Un estudio realizado en España por el Instituto de la Empresa (IE), que mide la actividad empresarial en ese país, ha podido establecer que los inmigrantes argentinos son los que más se han destacado por su iniciativa en los últimos 30 años.
Nuestros compatriotas están hoy al frente de 21.000 empresas, lo que implica un mínimo de mil millones de euros de inversión. El hecho no sólo es llamativo, sino que permite apreciar una vez más el valor de disponer de recursos humanos de calidad, que pueden trabajar en un contexto social en el cual se respetan reglas claras y constantes en la actividad económica. El informe del IE sirve para orientar políticas de apoyo a los proyectos que generan producción y trabajo. Sus conclusiones, ahora difundidas, indican que la capacidad laboral y de ahorro de los argentinos les ha permitido distinguirse por sobre otras corrientes de inmigrantes radicados en España. Para apreciar mejor el logro alcanzado, debe tenerse en cuenta que se requieren 50.000 euros como inversión promedio para iniciar una pequeña empresa. Por otra parte, un 15% de los residentes argentinos es el que ha optado por poner en marcha su propio negocio. Ese conjunto de personas con espíritu emprendedor supera a los inmigrantes de otros países y a los mismos españoles. Es verdad, también, que no a todos los que llegaron a España les ha ido bien y que un tercio de los que se inician con una pequeña empresa sólo ganan un promedio de 1200 euros mensuales, lo cual supone una modesta supervivencia en su nueva tierra. No obstante, el balance es favorable y revela una tendencia positiva para la mayoría. Desde otra perspectiva, duele confirmar, una vez más, cómo se han modificado las condiciones de nuestro país, que antes fue meta dorada de los inmigrantes europeos y en años recientes ha empujado a migrar a los descendientes de aquéllos. Ese proceso se ha visto influido indudablemente por acontecimientos bien conocidos; el último, la crisis económica que deprimió al país hacia el fin del siglo pasado. En 2001, de acuerdo con datos del Indec, el 34,6 por ciento de los desocupados tenía estudios terciarios y, sin embargo, permanecía en la situación de desempleo durante más tiempo que otros con menor formación. Eso explica por qué muchos de nuestros jóvenes debieron partir en busca de trabajo y en sus nuevos destinos llegaron a sobresalir por el nivel educativo que poseían. Es evidente que, en un contexto globalizado, las ventajas comparativas que movilizan al que emigra se descubren en el extranjero. España viene ofreciendo el beneficio de una estabilidad en las reglas del juego económico que nosotros dejamos de mantener hace ya demasiado tiempo. La deserción demográfica que nos preocupa responde en buena medida a las mismas causas que hicieron emigrar al capital que dejó el país. La situación cambiará cuando se retome el camino institucional y legal que dio trabajo y riqueza a la Argentina
Fuente: La Nación
lunes, 13 de agosto de 2007
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