Cuando pienso en el boom, la burbuja y el súbito estallido de los servicios financieros por los que ha pasado recientemente Estados Unidos, suelo recordar esa imagen. Creíamos estar volando. Bien, acabamos de llegar a la súbita parada final. Resulta que la ley de gravedad sigue vigente. No se les puede decir a decenas de miles de personas que pueden hacer realidad el sueño americano (tener una casa sin nada que pagar por dos años) sin que eso se les vuelva en contra. La ética puritana del trabajo duro y el ahorro todavía funciona. Aborrezco la idea de que esa ética esté hoy más presente en China que en Estados Unidos.
Nuestra burbuja financiera, como todas las burbujas, fue alimentada por ramales complejos ?derivados y trueques de créditos en default? pero en el fondo era muy simple.
Nos desviamos de lo básico. De los fundamentos de la prudencia en otorgar y solicitar préstamos, según los cuales el prestamista y el prestatario se hacen cargo de cierta responsabilidad personal por la transacción, y manifiestan cierto interés personal por ella, asegurándose de que la persona que recibe el dinero pueda devolverlo. En cambio, caímos en lo que alguna gente llama préstamos del tipo "ni usted ni yo estaremos aquí" cuando llegue el momento de pagar.
Sí, esta burbuja la armamos nosotros. No todos, porque muchos estadounidenses eran demasiado pobres para entrar en el juego. Pero sí suficiente cantidad de nosotros como para decir que es una burbuja estadounidense. Y no saldremos de ella sin volver a algunos presupuestos básicos, y es por eso que estoy releyendo un valioso libro llamado El por qué y cómo hacemos las cosas es de enorme importancia en los negocios [y en la vida]. Su autor, Dov Seidman, es ejecutivo de LRN, un organismo que ayuda a las empresas a construir una cultura corporativa ética.
Seidman argumenta que en nuestro mundo hiperconectado y transparente, la manera en que uno hace las cosas es más importante que nunca, porque ahora hay tanta más gente que puede ver cómo uno hace las cosas, y que le cuenta a otros por Internet, sin costo y sin ninguna restricción.
OpiniónHay que volver a lo básico: la prudencia
De The New York Times
lanacion.com | Exterior | Jueves 16 de octubre de 2008

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