lunes, 30 de abril de 2012
Vida verde sobre el asfalto
La falta de tiempo y las exigencias de la vida diaria dejaron de ser un motivo para descuidar nuestra alimentación. El crecimiento y la expansión de los mercados orgánicos nos ofrecen la posibilidad de mejorar nuestros hábitos alimentarios y adquirir un estilo de vida saludable y amigable con el medio ambiente.
Lo primero que nos dice un alimento que posee la certificación orgánica es que llega a nosotros con la menor intervención posible de la mano del hombre (y de las sustancias que el hombre utiliza en los cultivos) y nos asegura un proceso natural de cosecha.
Un alimento orgánico no sólo nos garantiza la ausencia de pesticidas, agroquímicos o modificaciones genéticas, sino que asegura que ese vegetal, esa fruta o ese grano contenga todos los nutrientes que debe tener, ya que fue cultivado en suelos ricos en minerales.
Orgánico es sinónimo de genuino y el cuerpo lo recibe como tal. Podemos encontrar desde frutas y verduras de estación (las cuales respetan un calendario biodinámico que protege la tierra y garantiza cultivos de alta calidad nutricional); semillas como lino, sésamo y chía, las cuales son anticancerígenas, bajan el colesterol, cuidan el corazón, suman calcio, fibras y muchos nutrientes.
También granos, que no sufren modificaciones genéticas (como el caso de la soja orgánica) y se siembran diferentes tipos (se evita el monocultivo), para dejar reposar la tierra entre cosecha y cosecha: la quinua, el arroz yamaní y los porotos aduki son fuente de proteínas de alto valor biológico, calcio, hierro y vitaminas, y la hierba dulce, que reemplaza a los edulcorantes artificiales, es muy recomendable para personas que padecen diabetes, ya que regula los niveles de azúcar en sangre.
Este modelo de consumo se basa en el paradigma de la sustentabilidad: nutrirnos hoy de una manera responsable para poder seguir nutriéndonos en el futuro.
En los mercados orgánicos, la oferta de productos es directamente del productor a la mano del consumidor, no hay intermediarios; por este motivo, los precios son marcadamente inferiores a los que vemos en dietéticas o tiendas de salud.
En ellos podemos encontrar consumidores de todas las edades, los jóvenes que apoyan y prueban un modo de alimentarse más ecológico, los adultos que conocen y aprovechan los beneficios de este modelo y las familias que encuentran allí un tiempo de recreación y posibilidad de conocer un nuevo estilo de vida más saludable.
Alimentos orgánicos, sustentabilidad y comercio justo: una alternativa posible que hoy está al alcance de todos
La ciudad cuenta con un "mapa verde" para localizar desde almacenes orgánicos, restaurantes vegetarianos y deliveries, hasta sitios donde aprender recetas saludables. "Se publicó por primera vez hace tres años y ya es considerado material referente para aquellos que ven la sustentabilidad como una actitud para poder hacer un cambio", dijo Pablo Moscato, fundador de Organicoopers, la consultora que creó el mapa ( www.organicoopers.net ). En cuanto al precio de los productos, en los almacenes y mercados consultados por LA NACION hay mermeladas a partir de $ 20, pollos a $ 25, queso cremoso a $ 44 el kilo, vinos de $ 28, yerba orgánica a $ 18 el kilo, y azúcar integral, a $ 20 el kilo. "El producto orgánico suele costar un poco más porque demanda un tratamiento más personalizado, pero se equilibra al no correr por los carriles formales del mercado", señaló Federico Arce, coordinador de El Galpón.
Los alimentos sanos, un boom porteño
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