jueves, 9 de julio de 2009

Ningún problema se resolverá con la soberbia con la que nuestros gobernantes han actuado desde que se conoció el claro resultado electoral.

Diez días después de anunciar en una conferencia de prensa que del resultado electoral no se desprendía la necesidad de cambios en su gabinete ministerial, la presidenta Cristina Kirchner dispuso modificaciones en su equipo que abarcaron la Jefatura de Gabinete y el Ministerio de Economía y que, lamentablemente, revelan una incorrecta lectura del veredicto de las urnas.

Los cambios efectuados en el elenco gubernamental reflejan la ratificación de un estilo de hacer política que fue mayoritariamente rechazado por la ciudadanía en los recientes comicios legislativos nacionales.

No sólo no hubo de parte del Gobierno el más mínimo atisbo de que se convocará a dialogar a los sectores disidentes del kirchnerismo, sino que se ha premiado con cargos de indudable relevancia a figuras reñidas con el estilo que la sociedad reclama y precisa.

La designación de Aníbal Fernández como jefe de Gabinete sólo parece una distinción a quien siempre se las ha ingeniado para justificar en público hasta la más injustificable de las medidas del Gobierno y a alguien que rápidamente olvidó su paso por el gobierno de Eduardo Duhalde para convertirse en uno de los más obsecuentes servidores del matrimonio Kirchner. Casi es innecesario recordar que uno de los aspectos más cuestionados del gobierno kirchnerista es el de la seguridad, paradójicamente el área que hasta ayer estaba a cargo de Aníbal Fernández.

El nombramiento de Amado Boudou al frente de la cartera económica tampoco resulta feliz y sólo puede explicarse por su docilidad ante las directivas de Néstor Kirchner, quien seguirá siendo el ministro de Economía en las sombras. Indigna el reconocimiento al ex director ejecutivo de la Administración Nacional de Seguridad Social (Anses) luego de la vergonzosa campaña montada para captar el voto de los jubilados mediante cartas solventadas con fondos del propio organismo previsional, al margen de la escasa transparencia que caracterizó en los últimos tiempos a la administración de los fondos jubilatorios tomados de los aportes a las AFJP confiscados.

Las dificultades fiscales, la inaudita fuga de capitales producida en el último año y medio, y el grave aislamiento internacional de la Argentina tornaban indispensable la llegada al Palacio de Hacienda de una figura con mucha más experiencia y reconocimiento.

No dejó de sorprender la designación del ex intendente de La Plata Julio Alak en el Ministerio de Justicia, habiendo tantos juristas de prestigio con experiencia en la gestión pública que podrían haber sido convocados para un cargo tan sensible y en momentos en que el Poder Ejecutivo debería dar con urgencia señales de que hay una Justicia independiente.

El desembarco del abogado Mariano Recalde, hijo del diputado y asesor de la CGT Héctor Recalde, en la presidencia de la hace poco estatizada Aerolíneas Argentinas parece a todas luces una concesión de los Kirchner al secretario general de la central obrera, Hugo Moyano, luego de que éste amenazara con retomar las protestas en demanda de aumentos salariales -su gremio, el camionero, reclama un 25 por ciento de incremento- y hasta se explayara elogiosamente en favor de Eduardo Duhalde.

Un párrafo aparte merece el nombramiento del joven Diego Bossio, hasta ayer integrante del directorio del Banco Hipotecario, al frente de la Anses, quien a partir de ahora será controlado por su esposa, actual funcionaria de la Sindicatura General de la Nación (Sigen) y ex asesora de Cristina Kirchner. Un fenómeno que no es nuevo en la dinastía K y que encuentra un antecedente en el ministro Julio de Vido, cuya mujer también era síndica en aquel organismo de control.

Debe lamentarse que la señal de cambio que se logró transmitir con el arribo de Juan Luis Manzur al Ministerio de Salud no haya sido potenciada con otras modificaciones en el gabinete que estuviesen a la altura de las expectativas de la sociedad. Es de lamentar también que personajes criticados hasta el cansancio como Guillermo Moreno, responsable de los desmanejos en el Indec, entre otras cosas, siga en su cargo.

Pronto no se hablará tanto de los nombres como de las definiciones políticas de un gobierno debilitado, no tanto por la derrota electoral como por su vocación por ignorar el mensaje de la sociedad. Habrá que saber si hay un plan para enfrentar la inseguridad y el crecimiento del narcotráfico, cómo se espera resolver los problemas fiscales, si existe voluntad para reinsertar a la Argentina en el mundo o una mera voluntad de convertirnos en lacayos de Hugo Chávez, si se buscará un acuerdo con el Club de París y con los tenedores de bonos en default, y si existirá alguna probabilidad de volver a tener un organismo de estadísticas oficiales confiable.
Editorial ISiguen sin entender

Los cambios en el gabinete demuestran que los Kirchner se resisten a hacer una correcta lectura del mensaje electoral

lanacion.com | Opinión | Jueves 9 de julio de 2009

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