Si la Agencia muere derrotada por sistemas de computación que se cuelan en todas partes y son de una eficacia insuperable en la conspiración y el espionaje, pocos seres humanos van a lamentarlo. La excepción serán, sin duda, los veinte mil empleados que trabajan en la central de Langley, Virginia –y los desamparados libretistas de Hollywood–.
sábado, 20 de octubre de 2007
La CIA agoniza por la computación
Nadie sabe cuánto daño le han hecho a la paz del mundo los agentes y directores de la CIA, sigla en inglés de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos. Sin duda, más del que se sabe, pero menos del que se llegará a saber cuando se debilite la omnipotencia con que dispuso de vidas humanas y gobiernos cómplices en todos los continentes, desde que Harry Truman la fundó, en 1947.
Si la Agencia muere derrotada por sistemas de computación que se cuelan en todas partes y son de una eficacia insuperable en la conspiración y el espionaje, pocos seres humanos van a lamentarlo. La excepción serán, sin duda, los veinte mil empleados que trabajan en la central de Langley, Virginia –y los desamparados libretistas de Hollywood–.
Si la Agencia muere derrotada por sistemas de computación que se cuelan en todas partes y son de una eficacia insuperable en la conspiración y el espionaje, pocos seres humanos van a lamentarlo. La excepción serán, sin duda, los veinte mil empleados que trabajan en la central de Langley, Virginia –y los desamparados libretistas de Hollywood–.
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