miércoles, 25 de abril de 2012
El precio de la yerba mate
El fuerte aumento del precio de la yerba mate, fruto de su escasez, en el contexto inflacionario que vive el país, ha dado lugar a reacciones y sobreactuaciones de funcionarios gubernamentales, incluida la propia presidenta Cristina Kirchner, quien le encargó al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, poner rápido fin a la situación, recurriendo si fuera necesario a la inconstitucional ley de abastecimiento.
Días atrás, la Secretaría de Agricultura de la Nación envió una nota al Instituto Nacional de la Yerba Mate en la cual se aclara que los precios fijados por resolución oficial, de 1,70 pesos para el medio kilo de hoja verde y de 6,90 pesos para el de la yerba canchada debían incluir el IVA. Este anuncio provocó un nuevo conflicto, ya que los productores entienden, con toda razón, que se trata de materias primas, que están exentas de ese impuesto.
La yerba mate, un arbusto cultivado exclusivamente en una reducida región del mundo, que cubre nuestras provincias de Misiones y Corrientes y sus próximas vecindades de Brasil y Paraguay, constituye la materia prima del mate, el llamado mate cocido y nuevas presentaciones que son fruto del marketing moderno. Las hojas del arbusto proveen la materia prima para la fabricación de la yerba a partir de un ciclo anual que comienza a principios de abril. La recolección de las hojas de yerba continúa con su secado y su posterior "canchado", consistente en un molido grueso, para culminar con un estacionamiento y posterior molido fino, producto final para su venta en las presentaciones conocidas.
La infusión resultante de esta yerba que ha cautivado a los argentinos constituye la bebida más consumida en comparación con las distintas gaseosas y otras infusiones. Su producción total anual suma 300.000 toneladas, de las cuales 250.000 se consumen localmente, en tanto que las exportaciones suman las 50.000 restantes que se venden al gran mercado de Siria en un 60%, a Brasil, Uruguay y varios otros destinos.
La economía de la yerba mate ha sido tradicionalmente volátil. En la década de 1930, en medio de una crisis de abundancia y bajos precios, se sancionó una ley que introdujo variados instrumentos regulatorios propios de la época, que perduraron con ligeras modificaciones durante 56 años, sin lograr sus propósitos, hasta que el decreto de desregulación económica general, ratificado por ley nacional, liberó la economía yerbatera, dando por resultado el crecimiento de la producción y la reducción de sus precios.
Años después, en 2002, se retornó a la regulación yerbatera con un sistema menos rígido que la ley original, basado en la fijación de precios por consenso de las partes, que de no lograrse da lugar a un laudo a cargo del ministro de Agricultura. Ni esto ni las mencionadas advertencias y presiones han logrado atemperar los precios a los niveles deseados por el Gobierno. Por el contrario, éstos parecen crecer al amparo de la actitud previsora de los consumidores, que aumentan sus compras para no correr el riesgo de quedar sin su preciado brebaje.
Se ha sugerido la prohibición de exportar, que daría por tierra con años de esfuerzos, o también la suspensión de la tarifa aduanera de importación, que en verdad no existe, dado que los únicos potenciales proveedores son miembros del Mercosur.
Finalmente, se proyectó la fijación de precios, que nada podrá resolver, dañando más la producción y toda la cadena productiva.
No parece haberse tenido en cuenta en el Gobierno, en cambio, que la reciente sequía redujo la producción. Lo aconsejable por estas horas es dejar que el mercado, con la eficaz ayuda del comienzo de la zafra yerbatera y la normalización de las lluvias, al elevar la oferta, restablezca el equilibrio perdido, en lugar de avanzar con el intervencionismo y un afán por controlarlo todo desde el Gobierno que será contraproducente y hará virtualmente desaparecer la yerba mate de las góndolas.
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