jueves, 16 de julio de 2009

Es fundamental que todos los sectores de la sociedad redoblemos nuestro esfuerzo para que nadie se sienta excluido del duro combate contra el mal A.

La epidemia de gripe A que estamos padeciendo los argentinos nos enfrenta desde hace largos días con una realidad desafiante y extraña.

Por un lado, pone en evidencia las postergaciones que ha venido sufriendo el sector de la salud, traducidas en poca inversión en mantenimiento edilicio, equipamiento hospitalario, capacitación y remuneración de los profesionales. Esta epidemia, que no respetó clases sociales, movilizó a vastos sectores que debieron acudir al hospital público y tomar contacto con una escandalosa realidad que largamente aguarda la debida atención. Los gobiernos de turno y muchos de nosotros sólo nos acordamos del sector salud cuando necesitamos de él.

Por otra parte, también ha echado luz sobre las gravísimas fallas en materia de prevención, con planes de contingencia inadecuados y a destiempo -dos meses antes habían comenzado los inconvenientes en el otro hemisferio-, así como desarticuladas acciones a nivel de cada provincia, cual compartimentos estancos, sin una política nacional mancomunada y una visión integradora.

La suspensión de las clases en los establecimientos educativos y el cese de muchos otros servicios y actividades esenciales para la vida social nos obliga a convivir con el rostro inédito de un país por momentos semiparalizado y silencioso. Frente al desafío que supone la permanencia de los niños y adolescentes en el seno de la familia durante la mayor parte del día nos formulamos preguntas de difícil respuesta. Las sugerencias e informaciones no siempre coherentes y satisfactorias que nos llegan desde los despachos oficiales, con la mentirosa cifra de sólo 137 muertos hasta anteayer, agravan por momentos las dudas y los dilemas de conducta que nos acosan.

En el centro mismo de esa dura experiencia humana y social, existe una fuerza de altísimo valor moral que no podemos dejar de reconocer. Nos referimos al ejemplar comportamiento que ha exhibido día tras día la vasta comunidad de profesionales que vela por la salud en los múltiples establecimientos hospitalarios públicos y privados con que cuenta la sociedad argentina.

Los médicos, los enfermeros y las otras personas que integran el plantel profesional de nuestros servicios sanitarios ha brindado en estos días una muestra heroica de sacrificio y dedicación que es merecedora del más amplio reconocimiento. Ellos integran la principal comunidad de riesgo por el contacto con los afectados por la influenza A.

Se ha hablado de que un tercio por lo menos del número total de médicos y enfermeras estarían afectados, a estas alturas, de una manera u otra, por la agresiva expansión de la gripe A. Es necesario tener en cuenta que los profesionales del campo de la salud actúan, durante estas crisis, en un clima de tensiones y en medio de un generalizado estrés, lo que los somete en muchos casos a un agotamiento emocional extremo.

Las circunstancias actuales están obligando a la estructura sanitaria a un sobreesfuerzo difícil de afrontar, agravado por la necesidad en que se encuentra el personal médico de lidiar con situaciones de angustia y en algunos casos hasta de violencia emocional en la relación con aquellas personas que llegan a las guardias en procura de un apoyo que no siempre es fácil proporcionarles. Como se ha dicho y escrito en estos días, los médicos son, hoy más que nunca, la cara visible de un sistema amenazado por el colapso. Todo el valor de un recurso humano encomiable muchas veces se diluye frente a un sistema sanitario colapsado que carece de los más elementales instrumentos necesarios para hacer frente a amenazas tales como el dengue, la tuberculosis, el mal de Chagas y las diversas gripes que amenazan la salud de la población.
Editorial ILos profesionales de la salud y su compromiso con la comunidad

Es fundamental que redoblemos nuestro esfuerzo contra la gripe A y que nadie se sienta excluido del combate contra ese mal

lanacion.com | Opinión | Jueves 16 de julio de 2009

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