sábado, 20 de diciembre de 2008

"Ocho niños menores de cinco años mueren por día en el país, por desnutrición".

La Argentina sigue perdiendo terreno en su lucha contra el hambre. La semana pasada, una denuncia conmovió a la sociedad: "Ocho niños menores de cinco años mueren por día en el país, por desnutrición". El dato fue aportado por Juan Carr, líder de la Red Solidaria e integrante del Centro de Lucha contra el Hambre, que depende de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Aunque Carr advirtió que el número de muertes por desnutrición, comparado con cinco años atrás, ha bajado de 12 a 8 niños que mueren diariamente víctimas del hambre en el país, el peligro que se corre ahora es que la cifra se amesete y no siga bajando, o lo que sería peor: que vuelva a aumentar como consecuencia de la crisis global desatada este año.

No fue la única voz con autoridad que se alzó para expresarse sobre este tema. También el doctor Abel Albino, cuya labor al frente de la Cooperadora de Nutrición Infantil (Conin) ha sido reconocida dentro y fuera de la Argentina, dijo que "la desnutrición es el telón de fondo y eso no se indica en las estadísticas". Por eso, las cifras oficiales son "un subregistro de la desnutrición", que no se diagnostica al momento de fallecer un niño, porque éste puede morirse de un paro cardiorrespiratorio o de un broncoespasmo.

La desnutrición es una consecuencia directa de la pobreza y la indigencia. No es por eso extraño que la desnutrición infantil se presente con mayor frecuencia en las provincias del Norte, donde también se cobra víctimas entre la población adulta, como en Chaco, Formosa y Santiago del Estero. Hace casi quince días, se dio a conocer un trabajo efectuado por el Instituto de Estudios y Formación de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), organismo dirigido por el economista y diputado Claudio Lozano, en el que se informa que el 37,5% de los menores que habitan en las ciudades del país se hallan en el nivel de pobreza. Esto significa que más de seis millones de chicos y adolescentes, que constituyen parte insustituible del presente y el futuro de nuestra sociedad, viven en condiciones tales que los ingresos familiares no alcanzan a cubrir el valor de una canasta de servicios y necesidades básicas. Otros tres millones (18%) se encuentran en estado de indigencia, lo cual significa que los ingresos del grupo familiar no permiten cubrir el costo de una canasta de alimentos básicos. Se estima que la mitad de estos menores habitan en el Gran Buenos Aires.

El estudio es fruto de una elaboración que ha evitado servirse de las cifras que suministra el Indec, debido a su baja confiabilidad, de modo que ha ido construyendo sus estadísticas sobre la base de los ingresos familiares y la evolución de los precios al consumidor.

También el Mapa del Hambre, que se confecciona en el mencionado Centro de Lucha contra el Hambre y que relevó hasta ahora 1422 lugares afectados por la desnutrición, con unas 330.000 familias sin acceso a una alimentación básica, revela que hay zonas donde los aportes públicos y privados que se hacen desde distintas entidades en todo el país no llegan o llegan de manera insuficiente a los hambrientos porque, literalmente, muchas veces no se sabe bien dónde ubicarlos.

Hay una realidad insoslayable y es la ausencia del Estado para asumir de manera plena sus responsabilidades. Un día después de la denuncia de Carr, fue el ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Carlos Fayt quien pidió también que el Estado se ocupara de la asistencia social a menores de edad desnutridos. Esto lleva a recordar que existe ya un programa, El Hambre Más Urgente, a cargo del Ministerio de Desarrollo Social, que vuelca millones de pesos para revertir la situación y que, si bien las estadísticas muestran que se lograron avances, aún debe realizar mucha tarea. Las últimas cifras oficiales, proporcionadas por la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud, realizada por el Ministerio de Salud entre octubre de 2004 y enero de 2006, indican que en la Argentina el 15 por ciento de los niños padecía entonces desnutrición crónica; el 5 %, desnutrición aguda, y el 2 %, desnutrición grave.

Es desalentador contrastar esta realidad tan dolorosa con el hecho de que los últimos años han sido de gran crecimiento económico en nuestro país, situación de la que incluso la dirigencia nacional se ha vanagloriado. Sin embargo, la objetividad de los hechos descriptos muestra una vez más la insuficiencia de resultados.
Editorial IEl hambre, una vez más

La desnutrición infantil es consecuencia de la pobreza y la falta de educación; el clientelismo es un certificado de condena .

lanacion.com | Opinión | S?do 20 de diciembre de 2008

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