lunes, 13 de agosto de 2007

Semillero de empresas


En la Argentina florecen los futbolistas que se venden a países europeos por sumas millonarias. También abundan el buen ganado y los campos de soja, y los científicos y artistas talentosos. Pero si lo que se busca son empresarios o capitales de riesgo que apuesten a ideas innovadoras, la escasez es notoria. De hecho, hace apenas algo más de una década que la idea de generar empresas tecnológicas empezó a echar raíces en el país. Fue a partir de ejemplos exitosos registrados en el mundo desarrollado, como el de cierta compañía biotecnológica cuyas acciones en cinco años multiplicaron hasta por 800 el valor de cada dólar invertido en su creación. Pero si en los Estados Unidos hace veinte años había ya 500 compañías de capitales de riesgo, en la Argentina actualmente ese rubro incluye alrededor de 16. El dato surge de una investigación sobre el fenómeno de las incubadoras de empresas en el país realizada a lo largo de ocho años por Utz Hoeser, del Institut d Etudes Politiques de París, Francia, y Mariana Versino, que está haciendo su doctorado en el Departamento de Política Científica y Tecnológica de la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp). El trabajo se publicó en un número reciente de la revista Redes , que edita el Instituto de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes. Según Hoeser y Versino, "El concepto de incubación de empresas nace en los Estados Unidos a fines de la década de 1950 y se difunde rápidamente en los países desarrollados" como instrumento para la creación de empleos, el desarrollo regional, y la transferencia de conocimientos científicos y tecnológicos al sector privado. Alemania, Suiza, Austria, Inglaterra e Israel ofrecen, cada uno con sus características, ejemplos de programas de promoción de la incubación de empresas realizados desde 1970 en adelante. En la Argentina, de acuerdo con este trabajo, surgieron en la última década más de cincuenta proyectos de incubadoras, y sólo en el último año se presentaron otros 15 nuevos al programa público de la Agencia de Promoción Científica y Tecnológica que ofrece subsidios de planificación. En ese tiempo pasaron por estos verdaderos semilleros de empresas 282 proyectos. "Según el último relevamiento -detallan Hoeser y Versino-, el 38% de las empresas actualmente en etapa de incubación se dedica a la tecnología de la información y las telecomunicaciones; el 35%, a la biotecnología; el 15%, a instrumentos científicos, de medición y de control, y el 12%, a la robótica y la automación. De acuerdo con la misma fuente, el 43% son spinoffs universitarios; el 7%, spinoffs de un centro tecnológico, y en el 50% de los casos, de otras empresas." Claro que estos impulsos no siempre son recompensados por un negocio próspero. En la Argentina, sólo 25 (menos del 9%) llegaron a la "graduación". Uno de los obstáculos que se mencionan para explicarlo es que en el país impera la falta generalizada de fondos, tanto para incubadoras como para incubados. "El financiamiento de empresas nacientes fue escaso durante la última década debido a los pocos inversores nacionales o extranjeros, públicos o privados, interesados en inversiones «de riesgo»", destacan los autores. En los semilleros de empresas no basta con tener ideas brillantes. Para que fructifiquen, se necesita -entre otras cosas- una buena "lluvia de capitales". Una nueva generación de empresarios tendrá que estar dispuesta a apostar a esto.

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