miércoles, 15 de octubre de 2008

Los problemas habitacionales de los argentinos.

Uno de cada ocho porteños habita en espacios precarios e insalubres. ¿Cómo superar la situación que se agrava día tras día? ¿Hay solución?: Sí. ¿Habrá voluntad política?

Complementando las estadísticas publicadas por La Nación en su nota de tapa del domingo 5 del actual, podemos decir que la ciudad de Buenos Aires alberga, aproximadamente, a 2.900.000 personas, de las cuales casi un 13% afronta alguna precariedad habitacional: villas, asentamientos, hoteles, pensiones, conventillos, casas tomadas, plazas u otros espacios públicos a cielo abierto.

El crecimiento de las villas, que tanto nos ha inquietado últimamente, es el síntoma evidente y eruptivo de este grave problema que nos ha desbordado.

No es nuevo, claro desde la topadora militar, pasando por el clientelismo y hasta la indiferencia más absoluta, ningún enfoque parece haber dado resultados sustentables frente al colapso habitacional pero es una bomba de tiempo cumplido que hay que desactivar ya.

Se ha hablado de erradicación, de integración, de urbanización. Se han dedicado al tema tratados, conferencias, ensayos, experiencias, análisis culturales: hemos alcanzado la cúspide del rascacielos teórico en esta materia, pero no pudimos construir soluciones solidarias y prácticas en una de las metrópolis más populosas de América. Algo falla.

El denominado Plan Federal de Viviendas fracasó. Alcanzó menos del 50% (58.375 viviendas) de las casas previstas en la primera etapa, y en la segunda fase no llegó siquiera al 2% pretendido (de 250.00 anunciadas en la campaña, se construyeron apenas 3398 unidades).

Urge como nunca antes aplicar la inteligencia y la sensibilidad a una crisis habitacional con consecuencias devastadoras, que obligan a acciones urgentes. Resulta incomprensible que, mientras las villas crecen verticalmente, haya 140.000 viviendas deshabitadas y un déficit de 70.000 viviendas que supone 245.000 personas en la calle.

Existen caminos específicos y viables. Uno de ellos, que proponemos aquí, apunta directamente a la reactivación del mercado inmobiliario genuinamente masivo. El rango "no exclusivo" al que apuntaría dicho mercado será, en efecto, distinto al de los grandes inversores internacionales, quienes, por otra parte, a la luz de la crisis financiera mundial ya no nos premiarán con sus dispendiosos capitales.

A su vez, la propia crisis global indica que hoy la construcción local puede y debe volcarse a la vivienda de calidad para la clase media y media baja, por las intrínsecas causas y consecuencias del mercado inmobiliario, cuya "burbuja" pinchada ya no capta compradores de ocasión.

El primer paso concreto desde donde iniciar el círculo virtuoso orientado a construir, dando trabajo y techo a millones de argentinos, consiste en acopiar un fondo permanente, destinado a otorgar créditos para la compra de terrenos y construcción de viviendas a plazos superiores a 20 años, con tasas preferenciales.

¿Cómo constituir este fondo? Resolviendo, en simultáneo, otro tema pendiente relativo al déficit habitacional: el de los alquileres. Hoy hay, en Buenos Aires, como señalábamos más arriba, 140.000 inmuebles ociosos, cuyos dueños, atemorizados por quedar en desventaja frente a la inflación, prefieren mantener cautiva su propiedad o pedir precios siderales, fuera del alcance, ya no sólo de quienes habitan las villas, sino de la propia clase media. Esta reticencia bien podría superarse estimulando al locador. Tal sistema de estímulos habilitaría, a quien ponga su propiedad en alquiler, a inscribirse en un programa administrado por el Banco Ciudad que le permitiera invertir parcial o totalmente el monto percibido en concepto de alquiler comprando títulos públicos de la ciudad de Buenos Aires a una tasa superadora a la que ofrece el sistema bancario. Dichos bonos constituirían el fondo destinado a financiar el crédito para la compra de nuevas viviendas, de terrenos y de construcción; es decir, a favorecer la demanda. Esto implica una sinergia donde no sólo se generan fondos aplicables al objetivo específico del problema de la vivienda propia, sino que se facilita el acceso a la vivienda transitoria.

Este fondo permanente, a su vez, permitiría dar continuidad a la ley 341 ?sancionada en febrero de 2000 y modificada en 2003, a efectos de resolver, mediante crédito, la emergencia habitacional, nutriendo y vigorizando con divisas al programa que favorece la compra de terreno y construcción de inmuebles a cooperativas, las cuales ya demostraron su eficiencia en este sentido.

Las villas crecen, las soluciones fallan

Por H. Carlos Ibáñez

lanacion.com | Opinión | Mi?oles 15 de octubre de 2008

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