miércoles, 31 de octubre de 2007

Se necesita urgentemente nuevos partidos

Las recientes elecciones ratificaron lo que ya era evidente: el sistema político argentino carece de partidos en serio. Las viejas estructuras partidarias tienen enormes dificultades para reinventarse y adaptarse a la nueva realidad. Las nuevas todavía carecen del peso específico, la presencia y la solidez como para ocupar el espacio dejado por aquéllas. Lo viejo no termina de morir, lo nuevo no termina de nacer. Y en esa larga transición el poder se concentra en la institución presidencial y su entorno más inmediato. Esto puede darle a la Argentina un umbral mínimo de gobernabilidad: la estabilidad política no corre peligro. Lo que el país no tiene, sin embargo, es una gobernabilidad efectivamente democrática. Para eso hace falta un conjunto de partidos en condiciones de alternarse en el manejo del poder y hacer efectivos los mecanismos de frenos y de contrapesos que contempla la Constitución. La experiencia comparada de las democracias modernas sugiere que los partidos son canales fundamentales para identificar y ordenar las demandas de la ciudadanía, proponer soluciones y crear mecanismos que faciliten la participación popular. ¿Quién está en mejores condiciones de hacer semejante trabajo en la Argentina? El presidente Kirchner ha insinuado que a partir del 10 de diciembre próximo ocupará al menos parte de su tiempo en consolidar la "concertación plural". Se trata de ponerle orden al esfuerzo de construcción política realizado durante los últimos cuatro años y medio en los que gobernó el país. Hasta ahora, el kirchnerismo es una combinación absolutamente heterogénea de tribus del más diverso origen e intereses donde pueden anidar todos aquellos que de manera disciplinada se encolumnen detrás del Presidente. Desde Hebe de Bonafini hasta Aldo Rico, pasando por ex montoneros, ex menemistas, ex duhaldistas, ex cavallistas, ex frepasistas y ex radicales. Lo único que ha venido cementando este complejo entramado ha sido el liderazgo de Kirchner y la tentación que ejerce el uso discrecional de los recursos del Estado para aquellos que administran provincias o municipios, aspiran a hacerlo, o al menos a vivir de un ingreso del sector público. Técnicamente, esto recibe el nombre de cooptación.
Opinión
Por Sergio Berensztein
LANACION.com Política Miércoles 31 de octubre de 2007

No hay comentarios: