuestos a información que produce miedo. De pronto el peligro está en todas partes, es el vecino, es el gobierno".

Karen Horney ya en su época (los años 60) hablaba de miedos subjetivos y miedos objetivos. Los primeros, inherentes a nuestra desvalida condición humana, frutos de nuestra historia personal o de nuestra imaginación; los otros, basados en hechos de la vida real cuya negatividad o nocividad resulta incuestionable.

Nos acordábamos en estas horas de aquella mañana en París, a comienzos de los años 90, cuando el talentoso escritor cubano, Severo Sarduy, frente a un vaso de whisky, nos confesaba que todo en la vida le daba miedo. ¿Qué era "todo"? Pues, todo, cualquier cosa: estar en su casa, salir de su casa, dormir, estar despierto, comer, no comer, escribir, no escribir, ver gente, no ver a nadie, la vida, la muerte, el SIDA, el mal de Parkinson, etc. Pobre Severo, ésa sería la última vez que lo veríamos , dado que partiría un par de años más tarde, víctima del HIV.

Lo de Sarduy era algo así como un miedo total y generalizado, miedo al miedo.

Quizás sea éste el más difícil de los miedos. A él le sucedía en los años 90, cuando el mundo todavía no era lo que es hoy en cuanto a amenazas que vienen desde todos lados.

El miedo al miedo tal vez sea, lo que nos ocurre hoy y aquí. Y es tan comprensible, tan humano, que nos suceda. Porque, en el fondo, todos los riesgos externos nos acercan el fantasma de la muerte, profundizando y haciendo más reconocible nuestra vulnerabilidad.

Lamentablemente, este estado de cosas nos lleva a que pueda ocurrir aquello del cuento sufi que dice que un peregrino se encontró un día en su camino con la Peste. Le preguntó adónde iba y ésta le respondió que se dirigía a Bagdad, donde iba a matar a cinco mil personas. Una semana más tarde, el peregrino volvió a encontrarla y, enojado, le reprochó: "¡Me dijiste que ibas a matar a cinco mil personas, pero mataste a cincuenta mil!". La Peste lo miró, sonriente: "Yo cumplí mi palabra. Yo sólo maté a cinco mil, los demás se murieron de miedo".

Se trata de lo que resumió el doctor Ré, director de la Red Sanar, cuando le dijo a este diario que "el pánico es más rápido que el virus".

Ahora, hay otro aspecto del miedo que fue destacado por Susan Sontag en su libro Al mismo tiempo , y es el hecho de que, así como el miedo puede dispersar a la gente, el miedo puede unir. Y contraponía al miedo, el coraje, "el coraje moral" (como lo llamaba ella, en contraposición al coraje amoral). "El coraje es inspiración de las comunidades -escribió-.El coraje da un ejemplo. El coraje es tan contagioso como el miedo".

En este sentido, estaríamos viviendo tiempos que plantean este gran desafío. La "conciencia solidaria" de la cual habla, entre nosotros, el médico sanitarista Ignacio Katz es lo que haría falta, más allá del estricto seguimiento de las medidas preventivas contra la enfermedad.

"Puede ser positivo sentir miedo, cuando sentimos miedo por los demás"-afirma Joanna Bourke en su libro Fear: a cultural history ("Miedo: una historia cultural")-; porque se convierte en una fuente de creatividad. Podemos elegir cómo responder al miedo. Lo peor que podemos hacer es abandonarnos a él y afrontarlo sin esperanza".

Resuenan en nuestros oídos los famosos versos de aquella milonga de Borges: "Siempre el coraje es mejor,/la esperanza nunca es vana"?

El coraje no significa no tener miedo. Significa no quedar paralizado. Significa vencerlo, actuar a pesar de él.

Mantener el equilibrio, entonces, serenarnos, centrarnos en lo que podemos y conviene hacer, exigir a las autoridades una política sanitaria acorde e información fidedigna ¿no constituirían el gran coraje de este momento y la confirmación de una esperanza, nunca vana?
La necesidad de superar el estado de sobresaltoMiedo al miedo

Alina Diaconú

lanacion.com | Opinión | Jueves 9 de julio de 2009

Ningún problema se resolverá con la soberbia con la que nuestros gobernantes han actuado desde que se conoció el claro resultado electoral.

Diez días después de anunciar en una conferencia de prensa que del resultado electoral no se desprendía la necesidad de cambios en su gabinete ministerial, la presidenta Cristina Kirchner dispuso modificaciones en su equipo que abarcaron la Jefatura de Gabinete y el Ministerio de Economía y que, lamentablemente, revelan una incorrecta lectura del veredicto de las urnas.

Los cambios efectuados en el elenco gubernamental reflejan la ratificación de un estilo de hacer política que fue mayoritariamente rechazado por la ciudadanía en los recientes comicios legislativos nacionales.

No sólo no hubo de parte del Gobierno el más mínimo atisbo de que se convocará a dialogar a los sectores disidentes del kirchnerismo, sino que se ha premiado con cargos de indudable relevancia a figuras reñidas con el estilo que la sociedad reclama y precisa.

La designación de Aníbal Fernández como jefe de Gabinete sólo parece una distinción a quien siempre se las ha ingeniado para justificar en público hasta la más injustificable de las medidas del Gobierno y a alguien que rápidamente olvidó su paso por el gobierno de Eduardo Duhalde para convertirse en uno de los más obsecuentes servidores del matrimonio Kirchner. Casi es innecesario recordar que uno de los aspectos más cuestionados del gobierno kirchnerista es el de la seguridad, paradójicamente el área que hasta ayer estaba a cargo de Aníbal Fernández.

El nombramiento de Amado Boudou al frente de la cartera económica tampoco resulta feliz y sólo puede explicarse por su docilidad ante las directivas de Néstor Kirchner, quien seguirá siendo el ministro de Economía en las sombras. Indigna el reconocimiento al ex director ejecutivo de la Administración Nacional de Seguridad Social (Anses) luego de la vergonzosa campaña montada para captar el voto de los jubilados mediante cartas solventadas con fondos del propio organismo previsional, al margen de la escasa transparencia que caracterizó en los últimos tiempos a la administración de los fondos jubilatorios tomados de los aportes a las AFJP confiscados.

Las dificultades fiscales, la inaudita fuga de capitales producida en el último año y medio, y el grave aislamiento internacional de la Argentina tornaban indispensable la llegada al Palacio de Hacienda de una figura con mucha más experiencia y reconocimiento.

No dejó de sorprender la designación del ex intendente de La Plata Julio Alak en el Ministerio de Justicia, habiendo tantos juristas de prestigio con experiencia en la gestión pública que podrían haber sido convocados para un cargo tan sensible y en momentos en que el Poder Ejecutivo debería dar con urgencia señales de que hay una Justicia independiente.

El desembarco del abogado Mariano Recalde, hijo del diputado y asesor de la CGT Héctor Recalde, en la presidencia de la hace poco estatizada Aerolíneas Argentinas parece a todas luces una concesión de los Kirchner al secretario general de la central obrera, Hugo Moyano, luego de que éste amenazara con retomar las protestas en demanda de aumentos salariales -su gremio, el camionero, reclama un 25 por ciento de incremento- y hasta se explayara elogiosamente en favor de Eduardo Duhalde.

Un párrafo aparte merece el nombramiento del joven Diego Bossio, hasta ayer integrante del directorio del Banco Hipotecario, al frente de la Anses, quien a partir de ahora será controlado por su esposa, actual funcionaria de la Sindicatura General de la Nación (Sigen) y ex asesora de Cristina Kirchner. Un fenómeno que no es nuevo en la dinastía K y que encuentra un antecedente en el ministro Julio de Vido, cuya mujer también era síndica en aquel organismo de control.

Debe lamentarse que la señal de cambio que se logró transmitir con el arribo de Juan Luis Manzur al Ministerio de Salud no haya sido potenciada con otras modificaciones en el gabinete que estuviesen a la altura de las expectativas de la sociedad. Es de lamentar también que personajes criticados hasta el cansancio como Guillermo Moreno, responsable de los desmanejos en el Indec, entre otras cosas, siga en su cargo.

Pronto no se hablará tanto de los nombres como de las definiciones políticas de un gobierno debilitado, no tanto por la derrota electoral como por su vocación por ignorar el mensaje de la sociedad. Habrá que saber si hay un plan para enfrentar la inseguridad y el crecimiento del narcotráfico, cómo se espera resolver los problemas fiscales, si existe voluntad para reinsertar a la Argentina en el mundo o una mera voluntad de convertirnos en lacayos de Hugo Chávez, si se buscará un acuerdo con el Club de París y con los tenedores de bonos en default, y si existirá alguna probabilidad de volver a tener un organismo de estadísticas oficiales confiable.
Editorial ISiguen sin entender

Los cambios en el gabinete demuestran que los Kirchner se resisten a hacer una correcta lectura del mensaje electoral

lanacion.com | Opinión | Jueves 9 de julio de 2009