domingo, 12 de julio de 2009

¿Empezará el diálogo?

Si el Gobierno inicia el camino del diálogo, podrá avanzar en su "modelo" intervencionista y estatista, pero con la moderación que le imponga el peronismo.

Se terminarán los superpoderes, se diluirá la emergencia económica y se cambiará el Consejo de la Magistratura, quitándole peso a la corporación política.

Se buscará acordar una refinanciación de la deuda con el Club de París; para lo que será necesario mejorar la relación con el FMI, aunque difícilmente implique créditos. Incluso, los holdouts pueden esperar un nuevo canje, dentro de los lineamientos que ya expuso el Gobierno.

El Indec será "emprolijado" y, quizá, se corrijan las crecientes distorsiones de los datos de actividad. Sin embargo, es difícil que se adecuen los irreales porcentajes de inflación del pasado, aunque los futuros podrían tender a aproximarse más a la verdadera pérdida de poder adquisitivo del peso.

En el segundo semestre, será necesario un gran ajuste fiscal para recuperar parcialmente la pérdida de solvencia que generó el despilfarro electoral. Se frenará la inversión en infraestructura, el gasto en remuneraciones y en jubilaciones. Aumentarán las tarifas para bajar las transferencias a las empresas prestadoras de servicios públicos. La inflación y el tipo de cambio tenderán a subir, licuando el gasto público en términos de sus ingresos. Cabe aclarar que este "ajuste" no es necesario porque el Gobierno perdió, sino que es culpa de su irresponsabilidad fiscal.

Sin embargo, en el marco de una transición ordenada, podríamos lograr que sus costos sean moderados, porque la menor fuga de capitales sustentaría la demanda interna privada. Además, un contexto de búsqueda de consensos nos permitiría sumarnos a cualquier posible recuperación económica mundial, esperable, a más tardar, para inicios de 2010. Igual, si no hacemos algo para resolver la debilidad de nuestro marco institucional, la incertidumbre política volverá a arreciar hacia 2011, con su consecuente costo económico.

Algunos dirán que este gobierno nunca tuvo vocación ni experiencia en dialogar. Puede ser, pero tampoco tuvo necesidad; ya que, hasta el 28 de junio, los argentinos le dimos, con nuestro voto, la posibilidad de obviar la búsqueda de consensos. La realidad hoy es distinta y, ésa es la única verdad. No sirve de nada echarle la culpa de cualquier futuro desgobierno a una "conspiración" opositora; sobre todo, cuando la principal contraparte del kirchnerismo en la búsqueda de poder es el propio peronismo.

Por último, además de reclamarles al Gobierno y a la oposición que busquen consensos para lograr una transición ordenada, cada uno de los argentinos debería demandarse a sí mismo el asumir sus responsabilidades ciudadanas para consolidar las instituciones que nos permitan evitar la repetición de esta historia de decadencia. Nuestro futuro y el de nuestros hijos es demasiado importante para dejarle a otro la responsabilidad de construirlo.
Columnista invitadoLa crisis política no es el problema

Aldo Abram

lanacion.com | Economía | Domingo 12 de julio de 2009

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