domingo, 19 de octubre de 2008

"En momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento"

No hacer olas es ahora la voz de orden del gobierno de Cristina Kirchner frente a la crisis global. Sin embargo, esta consigna tiene sus matices desde el punto de vista político. Mientras los mercados mundiales siguen en la montaña rusa, el kirchnerismo se ha dedicado a elaborar un discurso para la tribuna mediática y un conjunto de acciones preventivas que por ello, quienes toman decisiones económicas deben encargarse de decodificar ante el inalterable silencio del Palacio de Hacienda.

Para el público masivo, la estrategia oficial abrevó en la más típica tradición kirchnerista: todos los problemas, actuales y por venir, son culpa de la inédita crisis mundial, y los paliativos ?para defender el empleo y la producción nacional?, mérito del Gobierno. Con este planteo, sin medias tintas, pasa a segundo plano que el espontáneo enfriamiento de la actividad económica comenzó en abril, o que la inflación de dos dígitos anuales deprimía el consumo interno, mientras se acentuaba la salida de capitales y la cotización de los bonos argentinos se derrumbaba mucho antes de que colapsaran los mercados internacionales. La única concesión que debió hacer Cristina Kirchner fue reconocer la inevitable propagación de la malaria económica, semanas después de haberla descartado de plano. Obvio: para usar la crisis como chivo expiatorio, antes hay que admitir que nadie está inmune a sus efectos. A pesar de este giro, nada indica que una reunión con un puñado de dirigentes empresarios sea una garantía para evitar despidos o suspensiones de personal, si las ventas caen demasiado. Ni que encarecer la importación de un centenar de productos sensibles asegure una mejora de la producción industrial a más largo plazo. De hecho, buena parte de los rubros protegidos ahora de la competencia externa (por nuevos valores aduaneros de magnitud aún desconocida) eran importados hasta hacía pocos meses por las mismas empresas que, en lugar de invertir para aumentar la oferta local, atendían la mayor demanda interna con más compras externas. Aunque la supuesta invasión de productos asiáticos y brasileños que denuncian algunos lobbies industriales no esté tan a la vista, este tipo de respuesta oficial es bien recibida por buena parte de la opinión pública proclive a creer que si la economía no crece a tasas chinas, la alternativa sería un colapso recesivo como el de 2001/2002, sin escalas intermedias.

Sería un reduccionismo, sin embargo, suponer que la cosmética constituye la única reacción oficial ante el cambio de escenario externo.

Los funcionarios más enfáticos aseguran que el Gobierno ha puesto en marcha un plan para enfrentar la crisis; sólo que no lo enuncia para evitar, precisamente, transmitir una sensación de crisis. Con el mismo criterio desactivó, casi sin estrenar, el comité de crisis que había creado la jefatura de Gabinete, cuya denominación inicial (comité de seguimiento), tampoco reflejaba la conveniencia de anticiparse a los acontecimientos.

A cuidar los superávits
Al margen de las formas, en los despachos oficiales se afirma que, para curarse en salud, la Casa Rosada decidió evitar un debilitamiento de los superávits gemelos (fiscal y externo), aunque por vías más posibles que deseables. Quienes siguen de cerca las cuentas resaltan que el gasto público viene expandiéndose en los últimos tres meses al 30% anual, cuando en el primer semestre, lo había hecho al 45% y el año pasado, al 70%. En voz baja, sin embargo, admiten que buena parte de esa desaceleración se debe a atrasos en los pagos a proveedores y contratistas, y al impacto que el precio decreciente del petróleo tiene en los subsidios a la energía. Con esta tendencia, hasta la controvertida media sanción del presupuesto 2009 debería considerarse una buena noticia desde el punto de vista macroeconómico. A menos que haya un boom en la recaudación (que pocos prevén con un PBI que crecería entre el 3,5 y el 4%), el gasto aumentaría el 15% con respecto a 2008. Claro que el proyecto no incluye aumentos para agentes estatales, una hipótesis difícil de asumir en un año electoral, y la crisis obligará a reasignar partidas y reajustar tarifas públicas.

En cuanto al superávit comercial, sólo la reducción de las importaciones (por menor demanda interna y mayores restricciones) contrarresta la perspectiva de caída en los precios de las exportaciones, especialmente de la soja para la cual se estima un piso de 300 dólares la tonelada. Un problema adicional en este marco es que el 58% de las exportaciones argentinas de manufacturas industriales se dirige principalmente hacia tres bloques (Brasil, NAFTA y Unión Europea) que muestran una fuerte desaceleración económica. Aun así, las estimaciones oficiales para 2009 apuntan a un superávit comercial de 8000 millones de dólares, unos 2000 millones más que la mayoría de las proyecciones privadas, pero bien por debajo de los 12.000 millones de este año. O sea, habrá un menor excedente de divisas en el mercado y pocas chances de que el Tesoro ayude al Banco Central a mejorar el tipo de cambio real.

Con esta perspectiva más estrecha para los superávits gemelos, el Gobierno volvió a hablar de comercio administrado y de flotación administrada del tipo de cambio. En otras palabras, de sintonía fina hasta que el panorama aclare, lo cual significa descartar saltos bruscos en la cotización del dólar. Por eso duró un suspiro el trascendido oficial de un dólar deseable de 3,30/3,40 pesos que partió inesperadamente desde las inmediaciones de la Casa Rosada. ?Anunciar devaluaciones a través de los diarios es un peligro en un momento de mayor demanda de divisas?, se oyó decir en otros despachos oficiales. Si el dólar trepara a 3,50, como piden algunos empresarios, se crearía una expectativa de devaluación que impactará en la inflación, y si se quisiera bajarlo después a 3,45 habría que sacrificar 5000 millones de dólares en reservas?, dramatizaron. Después de estas señales confusas, lo concreto es que ningún funcionario volvió a abrir la boca y el BCRA bajó el dólar a 3,23 pesos, mientras vigila qué ocurre con el real brasileño. También quedó congelada, por el momento, la decisión de cancelar con reservas la deuda con el Club de París, así como el blanqueo y la eliminación del encaje para el ingreso de capitales externos.
Al margen de la semanaEl plan que hay que decodificar

Por Néstor O. Scibona

lanacion.com | Economía | Domingo 19 de octubre de 2008

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