miércoles, 31 de octubre de 2007

La desrugalación en los 90, fracasó.

Los fracasos (en términos de bienestar y de mejor redistribución del ingreso) evidenciados en la Argentina por la "desregulación" de los años 90 muestran que el mercado por sí solo no conduce al desarrollo económico sustentable, ya que éste no es resultado de un proceso automático, sino de la interrelación entre ese proceso (generado por agentes privados) y un conjunto de acciones deliberadamente diseñadas, planificadas e instrumentadas por el Estado para defender el bien común.
La experiencia del Ministerio de la Producción de la provincia de Buenos Aires permite profundizar lo planteado por Rodrik. No sólo la política productiva debe tener como objetivo corregir las fallas del mercado, sino que debe orientarse, además, a transformar la estructura de producción.
Como muestra vale el aporte de países exitosos en materia de desarrollo, en los cuales el Estado ha tenido un rol fundamental: el surgimiento de nuevas industrias (la piscicultura y los vinos, en Chile), el aumento de competitividad (el autopartismo, en la India), la aplicación de innovación y capital humano (la industria del software, en Irlanda). Si se considera que las políticas de desarrollo deben orientarse a generar un cambio estructural del perfil productivo, la lista de qué hacer es conocida: facilitar el acceso al crédito, promover la capacitación y el aprovechamiento de nuevas tecnologías, fomentar la innovación, promover el surgimiento de empresarios con iniciativas y alentar la asociatividad.
Acciones
El desafío es generar un marco institucional que favorezca el diseño de estas políticas, con algunos principios tales como identificar las principales fallas de mercado, incentivar la generación de negocios orientados al aumento de la inversión y que la planificación tenga como premisa beneficiar a la sociedad. Así surge que el diseño de las políticas de desarrollo debe tener en cuenta algunas acciones:
Interacción fluida entre gobierno y fuerzas productivas, preservando la autonomía de decisión del Estado: es imprescindible formar un vínculo con el sector privado en el que se establezca un intercambio fluido de información para mejorar la toma de decisiones.
Implementar controles sobre los resultados.
Impulsar acciones de promoción estatal precisas con un horizonte temporal definido.
Diseñar una política productiva a largo plazo, acompañada por un sólido esquema educativo (en la Argentina se puede mencionar la promulgación de la actual ley de educación nacional y de educación técnica). Las políticas específicas orientadas a estimular el desarrollo productivo son herramientas que deben quedar apartadas de los antagonismos. Y, sin duda, el camino será integrar el capítulo de consensos imprescindibles para fortalecer la Nación, con el Norte puesto en una actividad económica pujante y con inclusión social.
LANACION.com Economía Miércoles 31 de octubre de 2007

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