PARIS.- La "miseria" de la política europea preocupa a Jacques Delors, considerado el padre del euro. Lo inquietan el espíritu "anticomunitario" de Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, los titubeos para tomar decisiones ante la crisis, pese a que están al alcance de la mano, y el creciente "cinismo" de la opinión pública ante el problema.
"La moneda única está amenazada", dice en su oficina parisiense de Notre Europe, el centro de estudios que él mismo fundó y dirige. "Y hay que estar muy atento. No hay que permitir que Grecia abandone el euro, porque se produciría un efecto dominó. La especulación no se detendría: afectaría también a Italia y a España. Y si la aventura del euro llega a su fin, teniendo en cuenta el efecto traumático que eso ejercería sobre las relaciones entre los Estados, Europa se reduciría a un simulacro de mercado único, si se me permite la comparación, tan lleno de agujeros como un queso gruyère".
A los 86 años, el ex presidente de la Comisión Europea está en óptimo estado. Elegante, impecable y agudo como cuando trataba de igual a igual con Helmut Kohl, François Mitterrand y Margaret Thatcher.
Sus razonamientos son cartesianos, como corresponde a alguien que fue uno de los mejores estudiantes de la Sorbona. Pero si bien se obstina en "pensar Europa", Delors no es un nostálgico. Sus lamentos por las oportunidades perdidas del proyecto europeo no se refieren tanto a la nostalgia de los buenos tiempos pasados, sino a la posibilidad de extraer del pasado las enseñanzas acertadas para afrontar mejor el futuro.
-Se ha manifestado a favor de la emisión de eurobonos. ¿Es así?
-En primer lugar, quiero decir que no se puede seguir pidiéndole imposibles a Grecia. Hay que ser más comprensivo; conociendo la historia de ese país, no se puede creer que el gobierno griego pueda cambiar todo radicalmente en un solo año. Hay que lanzar rápidamente el segundo paquete de ayuda a Grecia decidido en julio, y el aumento a 770.000 millones de euros de los recursos del Fondo Europeo de Estabilidad para tranquilizar a los inversores, intervenir en los mercados de valores secundarios, recapitalizar a algunos bancos y preparar el camino para los eurobonos.
-Volvamos, entonces, a su posición sobre los eurobonos...
-Yo propuse la creación de acciones del euro en 1993 para financiar los grandes proyectos de infraestructura. Pero para la deuda es necesario ser más prudentes. Yo propongo emplear el Mecanismo Europeo de Estabilidad que los gobiernos ya pactaron. Pero hay que anticipar el lanzamiento de 2013 a 2012 para emitir los eurobonos. El único problema sería el mayor costo para los alemanes, porque los eurobonos tendrían un rendimiento más alto que el bund alemán.
-¿Cuándo empezó la crisis actual? ¿Saldremos de ella?
-Sí, podemos superarla, pero con la colaboración de todos. Hemos tenido muchas desde 1950. Hoy, no estoy seguro de que salgamos fortalecidos. Si en la unión monetaria hubiéramos introducido también la coordinación económica, habría habido mayor rigor para aceptar a Grecia; habríamos visto anticipadamente una serie de tendencias, como el aumento del endeudamiento en España o la situación bancaria en Irlanda. Lo que hubo fue, en cambio, una suerte de benévolo descuido.
-Pero ahora hasta la canciller Merkel y el presidente Sarkozy hablan de gobierno económico de la eurozona.
-Se burlan de la gente. Han marginado a la Comisión, humillado a la presidencia polaca, obstaculizado a Jean-Claude Juncker. El gobierno económico del que hablan es una reunión trimestral de jefes de gobierno, una instancia intergubernamental que no serviría para nada.
-Según el ex canciller Gerhard Schröder, si hoy se celebrara en Alemania un referéndum sobre Europa, los europeístas serían derrotados.
-Siempre doy el ejemplo de que en el momento de adoptar el euro, el 65% de los alemanes estaban en contra de abandonar el marco, porque esa moneda era parte de la identidad alemana de posguerra. Pero Helmut Kohl y Theo Waigel convencieron a Alemania. En general, reconozco que era más fácil para mi generación defender la necesidad de una Europa unida. Hoy es más complejo. Y no sólo porque de 10 o 15 pasamos a ser 27, tal vez sin haber formulado bien las condiciones. También hubo un cambio de valores, con la explosión del individualismo contemporáneo.
Traducción de Mirta Rosenberg
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