lunes, 13 de agosto de 2007

Desafío emprendedor

Hay un generalizado consenso sobre el beneficio que reporta al individuo y a la sociedad la actividad de los emprendedores, papel que se espera sea asumido principalmente por los jóvenes para que se sumen a los adultos que ya han impulsado con sus iniciativas las transformaciones de la economía y la vida productiva del país. El florecimiento de las sociedades desarrolladas hay que buscarlo en la actividad incesante de los emprendedores, que afrontan desafíos y asumen riesgos en forma permanente para impulsar todo tipo de proyectos, una característica que los argentinos deberíamos fomentar. Tanto para aquel que no halla empleo o sólo encuentra trabajos discontinuos como para el que está disconforme con la tarea que ejerce porque no le ofrece futuro o porque aspira a trabajar sin estar en situación de dependencia, el emprendimiento constituye una salida promisoria que puede darle la oportunidad de realizar posibilidades postergadas de desarrollo personal. Se ha explorado más de una vez el número potencial o real de quienes son o desean serlo en el país. Hace tres años la firma Global Entrepreneurship Monitor realizó una encuesta en 37 naciones, entre ellas la Argentina, cuyos resultados sobre nuestro fueron país fueron alentadores. Lo mismo ocurrió con otro trabajo, encargado recientemente por la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires. Ahora bien, es evidente que no basta con querer ser un emprendedor para conseguirlo. Muchas veces se ha debatido si bastan las condiciones personales o todo se debe al aprendizaje. En la actualidad, se ha puesto el acento en el valor de lo aprendido para afrontar con éxito ese papel, sin que deje de gravitar el nivel de aptitudes intelectuales y las propiedades de carácter, como lo son la disposición a la actividad y la tenacidad para llegar a las metas propuestas. Ese capital de condiciones personales debe enriquecerse con los recursos que proveen el aprendizaje y la experiencia para convertirse en las capacidades necesarias. Es lógico pensar en el aporte valioso que, en este sentido, puede dar la enseñanza de nivel secundario o superior, si pone el énfasis en el propósito de dotar de habilidades a los jóvenes no sólo para moverse en una empresa, sino también para generar un emprendimiento propio. Al respecto cabe decir que, cuando se revisan los contenidos curriculares del nivel polimodal (NP), por ejemplo, se advierte que no son ajenos a ese fin. Ya al describir ese nivel de la enseñanza se alude directamente a la "función de preparación para la vida productiva" y, dentro del tratamiento de esa cuestión, los bloques que componen el desarrollo de la tecnología, al considerar las organizaciones, los ambientes de trabajo y las formas de gestión, dan ocasión para dotar de habilidades al alumno como futuro emprendedor. Por último, importa que al madurar proyectos, que siempre constituyen un verdadero reto, el emprendedor en cierne tenga bien en claro que el éxito no es un logro fácil ni continuo, por lo cual en la mochila del que tiene iniciativas no debe estar ausente la capacidad de sobreponerse a los fracasos y de saber extraer enseñanzas de los tropiezos. A la Argentina le hace falta que haya una explosión de emprendedores para aprovechar las oportunidades que ofrece la recuperación económica. Para ello es imprescindible que se levanten las barreras para facilitar desde el Estado la tarea de quienes están dispuestos a asumir riesgos, y se brinde la seguridad de que, a la hora de recoger los frutos, no habrá cambios en las reglas de juego que desalienten el espíritu emprendedor.

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