domingo, 30 de noviembre de 2008

En el siglo XVIII, para estar à la page había que empolvarse la cara. Lo pálido era hermoso, ahora todo lo contrario.

Con prudencia y moderación, la vida al aire libre y la exposición a los rayos solares es muy saludable. "Se liberan sustancias como las endorfinas y las melanocortinas, capaces de influir en el ritmo bioenergético del organismo -dice García Díaz-. Esto explicaría la sensación de calor envolvente, la relajación, el efecto energizante y antidepresivo que se resume en la frase «Tomar sol me carga las pilas»."

El sol también tiene un efecto beneficioso en varias enfermedades de la piel, como la psoriasis, la seborrea, casi todos los acnés, el liquen y la dermatitis atópica. Pero si en lugar de exponernos con moderación en las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde, lo hacemos cuando el Sol está alto y durante períodos prolongados, la piel se queja.

"La piel colorada indica que hay un estado inflamatorio por una agresión: los vasos se dilatan para que lleguen a la zona los glóbulos blancos -explica la doctora Lilian Fossatti, docente de la Universidad de Buenos Aires-. Pero no sólo hay daño en las capas superficiales de la piel, sino que también están afectadas las fibras de colágeno y las de elastina. Se ponen tortuosas y aparecen la elastosis solar y las arrugas, no las gestuales, sino unas que van haciendo como un cuadrillé. Ese daño es acumulativo."

El tono dorado es, en realidad, una respuesta defensiva. En las capas profundas de la piel, cada cierto número de células basales hay un melanocito que reacciona frente a la radiación aumentando la liberación de un pigmento que absorbe la luz y las tapa.

"Es como si los melanocitos les pusieran un sombrerito a las células -dice Fossatti-. ¿Y por qué las cubren? Porque allí está el ADN con toda la información genética. La radiación lo «desarma». Aunque nosotros tenemos seis mecanismos para recomponerlo, cuando uno toma demasiado sol, la recomposición puede hacerse en forma incompleta y pueden surgir manchas blancas o muy pigmentadas. Y si la agresión es mayor o uno tiene una piel más vulnerable, pueden generarse tumores de piel."

Por eso, los médicos insisten en que la prevención no sólo rige para el esparcimiento, sino también para quienes trabajan en exteriores, y debe comenzar muy temprano. Recomiendan que los chicos no deben exponerse al sol antes de los seis meses, y siempre deben estar protegidos por una pantalla solar fuerte. Además, deben usar sombrero con ala de 360 grados.

Con respecto a los protectores solares, Stengel apunta: "En Buenos Aires y más al Norte, la comunidad de piel blanca debería utilizar un factor de 30 o más, porque cuando uno se aplica la crema no lo hace en las mismas condiciones en las que se probó en el laboratorio".

Los horarios recomendados no dependen del reloj, sino de la sombra: "Sombra corta, riesgo alto -sentencia el especialista-. Si mi sombra es más corta que mi altura, tengo el sol arriba de la cabeza. Ese es el que no debo tomar. En esto hay que olvidarse de la hora, porque en Ecuador hay 9 horas de sombra corta, pero en Ushuaia no hay más de una hora y media." Y advierte que los cuidados deben hacerse extensivos a los ojos (utilizar anteojos con protección certificada contra rayos UV y no solamente vidrios oscuros, que dan una falsa protección de seguridad), porque el sol también está asociado con un aumento en la incidencia de cataratas a edades más tempranas.

Fossatti, por su parte, subraya que tampoco hay que pasar por alto las camas solares. "Al Sol no hay que demonizarlo: hay que saber usarlo -dice Fossatti-. Con esto ocurre como con el dulce de leche. Es riquísimo, pero si te comés tres kilos, te vas a empachar. Sin embargo, las camas solares son un atentado contra la salud de la población. En los Estados Unidos están tratando de regularlas de alguna forma o de utilizar una fórmula de advertencia similar a la que se exige en las marquillas de cigarrillos. Muchas veces no se utilizan con la debida protección para los ojos, o no se les pregunta a los clientes si están tomando antibióticos, que los hacen más sensibles a la luz. Es un negocio gigantesco."

Stengel concluye con una reflexión que es la suma del sentido común: "Por idiosincrasia, hay, sin duda, una resistencia natural a adoptar medidas de higiene para la salud. Hay resistencia a dejar de fumar, a hacer ejercicio, a observar dietas bajas en grasa, a dejar de broncearse. Después, todo lo resolvemos yendo al médico. ¿No es mejor hacer un poco de ejercicio o cuidarse antes?"
Cáncer de piel / Aumentan los casos en todo el mundoClaves para disfrutar del sol sin riesgos

Más allá de la hora, no es aconsejado exponerse cuando la sombra es inferior a la altura; las camas solares también son peligrosas

lanacion.com | Ciencia/Salud | Domingo 30 de noviembre de 2008