miércoles, 4 de junio de 2008

Los alimentos en el mundo

Por Alberto de las Carreras
Para LA NACION
Las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el mundo en general han manifestado su preocupación por el aumento de los precios de los alimentos y su efecto sobre el recrudecimiento de las hambrunas. El secretario de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, constituyó un grupo para tratar la emergencia y pidió una contribución de 2500 millones de dólares para enfrentar la situación. El Banco Mundial, presidido por nuestro conocido Robert Zoellick, instó a varios países, entre ellos a la Argentina, a evitar las restricciones a sus exportaciones a los efectos de no agravar la situación.

Los precios de los principales alimentos, maíz, trigo, soja y oleaginosas, arroz, carnes en general y lácteos, han trepado en los dos últimos años por una conjunción de motivos, cambiando el rumbo anterior, que llevó a dar por sentada la existencia de una tendencia sistemática a un deterioro de los términos del intercambio internacional; es decir la relación de precios entre las materias primas y los bienes industriales, que ahora ha demostrado no tener consistencia.

Por cierto, una excelente noticia para nuestro país, en la medida que lo sepa aprovechar. Veamos por qué crecen así estos precios:

a) El aumento de la población mundial en las naciones en desarrollo y su mayor poder de compra, basado en el crecimiento de sus ingresos. Se consume, entonces, más cantidad y mayor calidad, en especial más proporción de proteínas.

b) La decisión de un grupo importante de naciones de impulsar el uso de oleaginosas, caña de azúcar y maíz para destinarlos a producir biocombustibles, con el propósito de sumar fuentes de energía, reduciendo el efecto de los precios del petróleo y la dependencia de oferentes mundiales que consideran poco confiables.

Para comprender la importancia de este elemento de la ecuación, viene al caso señalar que la Unión Europea ha dispuesto que, para 2010, su matriz de combustibles deberá estar integrada en un 5,5% por biocombustibles, mientras que EE.UU. provee un subsidio al etanol producido con maíz de 51 centavos de dólar por galón, restando 70 millones de toneladas a la producción del grano. Brasil, por su parte, líder de la producción de etanol, sigue viento en popa con su programa destinado a abastecer su flota de vehículos con una alta proporción de etanol, que fluctúa en torno del 25% de su consumo de combustibles. Otras naciones, incluida la Argentina, tienen programas del mismo tipo. Todo esto captura tierras para destinos distintos de la alimentación.

c) La tensa relación entre la oferta de las mencionadas materias primas y su demanda han sido determinantes de una persistente reducción de sus stocks, a lo cual se suma la aparición de fondos de inversión en las plazas financieras mundiales destinados a aprovechar la firmeza de estos mercados. Solo el trigo, poco utilizado en la producción de combustibles, escapa a esa tendencia y se repone ahora de las bajísimas cosechas anteriores en Australia, EE.UU., Canadá y Europa.

No obstante ello, Norman Borlaug, Premio Nobel de la Paz, padre de la genética que impulsó el rendimiento de los trigales en el mundo, nos alerta ahora acerca de la potencial "agonía de los trigales" si no se atienden a tiempo, con el auxilio de técnicas destinadas a controlar la roya del cuello del cultivo bíblico.

d) Pero hay mucho más. Ocurre que, en medio de tal escenario, un grupo de países, entre los cuales se cuenta el nuestro, decidió reducir sus exportaciones de algunas de las producciones mencionadas, privilegiando su consumo doméstico, reduciendo así la oferta mundial e insuflando más presión sobre los precios.

La Argentina ha sido líder de este comportamiento, tanto por haber sido su iniciador, en 2002, recreando las retenciones, como por haberlas extendido a casi todos los productos mencionados y ejercerlo con extremado fervor. Prueba de ello ha sido la restricción de sus exportaciones de carnes vacunas, trigo, maíz, soja, girasol y leche, mediante arbitrios varios.

Si para muestra basta un botón, cabe mencionar la andanada de medidas anotadas aquí para operar sobre la carne vacuna. Comenzó en 2006, con la prohibición por tres meses de las exportaciones, para continuar con su cuotificación, con la introducción de licencias de exportación, con el nuevo y reciente bloqueo de exportaciones y con el añadido de impuestos a sus exportaciones del 15%. Todo ello, sazonado con el control de precios. De ahí que para citar casos que nos conciernen, nuestros productores, en vez de producir más, que es lo que el mundo y nosotros necesitamos, sembrarán menos trigo y producirán menos carne y leche.

e) Por otra parte, la Unión Europea tomó dos decisiones de sentido contrario. Como medida temporal de emergencia eliminó los aranceles de importación de cereales, aumentando su demanda de corto plazo, en tanto que eliminó el retiro de tierras para la siembra, con lo cual aumentará la producción en el mediano plazo.

No deseo pronosticar la evolución futura de este movimiento ascendente de los precios de los alimentos, que se prolongaría bastante, según los estudios existentes. Sólo deseo expresar tres ideas. Por un lado, la conveniencia de abrir las compuertas de la producción argentina, para permitir que nuestros innovadores empresarios rurales, sus industrias complementarias y la sociedad toda aprovechen la extraordinaria oportunidad que brindan los mercados mundiales de alimentos, como lo hacen nuestros vecinos uruguayos, brasileños, chilenos, australianos y neozelandeses, entre otros.

El precio interno de los alimentos, un tema también central, debería ser solventado mediante sistemas de distribución gratuita de vales alimentarios, como practican otras naciones, inclusive las más ricas.

Y, por último, manifestar la importancia de cerrar tan pronto como sea posible, la Ronda de Doha, destinada a liberalizar el comercio mundial, que si bien no podrá asistir a aumentar la producción y el poder de compra de los consumidores del mundo en lo inmediato, contribuiría a hacerlo en el mediano y largo plazo.

El autor es miembro de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria.

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