Por Rosendo Fraga | Para LA NACION
Sondeos recientes muestran que 7 cada 10 argentinos miran la cotización del dólar por lo menos una vez a la semana.
No era así en el pasado, cuando Perón al comenzar los años cincuenta, en un discurso desde el balcón de la Casa Rosada, decía: "¿Quién ha visto un dólar?". Tampoco es así hoy en Brasil, donde la población no está dolarizada como en la Argentina, donde hay mercados como el inmobiliario, cuya publicidad se hace en precio dólar.
Si bien no hay estadísticas precisas, hay quienes estiman que los ahorros de argentinos en el exterior en divisas -la mayoría dólares- pueden estar entre 150.000 y 180.000 millones de dólares.
Durante las últimas seis décadas, la compra de dólares ha sido causa y consecuencia de dificultades económicas.
Esto hace que prácticamente se haya intentado todo para impedir la fuga hacia el dólar.
En términos teóricos, frente a un problema como el que enfrenta la Argentina, habría dos opciones. La adoptada por Brasil que es devaluar, que entraría en lo que puede denominarse la ortodoxia económica, o la de Venezuela, que es imponer el control de cambios y desdoblar el mercado, que vendría a ser la heterodoxa.
La Argentina tiene experiencias de ambos modelos y los dos tienen costo político. El primero en lo inmediato y el segundo en lo mediato.
El gobierno de Cristina Kirchner, ha eludido ambos caminos y optado por un tercero, que busca en la coerción fáctica más que en las reglas, contener o por lo menos postergar la decisión de compra y salida del país de dólares.
La historia muestra que este tipo de mecanismo no sólo resulta ineficaz, sino que suele incentivar la demanda de dólares, por una combinación de incertidumbre sobre las reglas y dificultad para obtenerlos.
El análisis político muestra que el triunfo de Cristina Kirchner ha sido con el mayor porcentaje y diferencia desde 1983. Al mismo tiempo, ninguno de los gobiernos electos, enfrentó tanta tensión económica en la semana siguiente a la elección. Al mismo tiempo, ello tiene lugar con una macroeconomía que muestra resultados favorables.
Las elecciones han dejado al Gobierno con la oposición más débil que se registre desde 1983. Al mismo tiempo, el sector empresario muestra una actitud muy favorable hacia el gobierno reelecto.
Políticamente, el riesgo puede ser transformar a dólar y su compra en el enemigo político que la elección ha dejado desarticulado.
La demanda de dólares es en la Argentina un fenómeno socio-económico que, de acuerdo con cómo se lo maneje, puede tener consecuencias políticas. La experiencia dice que politizarlo y darle carácter de batalla política no es el mejor camino para enfrentar el problema.
Sin ir muy lejos, Cristina Kirchner en su primer mandato enfrentó fuerte demanda de dólares cuando estatizó las AFJP y la manejó exitosamente, con una política diferente a la que está utilizando ahora.
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