Se trata, en primer término, de restablecer el equilibrio de los poderes que exige la vida republicana, desmesuradamente asumidos por el Poder Ejecutivo en desmedro del Congreso y del Poder Judicial. Se trata, también, de introducir cambios estructurales en materia de seguridad de vidas y bienes, en la educación, en la seguridad jurídica, en las cada vez más deterioradas cuentas públicas, en la veracidad de los datos oficiales y en la honestidad como requisito para el desempeño de la función pública.
En la economía, se trata de devolverle la estabilidad, atacando y no negando el fantasma inflacionario, suscitando el interés por el ahorro y la inversión, e integrando el país al mundo, para abandonar, por fin, el creciente aislacionismo de los últimos años.
En este orden, el fundamento gubernamental en procura de desacoplar el consumo interno de la exportación para garantizar la disponibilidad de alimentos a precios moderados para la mesa de los argentinos está creando las condiciones de una olla de presión. En este complejo contexto, el agro y la sociedad en general han mostrado su rechazo por los agravios hacia este sector, emanados desde la tribuna oficial, en tanto que la constante y creciente intervención oficial ha minado sus energías productivas a punto tal de amenazar con la perspectiva de importar trigo y carnes vacunas, dos tradicionales íconos de la producción nacional. El trigo está proporcionando una lección de economía, con una cosecha última de magros 8 millones de toneladas y el pronóstico para la próxima, que requiere retroceder un siglo atrás para encontrar similitudes. Cierto es que la sequía fue un factor gravitante, pero no menos cierto es que durante un siglo hubo sequías iguales y peores a la de registro reciente. En el mismo sentido, no se puede desconocer la incidencia de las altísimas retenciones a las exportaciones del 23 por ciento, que alternan con largos períodos de veda exportadora.
Parecida suerte le toca al maíz, con lo que ambos, con su declinación, abandonan su condición de cultivos asociados a la soja por su condición de reparadores de la erosión de los suelos.
A la producción vacuna no le va mejor. Viene soportando precios virtualmente máximos desde 2006, una veda exportadora, cuotas y licencias de exportación, retenciones del 15 por ciento, reservas de la producción para el consumo local y pesos mínimos de faena del ganado, todo ello supuestamente compensado con un subsidio al ganado alimentado en corrales de futuro incierto. Los registros de operaciones de exportación (ROE) verde, rojo y blanco, que contienen gran parte de las restricciones, deberían ser lisa y llanamente desmantelados. Por si fuera poco y como muestra de la continuidad del descalificado rumbo mencionado, se decidió asignar a la Oncca la modificación de la distribución de la cuota Hilton.
Si se quiere revitalizar el agro y, por su intermedio, la economía, es indispensable desmontar esta burocrática y costosa arquitectura estatal, así como también eliminar los impuestos a las exportaciones comenzando por su reducción. Nuestros vecinos Brasil, Uruguay, Chile y Paraguay producen destacables incrementos productivos sin recurrir a las trabas aquí vigentes. Por el contrario, aquellos que tenían esas viciosas prácticas, comenzaron a crecer tan pronto como despejaron esos tortuosos derroteros.
Editorial IIEl agro después de las elecciones
Para que recupere su protagonismo, es necesario que se desmonte el intrincado mecanismo de intervención estatal
lanacion.com | Opinión | S?do 18 de julio de 2009

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