miércoles, 25 de abril de 2012

El patrioterismo patotero

Por Sergio Sinay | Para LA NACION Quien el 2 de abril de 1982, y durante las siguientes semanas, se oponía a la demencial invasión a Malvinas podía haber sido linchado por cipayo, antipatria, renegado o "inglés". Como si el destino de las islas la hubiera desvelado desde siempre, una masa enceguecida convirtió a un dictador en libertador y a sus secuaces (asesinos, secuestradores y torturadores) en héroes espartanos, todo en una Plaza de Mayo enardecida. La misma plaza que 74 días más tarde mostró idéntica ciega exaltación para denigrar lo que había alabado. Desde el 16 de abril de 2012 quien oponga argumentos a la torpe y cuasi policial expropiación de YPF corre riesgos parecidos a aquellos de hace treinta años. El huevo de la serpiente del patrioterismo patotero anida perpetuamente a la espera de ser detonado, siempre con fines perversos y manipuladores, presto a sofocar los malestares de la multitud a la que busca cebar, pronto a tapar delitos, fracasos y corrupción. Cuesta imaginar dónde estaban los súbitos patriotas de hoy mientras se privatizaba YPF Es difícil encontrar hoy a los que llenaron entonces aquella primera plaza y, si aparecen, lo hacen con justificaciones injustificables y con una autoconmiseración inaceptable. Como decía el gran escritor y poeta italiano Césare Pavese (1908-1950, ¿Cómo olvidar La luna y las fogatas o El diablo en las colinas?), a partir de los 20 años cada uno es responsable de su cara. Es decir, de sus actos, de sus decisiones, de sus palabras, de cómo vive. Nadie parece haber votado a Carlos Menem y cuesta entender cómo logró imponerse electoralmente dos veces. También cuesta imaginar dónde estaban los súbitos patriotas de hoy mientras se privatizaba YPF (de algunos se sabe: aplaudían y llevaban millones de dólares de regalías a bancos suizos o a destinos que sólo ellos conocen). ¿Acaso estaban ocupados consumiendo al son del canto de sirena de la convertibilidad? ¿El patrioterismo es sólo para cuando las vacas empiezan a enflaquecer? ¿No será, entonces, simple resentimiento ante las malas noticias? Sea como fuere, el patrioterismo patotero opera siempre en los márgenes de la razón, en las orillas de la ley, a espaldas de la tolerancia. ¿El patrioterismo es sólo para cuando las vacas empiezan a enflaquecer? Porque es patotero se mueve en manada y huye de la discusión individual, frente a frente, argumento a argumento. No mira a los ojos y teme a la mirada que pueda desnudarlo y mostrar su patética miseria. Ninguna gran nación emergió de él ni se hizo fuerte a su sombra, pero dolorosas tragedias colectivas se incubaron en su vientre. Para manifestarse necesita que una masa crítica de personas renuncie a su responsabilidad individual, por otra parte la única que existe, ya que las "responsabilidades colectivas" son el refugio en donde consiguen impunidad los canallas verdaderos. Al calor de esta nueva ola de patrioterismo patotero se van postergando las asignaturas pendientes de la sociedad: los asesinatos diarios de la corrupción (trenes que no frenan, rutas de otro siglo, la orfandad sanitaria, el retraso educativo terminal, los edificios que se derrumban, la ley de la selva imperando en las calles). Se posterga la puesta al día de la Justicia, se acalla el grito agónico de las instituciones, sonríen, al son de sus guitarras, los grandes burladores de éstas. El patrioterismo patotero se mueve en manada y huye de la discusión individual, frente a frente, argumento a argumento Las cuentas de YPF no podrán ser auditadas, de modo que, en los hechos, seguirá siendo privada. No será del Estado, que se supone es representación del país, sino del Gobierno, que es representación de un grupo. Cosas así serán posibles mientras una masa crítica de la sociedad siga distraída y desmemoriada. Así hasta el próximo exabrupto patriotero. Tanto patrioterismo, tan poca República.

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