Contra todos los pronósticos, desbancó las aspiraciones, y la otrora temible maquinaria electoral, de Hillary Rodham Clinton y se convirtió en el primer candidato presidencial negro de la historia de Estados Unidos. Hillary se negó anoche a reconocer la derrota, aunque dejó la puerta abierta a la posibilidad de aceptar ser candidata a la vicepresidencia.
“El ciclo de las primarias ha llegado a su fin. Seré el candidato nominado demócrata a la presidencia de Estados Unidos”, celebró Obama ante miles de seguidores que cantaban, gritaban y bailaban en el centro de convenciones de Minneapolis, que dentro de tres meses albergará a la convención republicana.
De inmediato comenzó a tender puentes para unir el partido y elogió a su ahora ex rival : “Hillary ha hecho historia”, declaró.
El flamante candidato demócrata también aprovechó su discurso para marcar diferencias con su nuevo contrincante, el republicano John McCain. “Este es nuestro momento para dar vuelta la página de la política del pasado y traer nueva energía e ideas a los desafíos que enfrentamos", urgió, con su esposa Michelle a su lado.
Minutos antes, Clinton, la otrora candidata "inevitable", había evitado reconocerlo como el candidato, algo que podría ocurrir en el transcurso de esta semana.
"Hacia dónde iremos ahora no es una decisión que me tome a la ligera. La decisión no la tomaré esta noche", dijo la senadora, acompañada por Bill Clinton, con quien conformó el matrimonio más poderoso del último cuarto de siglo en este país, y la hija de ambos, Chelsea.
El anticipo de lo que podría ocurrir hoy o mañana lo había dado por la tarde, cuando otros legisladores de Nueva York le preguntaron durante una conferencia telefónica si para contribuir a la victoria demócrata en noviembre estaría dispuesta a acompañar en la fórmula a Obama.
"Estoy abierta a eso", les respondió, aun cuando horas después sus seguidores vitorearon "¡Denver! ¡Denver!", pidiéndole que extienda la pelea hasta la convención que se celebrará allí.
En el tramo final de la campaña demócrata, Obama adoptó una estrategia a dos puntas: esperó el reparto de los delegados de las dos últimas internas de las primarias (Dakota del Sur y Montana) y alentó una "avalancha" de superdelegados para acelerar los tiempos, tal como habían anticipado estrategos demócratas a La Nacion la semana pasada.
El propio Obama mezcló sus últimos actos con llamadas telefónicas a algunos de los 100 superdelegados que continuaban indecisos. ¿Cuál era su argumento durante esos llamadas? "Cuanto antes podamos unir al partido, más pronto podremos empezar a enfocarnos en John McCain y en noviembre", dijo.
El esfuerzo dio resultado, y varios referentes del partido se encolumnaron detrás de él. Entre ellos, el ex presidente Jimmy Carter.
Así, la puja demócrata se asemejó a una cuenta regresiva. La noche del lunes, Obama se fue a dormir con 2071 delegados, 47 menos que los necesarios para abrazar la nominación, mientras que Clinton contaba con 1915 apoyos y necesitaba otros 203.
Logro histórico en EE.UU.
Obama es el primer negro candidato a la Casa Blanca
Hillary no admitió la derrota; podría ser su vicepresidenta
LANACION.com | Exterior | Miércoles 4 de junio de 2008

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