Durante una reciente visita, el doctor en filosofía e investigador de la Universidad de Jyväskyla, Finlandia, Jouni Välijärvi se refirió al nivel educativo alcanzado por su país y las razones que permitieron lograr ese alto desarrollo, demostrado por las pruebas internacionales de evaluación en las que los alumnos de la nación del Báltico alcanzaron las mejores puntuaciones en lectura, ciencias y matemáticas. Es provechoso comparar esos conceptos con nuestra realidad porque permite sacar interesantes conclusiones, doblemente valiosas porque aquí se está debatiendo el proyecto de una nueva ley educativa.
En el progreso cualitativo y cuantitativo de la enseñanza finlandesa han tenido particular influencia la gravitación de la unidad y equidad del sistema educativo, la importancia asignada a la formación docente y el reconocimiento dado a su función, hoy estimada como de elevado prestigio social. También el sostén financiero acordado para el área educativa, que expresa la firme decisión de apoyar el desarrollo social.
La unidad del sistema es un principio que prevaleció entre nosotros mientras el Estado retuvo el gobierno educativo. Empezó a declinar durante el largo proceso de la transferencia de los servicios a las provincias. Luego, con la sanción de la ley federal se estableció la reestructura del sistema, que anuló la vigencia de dos instituciones tradicionales (las escuelas primaria y secundaria), sustituidas por la educación general básica y el nivel polimodal. A eso se añadió la desigual puesta en marcha de la reforma. Todo concurrió a fragmentar el sistema en 24 jurisdicciones. En consecuencia, el reto es recuperar la unidad sin afectar el federalismo.
El principio de la equidad es reconocido de manera generalizada y está presente en la ley federal. Pero nuestra obligación pendiente es convertir ese enunciado ideal en una realidad. Hay consenso en que la brecha de las desigualdades no cesa de ampliarse.
Debe advertirse que la deseada "igualdad de oportunidades educativas" no es sólo un problema del área específica, sino que en él inciden de manera muy directa las condiciones socioeconómicas del país y sus regiones, que se han agravado en períodos críticos, como ha ocurrido en estos años.
Entre los factores determinantes de la calidad educativa finlandesa, la docencia cumple un valioso papel. No podía ser de otra manera, pues en toda buena estrategia de desarrollo la formación de maestros y profesores de calidad ha sido un objetivo prioritario. Mucho hay que hacer entre nosotros en tal sentido, no porque falten vocaciones, sino porque se necesita dotar a la profesión docente del sólido reconocimiento de su función social, de la autoridad que merece y de mejores salarios.
La significativa cifra del presupuesto educativo de Finlandia -6% del PBI- marca una meta que entre nosotros se ha trazado para 2010 la ley de financiamiento educativo, a través de un progreso gradual. Hay que vigilar el cumplimiento de esa norma indispensable para solventar una mejor educación.
En suma, el nivel educativo finlandés y sus razones -ni fáciles ni de acceso inmediato, pero posibles- pueden tener un efecto movilizador que deberíamos aprovechar, máxime en las presentes circunstancias.
Fuente: La Nación
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario